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miércoles, 6 de diciembre de 2023

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 













AS LAGARTEIRAS Y EL ESPAÑA


«El día seis de mayo de mil novecientos doce se botó al agua el acorazado España, el primero de un programa de construcciones navales relativamente ambicioso, aunque los avances de la guerra que sobrevino lo hubieran dejado muy pronto anticuado. En aquella ocasión, vino a mi pueblo el rey, con la reina, la corte y la escolta real. Un acontecimiento por todo lo alto, si bien es cierto que a mi pueblo habían venido los reyes otras veces, según se recordaba. Se botaban los barcos en mayo o en septiembre por ser el tiempo de las mareas vivas, que allí llamaban «lagarteiras», no sé si todavía les siguen dando ese nombre. Y hacía mucho tiempo que de aquellos arsenales, antaño famosos, no salía una pieza tan notable. Yo estuve en la botadura y no me acuerdo, quizá no me haya llamado la atención, o tal vez no haya logrado ver cómo se deslizaba el barco por las gradas de sebo, cómo saludaba su popa a la mar cuando esta lo recibía dejándose rasgar las ondas. Pero hubo fiestas, el aviador Piñeiro voló en el Prado de Caranza, y yo me acuerdo; la escolta real pasó por la calle Galiano camino de la estación, y me acuerdo también: son dos imágenes borrosas que, con su debilidad, sostienen el edificio entero de mi memoria.»


Gonzalo Torrente Ballester.

Los mundos imaginarios.

Editorial Espasa.


domingo, 23 de enero de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CUANDO LA LLUVIA


«El ser de Compostela es este hacerse y deshacerse en juego interminable. Cuando la lluvia bate con frío las piedras renegridas, se lava la ciudad de nieblas, y las formas se ofrecen duras, definitivas, intachables. Si la lluvia es fina y clara, amén de mansa, tiemblan aristas y perfiles, como vistos a través de humo en láminas delgadas: un temblor imperceptible, como de carne estremeciéndose de amor o de vergüenza. Pero si luce el sol, triunfan los colores: las piedras doradas y calientes, los musgos amarillos, los líquenes, las zarzas, los jaramagos que trepan por las paredes y se conjugan en las junturas de los sillares; brota el germen más arriba y en las cornisas pone el airón triunfante de una amapola, o azules y verdes verbenas que nacen en cualquier parte, irrespetuosas: encima de las crines de un caballo, malparador de morismas; en el sombrero del apóstol peregrino; en una mitra o en los senos cortados de alguna martirizada y memorable doncella.»


Gonzalo Torrente Ballester.

Los mundos imaginarios.

Editorial Espasa.