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miércoles, 18 de marzo de 2020

OBITER DICTUM



5 de julio.

Chaumot. Anochecer de julio. El brillo de Venus, que se acuesta después que el sol, atrae a los murciélagos. Están borrachos y a cada instante caen por el aire como por un agujero, pero no llegan a tocar fondo.
      En el canal un marinero, cuya gabarra está inmovilizada por el desempleo, toca el acordeón. Con la cabeza a ras de agua, las ranas le acompañan como pueden; por más que su mujer le diga al perro: «¡Cállate de una vez!», el perro sigue ladrando lo más fuerte que puede. También muge una vaca, pero solo una vez. Los ratones se suman, silban con la esquina de la boca. Pero toda esta música no enturbia la calma del anochecer. Un soplo de aire ligero solo inclina las hojas de hierba más altas.
      El reflejo de la luna llena ilumina la pared del molino.
      El corazón siente una dulzura infinita.


Jules Renard.

viernes, 27 de septiembre de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ME PARECE QUE NO


«Es la verdad. Te bebes el sol, miras, observas, disfrutas de la vida, todo lo que Dios ha hecho te parece bien hecho. Te interesan las lagartijas, y las libélulas, que, plantadas la una sobre el cuello de la otra, vuelan de ramita en ramita, y se posan, la una tiesa, la otra en línea quebrada, con la punta de la cola en el agua. Te dices: antes de escribir, hay que observar. Pasearse es trabajar. Hay que aprender a verlo todo, la hoja de hierba, las ocas que gritan en los establos , el sol poniente, la cola rosada y purpúrea del crepúsculo que se extiende por todo el horizonte como una vela desplegada en la que se posa el arco de la luna. Te atiborras de mirar cuadros, con las manos en los bolsillos. Levantas las compuertas de tu fantasía. Y esta se desborda a derecha e izquierda, sale de su cuenca, se derrama al azar, a la aventura. Incluso se te ocurren ideas tristes. Piensas en la muerte: cuando truena, con miedo, y sin miedo cuando está despejado, cuando la luz difusa se cuela por todas partes, mira por las rendijas de cada ventana y doblega las pesadas espigas, cuando quisieras estar en otra parte, a la sombra, tranquilo, lejos del mundo, y te ves, en absoluto emocionado, con los pies juntos, tumbado, recogido, casi sonriente, un palmo bajo tierra, muy cerca de las flores, de la hierba, de la vida y el ruido. Muy bien. Te escucho. Ya ni siquiera cazas. Te repugna matar un pájaro. ¿Acaso no tienen derecho a vivir? No pescas. Los peces te parecen seres vivos que tienen alas para volar en el agua, que luchan, que se escurren, que existen. Te pones elegíaco. ¡Caramba, si es que lo comprendes todo! Panteízas: ves a Dios por todas partes y en ninguna. Tienes ideas serenas que te hacen sonreír benevolentemente. Degustas el tiempo. Te sientes perfectamente bien, pero te lo repito: «¡No trabajas, puerco!».»


Jules Renard. 
Diario. 
Penguin Random House Grupo Editorial.

lunes, 22 de octubre de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LA MUERTE DE MI PADRE


19 de junio de 1897

"Al llegar a la casa veo a mamá en la calle. Grita:«¡Jules! ¡Oh, Jules!». Oigo: «¿Por qué se ha encerrado con llave?». Parece una loca. Un poco más nervioso que antes, trato de abrir la puerta. Imposible. Llamo: no responde. No adivino nada. Imagino que se encuentra mal, o que está en el jardín. Doy unos golpes con el hombro, y la puerta cede.Humo y olor a pólvora. Grito: 
--¡Oh! ¡Papá, papá! ¿Qué has hecho? ¡Oh, oh!
Y sin embargo, aún no me lo creo: ha querido gastarnos una broma. Y no creo en su rostro blanco, en su boca abierta, en esa mancha negra, ahí, junto al corazón.
Borneau, que volvía de Corgigny, y que entró el segundo en la habitación, me dice:
--¡Hay que perdonarle! Este hombre sufría demasiado.
¿Perdonar qué? ¡Vaya idea! Al fin comprendo, pero no siento nada. Voy al patio y le digo a Marinette, que ha levantado a mamá del suelo:
--¡Se acabó! ¡Ven!
Entra, tiesa, toda pálida, y mira de hurtadillas hacia la cama. Se ahoga. Se suelta el corsé. Puede llorar. Refiriéndose a mi madre, dice:
--No la dejéis entrar. Está como loca.
Me quedó a solas con él. Está echado sobre la espalda, las piernas extendidas, el busto inclinado, la cabeza caída, la boca y los ojos abiertos. La escopeta entre las piernas y el bastón entre la cama y la pared. Las manos, libres, dejaron caer la escopeta y el bastón. Aún estaban calientes sobre la sábana, no crispadas. Un poco más arriba de la cintura, una mancha negra, algo como una pequeña hoguera apagada."

Jules Renard. 
Diario. 
Penguin Random House Grupo Editorial.

sábado, 1 de abril de 2017

OBITER DICTUM






21 de mayo

Maurice se llevó la pistola de la mesita de noche, so pretexto de limpiarla. Papá, que esta noche se encuentra bien, dice:
        --Eso ha dicho, pero miente. Tiene miedo de que me mate. Pero si yo quisiera matarme, no usaría una herramienta con la que lo único que haces es desfigurarte.
        --¡¿Quiere no hablar de eso?! –dice Marinette.
        --Cogería directamente la escopeta.
        --Mejor harías cogiendo una lavativa --le digo.


Jules Renard

viernes, 10 de junio de 2016

OBITER DICTUM






“Para matar moscas, desnudarse y untarse con pegamento líquido, mezclado con un poco de miel o salpimentado de azúcar, y pasearse por la habitación. Las moscas vuelan a pegarse a la piel. Las coges a manos llenas. Un procedimiento carente de elegancia, pero infalible.”


Jules Renard