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sábado, 11 de noviembre de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






NO VOLVERÉ A SER JOVEN


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
—como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
—envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra


Jaime Gil de Biedma

viernes, 15 de julio de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





RECUERDA


Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar...
Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.


Jaime Gil de Biedma.

lunes, 4 de junio de 2012

OBITER DICTUM





“Me siento cada vez menos inclinado a traducir El coloso de Marusi. El libro está bien escrito, pero Henry Miller es un personaje que me pone nervioso. Resulta cómico el trabajo que se toma para decirnos que no ha leído a Homero, o para hacernos creer que él cree que The Phoenix and the Turtle es un soneto; y me irritan extraordinariamente sus estrepitosas declaraciones de pobreza –una pobreza que sospecho bastante confortable—y la elocuente cursilería de parrafitos como éste: «At Eleusis one realices, if never before, that there is no salvation in becoming adapted to a world which is crazy; at Eleusis one becomes adapted to the Cosmos.»
Me impacientan los escritores que parecen llevar perpetuamente un cirio en la procesión de la literatura, pero no tanto como los que se disfrazan de buen salvaje.”


Jaime Gil de Biedma.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






HA VENIDO A ESA HORA


No vive en este barrio.
No conoce las tiendas.
No conoce a las gentes
que se afanan en ellas.
No sabe a lo que vino.
No compra aquí la prensa.
Recuerda las esquinas
que los perros recuerdan.

Ventanas encendidas
le agrandan la tristeza.
Corazón traseúnte,
junto a las casas nuevas
camina vacilando,
como un hombre a quien llevan.
El viento del suburbio
se le enreda en las piernas.

La calle como entonces.
Como entonces ajena.
Y el aire oscurecido
la noche que se acerca.
Cuando dobla la esquina
y aprieta el paso, sueña
que el tiempo no ha cambiado,
jugando a que regresa.

Luego pasa de largo,
y piensa: fue una época.

Jaime Gil de Biedma