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lunes, 9 de junio de 2025

OBITER DICTUM

 





«En la vida, lo importante es la libertad individual. El dinero excesivo, como la pobreza excesiva, le ponen al hombre un yugo insoportable. Hay que tener el dinero justo para lograr, viviendo una vida modesta, ser libre. La mediocridad del clásico —⁠dirán ustedes⁠—. Sí. Pero no la mediocridad brillante, que es la más anhelada en esta época, sino la mediocridad apagada, grisácea, imperceptible. Con todo eso quiero decir que hay que prescindir de la propia vanidad y desconfiar de la ajena.»


Josep Pla.


miércoles, 31 de julio de 2024

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LAS KELIDON, LOS REVOLUCIONARIOS Y LA BOCA

Cuando yo me dedicaba, con la boca semiabierta, a contemplar el vuelo  de las golondrinas, es decir, cuando era joven, creía  que el mundo progresaba, pero que no avanzaba. Y resultó que había unas  personas en los cafés que se dedicaban  a la profesión de tratar de hacer avanzar al mundo, y éstos  eran los revolucionarios. Pero luego observé que estos  revolucionarios pretendían hacer avanzar el mundo a base de  destruir lo que a ellos personalmente no les gustaba  y de conservar lo que a ellos les placía,  y que otras personas, por el contrario, pretendían  conservar lo que los revolucionarios querían destruir, y destruir lo  que los revolucionarios querían conservar. Me dijeron luego que este tira y  afloja hacía muchísimos  siglos que duraba —treinta o cuarenta—, en vista de lo cual creí pertinente continuar contemplando el vuelo  de las golondrinas. Las golondrinas, que los griegos llamaban «kelidon», fueron  cantadas —como las cigarras— por Anacreonte y los viejos poetas. Luego, en la mitad del camino de la vida me pareció que el mundo avanzaba, pero que no progresaba en ningún sentido. Es aquella triste edad en que se descubre que todas las ingeniosidades mecánicas del hombre no afectan para nada a su naturaleza íntima y que las pasiones y los instintos del hombre —y sus sombras, las ideas— no cambian jamás, porque son constantes, fijas. Asimismo se descubre que lo que nos da una sensación de avance es la labor incesante de destrucción que de una manera ciega e implacable realiza la Naturaleza. Es la muerte de lo que nos circunda lo que nos da la ilusión de la vida. Dicen.

Josep Pla.
La huida del tiempo.
Ediciones Destino.

sábado, 27 de mayo de 2023

OBITER DICTUM


 



«Cuando se llega a una determinada edad sin haber logrado tener intereses directos en la comedia humana, contribuye a aligerar el peso de la vida, badulaquear por el mundo —⁠por un pequeño rincón del mundo⁠— y distraerse con las cosas más nimias. Está ya uno curado de la petulancia de creer que sabe algo de las cosas y busca en los demás lo que a uno le falta y necesita. Uno se convence sin embargo de que los demás se encuentran, más o menos, en la misma situación, lo cual es muy satisfactorio, porque todo lo que sea establecer la inanidad humana contribuye a la propia conformación y al ejercicio de la paciencia.»


Josep Pla.


sábado, 28 de mayo de 2022

OBITER DICTUM

 




«A veces se me ocurre visitar a algún viejo amigo, pero esas visitas sin aviso previo no suelen ser del agrado de las esposas ni de las familias de mis amigos. Hay excepciones, naturalmente, pero a las mujeres sólidamente establecidas no les suelen gustar las apariciones sin justificar, sin que haya un negocio que tratar o una desgracia de familia. Dar de comer sin ton ni son a un tipo que viaja a pie, prácticamente desconocido, es, por otra parte, absurdo.»


Josep Pla.


lunes, 15 de marzo de 2021

IN PRINCIPIO CREAVIT

 




8 DE MARZO

«Como hay tanta gripe, han tenido que clausurar la universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos. A mi hermano, que es un gran aficionado a jugar al fútbol  –a pesar de haberse roto ya un brazo y una pierna--, lo veo solamente a las horas de comer.»


Qual é o título do livro?


viernes, 27 de marzo de 2020

OBITER DITUM




Hombre, Herráiz, dense ustedes una vueltecita por el Ampurdán con su tabor. Aunque no quede una gallina, Herráiz, aunque nos dejen sin una sola gallina...


Josep Pla.


jueves, 5 de diciembre de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL SANT GERVASI DE PLA


«Lo encontraba muy curioso. Es un pueblo de villitas y casitas con una puertecita y unas ventanitas y unos jardincitos con unos arbolitos y caminitos con surtidorcitos con pececitos y dibujitos de piedrecitas y tejaditos con unas terracitas. En estos jardincitos suele haber gallineritos con pollitos y, a veces, con un conejito que saca el morrito. Hay conventos de monjitas, clínicas con enfermitos, fabriquitas con obreritos y tranviítas de vía estrechita. El uso del diminutivo me sale espontáneamente, no porque las monjas, los surtidores y los enfermos de Sant Gervasi sean de un tamaño más reducido que los de los otros sitios, sino porque la vista, acostumbrada a las aparatosidades de Barcelona, me hace ver Sant Gervasi como un pueblo en miniatura. La proximidad del contraste aumenta más la ilusión. Claro: los de Sant Gervasi tienen las mismas dimensiones que los otros hombres, comen en platos y usan zapatos de las mismas medidas que la mayoría de la gente. Pero esto no quiere decir que Sant Gervasi no parezca una miniatura.»

Josep Pla.
El cuaderno gris.
Ediciones Destino.

jueves, 28 de junio de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE








UNA GRACIA DE LA RAZÓN DE DIOS


        “Desde la plaza del Comercio se ve el paisaje que se extiende sobre la orilla meridional del río. No tiene mucha amenidad: es un paisaje llano, monótono, indefinido. Lisboa, en cambio, ha de verse desde esta orilla, desde el otro lado del río. Previo pago de un peaje ínfimo, una de esas pequeñas embarcaciones que van y vienen entre una orilla y la otra le transportan a uno a la parte opuesta del río. Desde allí se contempla, sobre el plano anchísimo del Tajo, que la marea infla o adelgaza, hace bajar o subir alternativamente, el maravilloso anfiteatro de la ciudad puesta sobre las ondulaciones, los vientres y las depresiones de sus célebre siete colinas. No hay muchas cosas en Europa que se puedan comparar a ese espectáculo de maravilla. Quien lo ha visto una vez no lo olvida nunca más. Es un espectáculo que no contiene nada monstruoso, ninguna forma que repela a la medida humana. En este sentido es una gracia de la razón de Dios.


Josep Pla. 
La vida amarga. 
Ediciones Destino.

martes, 26 de septiembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL TRAJE


"A veces pienso que, probablemente, contribuiría a darme una concepción más sólida y fría de la vida presentarme de una manera más cuidada y más decente. Tendría que hacerme un buen traje –un traje hecho por un buen sastre--. Todos los trajes que he llevado hasta ahora, han tomado un aire de trajes regalados, de ropa dada, a pesar de haber sido siempre pagados religiosamente por mi familia. Si alguna vez hubiese llevado un traje regalado, me hubiera caído exactamente igual que un traje pagado –cosa que es muy triste--. No tendría que llevar tantos agujeros en los pantalones de quemazos de tabaco. Tendría que llevar tirantes. No he llevado tirantes más que el día que hice la Primera Comunión. ¿Por qué? Todo el mundo que me conoce debe haber constatado que los pantalones siempre se me caen un poco. Es equivocado –horrible--. Debería tener un reloj. Me ahorraría la angustia de no saber la hora y el ridículo de llegar antes de la hora fijada. Tendría que tener un paraguas, una gabardina, media docena de camisas, tres o cuatro corbatas, tendría que afeitarme cada día. El señor Totusaus, barbero del Ateneo, me preguntó un día: “Usted, señor Pla, ¿dónde se arregla el pelo?”. ¡Qué vergüenza, Dios mío...! Suerte que el señor Totusaus habla en voz baja y nadie se enteró. ¡Cuando pienso en la dulzura exquisita, en la morenez suavísima de mosén Riber cuando sale de la barbería! ¡Tendría que hacerme lustrar los zapatos, día sí, día no, por lo menos! ¡Y mis sombreros! Son sombreros baratos, generalmente –sospecho—pasados de moda, que al cabo de dos o tres días de llevarlos ya parecen viejos. Tendría que llevar las uñas arregladas, hacerme dar, de tanto en tanto, una fricción, perfumarme un poco. Todo el mundo se perfuma un poco –discretamente--. Esto –discretamente— me hace una gracia incontenible. Pero ¿sería posible imaginarme en posición horizontal sobre un asiento de peluquería? Cuando el señor Totusaus me invita, le digo que no tengo tiempo. Es una simple excusa. En realidad, es una cosa que me repugna de una manera profunda. Tendría que hacer un autentico sacrificio. Y es que el mayor defecto que tengo –en relación con el ambiente del país—es el de no ser presumido."

Jospep Pla.

El cuaderno gris. 

Ediciones Destino. 


domingo, 8 de mayo de 2016

OBITER DICTUM






«Me contentaría, durante el año que va a venir, que la Ciencia, en lugar de avanzar retrocediera, que los pobres pudieran comer un poco más, que sin perjuicio de la buena marcha de los intereses públicos un número de ladrones discreto quedara amortizado, que hubiera paz en el mundo y buenas cosechas en todas partes y que el standard de la estupidez y de la frivolidad humana no fluctuara excesivamente. No creo que lo que pido sea mucho pedir en las circunstancias presentes. Mi programa es de una modestia tan grande, que sospecho que no pueda ser aceptado ni por las personas más prudentes. Y, sin embargo, tengo la vaga idea que ni yo mismo creo en mi programa, sobre todo en su parte más general. La ciencia continuará avanzando, la corrección retrocediendo, la estupidez fluctuará mucho más de lo debido… Y ya verán ustedes como este verano, cuando la gente se vista de claro, oiremos decir, una y otra vez en las terrazas de los cafés, hablando de esta época apocalíptica:

—¿Pues qué? ¿Qué me dicen ustedes del interés apasionante que tiene nuestra época? Es una auténtica maravilla…»

Josep Pla.

miércoles, 18 de junio de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LAS VOCALES PORTUGUESAS


Años atrás vino a Barcelona una compañía de declamación portuguesa. Nuestra adorable burguesía llenó el teatro y se dispuso, confiadísima, a ver y escuchar la obra. Ante la primera escena todos quedaron sorprendidos. Imposible comprender ni una jota de lo que se formulaba en escena. Quienes aguzaban el oído torciendo el gesto miraban, desolados, a los espectadores inmediatos.
         --Pero ¿qué es lo que hablan estos cómicos? –se preguntaban con un punto de indignación.
Los cómicos hablaban quizás un portugués muy correcto o quizás un portugués no tan correcto: lo cierto es que nadie los entendió.
         A todo eso se produjo un fenómeno insospechado. Cuando parecía que todo estaba a punto de caer en la más completa indiferencia –por no decir en la hostilidad--, el nerviosismo se fue calmando y la extrañeza que siempre produce el escuchar una lengua ininteligible pareció menguar. El público se quedó como adormilado, blandamente embelesado por la matización dulcísima de la lengua portuguesa. La flauta de las vocales fue penetrando en el auditorio, y la función acabó admirablemente.
Don Joan Maragall decía que el portugués es una lengua oscura –quería decir de color oscuro--. Más que oscura, yo diría que es una lengua aterciopelada, sombreada, con vocales que parecen musgo húmedo. Las vocales portuguesas son de un color verde sombrío, espeso, suavísimas al oído, con inflexiones y curvaturas untuosas y sensuales. Cosa exquisita.
Paseando por las calles comprendidas entre la plaza del Comercio y Rocío con la intención de captar los matices más delicados y característicos de la lengua, quizás no obedecía con la debida fidelidad los consejos de los lingüistas. Quizás no sea ése de los lugares más puros para oír el portugués. En estas cuestiones siempre hay personas que conocen los sitios donde se habla mejor una lengua –que generalmente se encuentran a doscientos o trescientos kilómetros del punto en el que uno se encuentra--. Es igual; pese a la corrupción imperante en aquellas calles, me pareció que la fonética del portugués tenía el perfume y el color de las violetas. Comprendí que con una materia prima tan densa, tan sedosa y ondulante se pueden hacer muchas cosas. Incluso tal vez demasiadas. La fecha de este viaje mío a Portugal se sitúa en 1921. Sobre Europa se proyecta el poso de dureza dejado por la guerra mundial. Esa dureza no ha podido destruir todavía la suavidad de las vocales portuguesas. Gracias a esta fonética, las señoritas de aquí parecen las más femeninas del continente y los jóvenes aparentan tener una dulce y resignada propensión al suicidio. Al suicidio por amor, claro. Por poco ondulado que tengan el cabello hacen pensar en Antero de Quental, que se eliminó en virtud de un movimiento de triste delicadeza, que se diluyó prácticamente en la fonética. Sobre el terreno se ve muy bien que la fonética es anterior a la saudade. No es que la saudade haya sido su medio de expresión más adecuado. Es al revés. La saudade es uno de los efectos últimos --a menudo dramáticos-- de la fonética.”

Josep Pla. La vida amarga. Ediciones Destino.

lunes, 11 de marzo de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




ESTOCOLMO


En el muelle, por la tarde, solía haber, amarrados por la popa, treinta o cuarenta pailebotes, goletas, bergantines. Estos barcos ofrecían una estampa magnifica y la arboladura, el cordaje, los estayes, los mástiles y las velas y el pequeño instrumento izado en el punto mapas alto del palo mayor para indicar la dirección del viento, los visillos blancos de la cámara de popa, los barriles y las anclas, me trasportaban cien años atrás, a la época en que los viajes y el mar aún eran un misterio. Estos barcos solían batir bandera finlandesa o sueca y llegaban cargados de astillas de abeto. Llegaban muy cargados, con una carga de cubierta imponente, el casco a flor de agua y, una vez fondeados y lanzada la palanca, se formaba un pequeño grupo alrededor del patrón, que bajaba a tierra. El capitán vendía la leña y acto seguido empezaba la descarga, que se efectuaba en pequeñas grúas, accionadas a mano, de un anacronismo delicioso. Estos trabajos antiguos, la vivacidad del mercado, el magnífico olor a resina de los troncos de abeto –un olor fresco, casi helado— hacía que los muelles de Strandvägen fuesen, a mis gusto uno de los lugares más agradables de Estocolmo. Solía pasar por allí entre dos luces –o sea a media tarde--, a la hora en que las transacciones eran más animadas. Los imponentes marinos finlandeses, rubios, con sus ojos de almendra, un puñal colgado en la cintura, eran una nota feroz y pintoresca. De las pequeñas chimeneas de hojalata de las goletas salía un hilillo de humo que me traía, a veces, nostalgias remotas de otras ollas de pescado, en aquel momento inasequibles.


Josep Pla. Cartas de Lejos. Ediciones Destino.



miércoles, 21 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL EGO GRIS


"Tengo una pésima opinión de mí mismo. No me gusto nada. Me considero capaz de hacer, en cualquier momento, el más abyecto desatino, la más indignante tontería. Tengo grandes dudas sobre mi moralidad intrínseca. Mis defensas –sobre todo las defensas que provienen de la vanidad, del amor propio—son paupérrimas. Soy un hombre ligero –pero no soy un presumido--. Ligero, muchísimo. No pasa día que no formule las correspondientes mentiras, que no articule las correspondientes frases gratuitas –cheques sin provisión--, que no hable con la mayor frivolidad y por el gusto de mero capricho. Hay gente que sabe justificar sus propias mentiras. Todo lo que hacen, lo consideran absolutamente necesario. ¡Felices ellos! Yo digo una falsedad pero no lo hago a conciencia. Se me nota en seguida en la cara. No sé disimular, no tengo confianza en mí mismo. Y es precisamente porque no tengo confianza en mí mismo por lo que los otros tampoco me la prestan. No llego a inspirar confianza –éste es el hecho--. Cuando algunos de mis amigos han aplicado su agudeza a la observación de mi manera de ser, han dado un diagnóstico inquietante. Márius Aguilar ha escrito que yo soy una especie de ruso del Mediterráneo. ¡Para un espíritu tan latino, tan cyranesco como el de él, es una nota bastante triste! Josep María de Sagarra dice –me lo ha dicho a mí mismo—que soy un hombre falso. No sé en qué estima me tiene el doctor Borralleras. Me mira, me vuelve a mirar, me remira y, sospecho que no da en el busilis. Ahora bien: yo no quiero tener contra todo el mundo. No tengo ninguna condición para el heroísmo. Pero una cosa me parece muy cierta: es absolutamente urgente que me presente de otra manera –por lo menos con otro traje."

Josep Pla. El cuaderno gris. Ediciones Destino. 1994.

jueves, 3 de febrero de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






SERAFÍ


        “Como hacía frío, caminábamos deprisa, y Serafí nos seguía en la forma que acabamos de describir. De vez en cuando, el filólogo alargaba el brazo y le pasaba la mano por encima, lo que producía entre ambos seres un juego de miradas de postal al bromuro que indicaba la existencia de un diálogo permanente, lleno de dulzura y de matices delicados y tiernos.
        --¿Hace tiempo que tiene usted este perro? –pregunté a Tintorer.
        --Hará un mes.
        --Veo que le habla usted en catalán. ¿Cree usted que lo entiende?
        --Tiene gran facilidad para las lenguas. A juzgar por su receptividad, si pudiese hablar sería políglota. Es muy inteligente.
        --Después de todo, es natural. Usted también es políglota, ¿no es verdad?
        --Hombre, ¿qué voy a decirle? Le diré, si me lo permite, que soy un polígrafo minúsculo.
        --Es usted joven y modesto. A su edad, estas virtudes son difíciles de encontrar reunidas. Deje usted que pasen los años. Saldrá usted adelante. Logrará ser un polígrafo. Si este Serafí es tan inteligente y tan dotado para la comprensión lingüística como usted dice, es natural que se encuentre bien en su compañía. Los políglotas con los políglotas, ¿comprende? Son las afinidades electivas. El perro lo debió de ver claro desde el primer momento.
        --Nunca sé si habla usted en broma o en serio…
        --Me confunde. He hablado y hablo siempre en serio; lo que ocurre es que por cortesía, por no aburrir a mi interlocutor, trato de decir las cosas de una manera divertida. La vida social sería horrible si cada vez que hablamos con un amigo utilizásemos un lenguaje monótono, malcarado, severo y triste. Estoy tan contento de saber que tiene usted perro y de ver que ha establecido con él tan buena compañía, que a veces no noto tanto frío.
        --No sé, no sé… Esta cordialidad que me manifiesta Serafí quizás sea debida a que el perro tiene la esperanza de que algún día, cuando haga mejor tiempo, le lleve a vivir afuera, a un medio adecuado para hurgar las madrigueras de los tejones y de toda clase de animales. La finalidad específica de esta clase de perros es matar tejones. Si al final, situados en otro ambiente, parece que están dispuestos a comprender todas las lenguas que sus amos puedan utilizar, es con la esperanza de que algún día se verán complacidos por lo que a los tejones hace referencia.
        --¿Quiere dar usted a entender que sospecha que el perro simula cordialidad?
        --¿Quién no simula en este mundo? Todo el mundo va a lo suyo y todo es una comedia. Lo que digo es que la ilusión de este perro son los tejones, como la mía es la filología. Todo lo demás son futilidades…”


Josep Pla. La vida amarga. Ediciones Destino.