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viernes, 29 de julio de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS




HATO Y CABAÑA


         “Vivió Cortés en Santiago de Barucoa, que fue la primera población de aquella isla. Crió vacas, ovejas y yeguas; y así, fue el primero que allí tuvo hato y cabaña. Sacó gran cantidad de oro con sus indios, y en breve llegó a ser rico, y puso dos mil castellanos en compañía de Andrés de Duero, que trataba. Tuvo gracia y autoridad con Diego Velázquez para despachar negocios y entender en edificios, como fueron la casa de la fundación y un hospital. Llevó a Cuba Juan Xuárez, natural de Granada, tres o cuatro hermanas suyas y a su madre, que habían ido a Santo Domingo con la virreina doña María de Toledo, el año de IX, con pensamiento de casarse allá con hombres ricos, porque ellas eran pobres; y aun la una de ellas, que había por nombre Catalina, solía decir muy de veras cómo tenía de ser gran señora, o que lo soñase, o que se lo dijese algún astrólogo, aunque diz que su madre sabía muchas cosas. Eran las Xuárez bonicas; por lo cual, y por haber allí pocas españolas, las festejaban muchos, y Cortés a la Catalina, y en fin se casó con ella, aunque primero tuvo sobre ello algunas pendencias y estuvo preso, que no la quería él por mujer y ella le demandaba la palabra. Diego Velázquez favorecíala por amor de otra su hermana, que tenía ruin fama, y aun él era demasiado mujeril. Acusábanle Baltasar Bermúdez, Juan Xuárez, dos Antonios Velázquez y un Villegas para que se casase con ella; y como le querían mal, dijeron muchos males de él a Diego Velázquez acerca de los negocios que le encargaba, y que trataba con algunas personas cosas nuevas en secreto. Lo cual, aunque no era verdad, llevaba color de ello; porque muchos iban a su casa, y se quejaban del Diego Velázquez, porque o no les daba repartimiento de indios, o se lo diera pequeño. Diego Velázquez creyó esto, con el enojo que de él tenía porque no se casaba con la Catalina Xuárez, y le trató mal de palabras en presencia de muchos, y aun lo echó preso. Cortés, que se vio en el cepo, temió algún proceso con testigos falsos, como suele acontecer en aquellas partes. Quebró el pestillo del candado del cepo, tomó la espada y rodela del alcaide, abrió una ventana, descolgose por ella, y fuese a la iglesia.”


Francisco López de Gomara. 
Historia de la conquista de México.

lunes, 25 de julio de 2016

OBITER DICTUM





“Los dos pueblos, a pesar de convivir sin choques clamorosos, se desprecian cordialmente. Los bereberes encuentran a los árabes obtusos, ladrones y traidores, mientras los árabes dicen que los bereberes tienen la «la avaricia de los hebreos, el veneno de la víbora y la honestidad de una prostituta». Probablemente, tanto los unos como los otros tienden a exagerar los defectos de su vecino.”


Alberto Denti de Pirajno.

sábado, 23 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN PAZ DESCANSE


         “A los grandes del momento los fui conociendo en los cafés de Madrid. Antonio Buero Vallejo llegaba todas las tardes a las cuatro en punto a tomar su café y fumar su pipa. El poeta maldito del café le saludaba escondiendo la cabeza: «Aquí llega don Antonio Buero Vallejo que en paz descanse.» Buero era un hombre alto, delgado y triste, con estructura de presidiario, que es lo que había sido, y cara amarilla de condenado a muerte. Yo conversé bastante con él hasta que dejamos de hablarnos porque no le gustaban las críticas teatrales que yo publicaba sobre sus estrenos. Más que un dialogante, Buero era un monologante que se enrollaba interminablemente con los temas de su gusto, generalmente la Guerra Civil, el teatro de Ibsen y cosas así. Durante su estancia en la cárcel su compañero de celda le envidiaba la pipa y el tabaco de pipa, con su olor confortable. Buero le prometió que si le llamaban a él primero le dejaba en herencia la pipa y la bolsita de tabaco. Un día vinieron a llevarse a Buero y el compañero de celda se apropió gozoso de los enseres de fumar. Cuando estaba disfrutando su primera pipa, Buero volvió sonriente:
         —No eran más que unas preguntas de trámite. Lo de la muerte parece que va para largo, de modo que devuélveme el tabaco y la pipa.
        
         Y el otro tuvo que sacrificarse. Esta anécdota pudiera servir como símbolo del destino de Buero Vallejo, que se pasó la vida asustándonos con sus condenas y censuras, pero siempre volvía a reaparecer en el escenario con su nuevo estreno. Era un poco resentido y con razón.”


Francisco Umbral. 
Días felices en Argüelles. 
Editorial Planeta.




miércoles, 20 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





SOBRE EL RIDÍCULO


“Pienso que el ridículo es el elemento dinámico, creador e innovador de toda conciencia que se quiera viva y que experimente lo vivo. No conozco ninguna transfiguración de la humanidad, ningún salto audaz en la comprensión ni ningún descubrimiento pasional fecundo que no haya parecido ridículo a sus contemporáneos. Pero eso no es prueba suficiente, pues todo lo que supera el presente y el límite de la comprensión parece ridículo. Hay otro aspecto del ridículo y ése es el que me interesa: la disponibilidad, la vida eterna, la fecundidad eterna de un acto, de un pensamiento o de una actitud ridícula. El ridículo nos enseña siempre: cada uno lo puede asimilar e interpretar a su manera, se es libre de casar de él lo que se quiera y de hacer co él todo lo que uno desee. No sucede lo mismo con lo que es racional, justificado, verificado, reconocido. Se trata aquí de verdades o actitudes que no conciernen a la vida presta aparecer. Convierten al mundo en una plataforma estable. Nadie las discute, nadie duda de su veracidad. Pero están muertas. Su victoria es su lápida. Son adecuadas para las familias, las instituciones y la pedagogía.
            Uno puede leer un buen libro, uno de esos libros perfectamente escritos, perfectamente construidos, destacados por la crítica, aprobados por el público, coronados de premios. Un buen libro, es decir, un libro muerto. Es tan bueno que en nada conmueve nuestro marasmo ni nuestra mediocridad; por el contrario, se integra perfectamente en nuestros cortos ideales, en nuestros pequeños dramas, en nuestros vicios mezquinos, en nuestras pobres nostalgias. Eso es todo. En diez o en cien años ya nadie lo leerá.
            Todo lo que no es ridículo, es caduco. Si tuviera que definir lo efímero, diría que es todo lo que es perfecto, toda idea bien expresada y bien delimitada, todo que se muestra racional y comprobado. A menudo la mediocridad tiene como atributos «perfecto» y «definitivo».
            Los tomos de filosofía de un profesor francés de provincias están mucho mejor escritos, son muchos más racionales y serios que cualquier panfleto del siglo XIX que fecundó decenas de ideas y fue comentado en decenas de libros. Evitar el ridículo significa rechazar la única posibilidad de inmortalidad. El único contacto directo con la eternidad. Un libro que no sea ridículo, o una idea unánimemente aplaudida de entrada, ha renunciado, por el hecho mismo de su éxito, a toda potencialidad, a toda posibilidad de ser retomado y continuado.




Mircea Eliade. 
El vuelo mágico. 
Ediciones Siruela.

domingo, 17 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL TUTEO DE LOS SAPOS


«Parece un miliciano de la tristemente célebre Columna de Hierro. Aquella que, después de haber saqueado a los maños, bajó de Teruel a Valencia a cerrar comercios. El tipo es idéntico a uno de aquellos facinerosos. Su aspecto físico es repugnante. Tiene los ojos como de pez de las grandes profundidades: salientes. Es de baja estatura, linfático. Cuando me da la mano siento como si tocara a un sapo; la tiene húmeda y blanda. Habla con pausas. Meticulosamente
¿Eres tú el piloto que viene a llevarse el «Mosca»?
Me molesta que me tutee.
Sí, yo soy.
¿Eres del Partido? —dice, muy serio.
¿A usted qué le importa?
Pregunto si es necesario que le cuente mi vida para llevarme de su feudo el avión. Insiste.
Es que no se lo voy a entregar a cualquier tipo que se presente aquí diciendo que es el que ha designado la Escuadra.
Mi paciencia se agota. Pienso en la pérdida de tiempo que hay que sufrir por culpa de mentecatos de esta clase, y me apeo de la burra. Con tono más mesurado, pero enérgico, le invito a que indague por teléfono.»

Francisco Tarazona.
Yo fui piloto de caza rojo.
Editorial San Martin.

viernes, 15 de julio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





RECUERDA


Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar...
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma.

jueves, 14 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



MODESTO


«Modesto me puso al corriente de los detalles de organización y me dio toda una serie de indicaciones que me fueron muy valiosas. Con muchos defectos y muchas cualidades, Modesto, el antiguo carpintero, era un jefe militar de verdad, y no una figura decorativa prefabricada por los servicios de propaganda. Contaba además, con el apoyo de la dirección del Partido Comunista, que, por su disciplina, lo consideraba el cuadro militar de más confianza, por esto lo habían incorporado al Comité Central. Es cierto que los comunistas llegaron a tener tanta fuerza en nuestra guerra, que podían anular a cualquier jefe militar si lo consideraban conveniente, pero no podían crear un mando militar que respondiera de verdad, en los combates frente al enemigo, si el elegido no poseía cualidades para ello. Sin embargo, Modesto no era hombre que supiera atraerse a los que tenían que colaborar con él. Era sarcástico, poco franco, despótico y, a veces, brutal. Contaba, naturalmente, con el grupo de incondicionales que inevitablemente siempre rodean a un jefe civil o militar; pero este grupo fue siempre reducido. Nunca simpatizamos, pero durante el tiempo que estuve bajo su mando, su trato conmigo fue siempre correcto, aparte de sus inevitables ironías.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.


lunes, 11 de julio de 2016

OBITER DICTUM




“Si el optimista tiene un temperamento exaltado y, si por desdicha, se halla armado de un gran poder que le permite realizar el ideal que se ha forjado, puede conducir a su país a las peores catástrofes. No tarda mucho en reconocer, en efecto, que las transformaciones sociales no se realizan con la sencillez que había imaginado. Culpa de sus sinsabores a sus contemporáneos, en vez de explicar la marcha de las cosas por las necesidades históricas. Se siente dispuesto a hacer desaparecer a las gentes cuya mala voluntad le parece peligrosa para la felicidad de todos. Durante el Terror, los hombres que hicieron correr más sangre fueron aquellos que tenían el más vivo deseo de hacer gozar a sus semejantes de la edad de oro que habían soñado, y que demostraban una enorme simpatía por las miserias humanas: optimistas, idealistas y sensibles, se mostraban tanto más inexorables cuanta mayor sed de felicidad universal tenían en sí.”


Georges Sorel.

miércoles, 6 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL MIEDO AL MAR


“En poco tiempo nos encontramos con un banco de rorcuales comunes, unos ocho o diez, acompañados por un gran número de delfines. Bandas de pardelas volaban por encima. Para nuestro asombro y disfrute, tanto los rorcuales como los delfines viraron para acompañar a la goleta. Los delfines se apiñaron a ambos lados de la proa, juntos como las estacas de una cerca, subiendo y bajando, mostrando sus brillos plateados, y los rorcuales cruzaban por proa y popa. Tres de ellos se sumergieron muy cerca del barco, elevando su enorme aleta caudal en el aire, arrancándonos gritos de alegría a todos. En total vimos a seis de ellos realizar ese acto tan bonito y majestuoso. Yo estaba deseando fotografiar a un delfín o a un rorcual saltando claramente, pero se limitaron a nadar a ras de superficie. Después de unos minutos, los rorcuales nos dejaron, pero los delfines siguieron con nosotros durante media hora más, como si fueran dóciles y juguetones gatitos.
Hacia el ocaso el viento refrescó y aumentó hasta convertirse en un medio temporal. La noche llegó con el cielo despejado y la luna muy blanca. Junto con el viento se levantó un fuerte oleaje. Variamos ligeramente el rumbo del barco para beneficiarnos por completo de una corriente de dos nudos, del fuerte viento y del mar que lo acompañaba. Y entonces la Fisherman nos demostró que había sido construida para navegar a vela.
Pasé mucho tiempo inclinado sobre la barandilla de proa, mirando hacia arriba y hacia atrás, a aquellas enormes velas curvadas, a través de las que brillaba la luna; y hacia abajo, a aquella marca rugiente y cremosa que se alejaba rodando del barco. Una enorme superficie de agitada, hirviente, silbante y bramante espuma blanca se extendía sobre las aguas oscuras, en las que se reflejaba la luna. ¡Con qué suavidad nos deslizábamos! Me fascinaba el tremendo tumulto, la elevación lenta y firme de la proa, arriba, más arriba, hasta que me sentía casi en el aire. Y entonces bajaba, no dando una cabezada, sino deslizándose lentamente hacia aquel abismo negro.
Desde popa, el efecto causado por las velas y el movimiento, por el tumultuoso mar, resultaba aun más sorprendente. Unas olas inmensas retaban a la goleta, ondeando, subiendo y bajando, alcanzándola y escalando hasta la batayola, sólo para elevarla con elegancia y sobrepasarla con un bramido amenazador, profundo, derrotado. En la distancia sobre las aguas oscuras y picadas, unos destellos plateados se elevaban, se propagaban y se desvanecían. La estela de la luna brillaba resplandeciente, hasta donde el ojo alcanzaba. La goleta semejaba estar llena de vida y alma, ya que lucía una belleza casi espectral. Las enormes velas la mantenían firme como una roca. Se elevaba y volvía a caer con facilidad, pero no había movimiento lateral; y todo el tiempo continuaba avanzando. Los motores estaban apagados. No había sonido alguno en el barco. Pero a su alrededor, el viejo mar bramaba y se estrellaba, y el viento silbaba al pasar. La noche era tan suave y fragante, el cielo iluminado por la luna tan hermoso, la enorme extensión de las olas tan grandiosa y rítmica que a punto estuve de perderle el miedo al mar.”


Zane Grey. Relatos de pesca en mares vírgenes. Ediciones del Viento.

viernes, 1 de julio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Ni me entiendo ni me entienden;
ni me sirve alma ni sangre;
lo que veo con mis ojos
no lo quiero para nadie.

Todo es extraño a mí misma,
hasta la luz, hasta el aire,
porque ni acierto a mirarla;
ni sé cómo respirarle.

Y si miro hacia la sombra
donde la luz se deshace,
temo también deshacerme
y entre la sombra quedarme
confundida para siempre
en ese misterio grande.

Concha Méndez.

ARPILLERA Y POLVO

EMILIANO DI CAVALCANTI