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martes, 9 de agosto de 2022

OBITER DICTUM






«El reproche de morbosa desesperación que tan a menudo nos dirigen me parece provocado por la confusión de dos planos paralelos de nuestra mente, que deberían seguir separados: el plano de la contemplación aislada, bajo el signo del infinito, y el plano de la acción en nombre de ciertos imperativos éticos. Tenemos que aceptar la perpetua contradicción entre ellos. Si admitimos que el derrotismo y la desesperación, aun cuando están lógicamente justificados, son moralmente repudiables, y que la resistencia activa ante el mal es una necesidad moral, aun cuando parece lógicamente absurda, quizá encontremos un nuevo punto de vista para encarar una dialéctica humanista…»

Arthur Koestler.

sábado, 2 de octubre de 2021

OBITER DICTUM






Desde que se abandonó la construcción de naves aéreas más ligeras que el aire, el zepelín ha pasado a ser una curiosidad histórica, un monstruo anticuado como el dinosaurio. Representaba, lo mismo que el dinosaurio y por motivos similares, el último producto de una rama extinguida de la evolución: era demasiado voluminoso, vulnerable y lento. Pero era un monstruo de suprema belleza, ídolo y fetiche de una nación que se entrega fácilmente a la idolatría. Con su forma de pez dorado gigantesco, medía desde una punta hasta la otra doscientos cuarenta metros, dos veces la longitud máxima de un campo de fútbol. Tenía cuarenta metros de altura, como un edificio de doce plantas, o el campanario de una iglesia mediana. Su piel tersa y lustrosa de aluminio brillaba como la plata, y su tersura ininterrumpida hacía que desde lejos pareciera un animal vivo; una colosal y benévola Moby Dick del aire, que flotaba serenamente entre las nubes.

Arthur Koestler.

jueves, 30 de julio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LA COCINERA O LA PRENSA


La astrología se basa en la creencia de que el hombre depende de las circunstancias cósmicas que lo rodean; Marx sostenía que es un producto de las circunstancias sociales. Creo que ambas proposiciones son válidas; de ahí surge la idea del horóscopo secular. Supongo que el motivo de que esta idea no se le haya ocurrido nunca a la gente es que, hasta la invención relativamente reciente de la prensa diaria, no poseían métodos exactos para descubrir qué sucedía en este mundo en el momento de su nacimiento; en cambio, poseían realmente los medios para saber con considerable exactitud lo que había sucedido en los cielos. Evidentemente, esto se debe a la inmensa confianza que inspiran los cuerpos celestes, comparados con los cuerpos humanos; uno puede calcular con una exactitud de una fracción de grado dónde se encontrará Sirio dentro de un millón de años, pero no puede predecir la posición espacial de su cocinera dentro de cinco minutos.

Arthur Koestler.
Memorias.
Editorial Lumen.

viernes, 19 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE








NADA COMO UN BUEN PLAN QUINQUENAL


Menos divertido, porque resultaba difícil contemplar aquello sin sentir un nudo en la garganta, era el bazar. Era un mercado permanente ubicado en una gigantesca plaza vacía. Aquellos que tenían algo que vender se ponían en cuclillas sobre el polvo extendiendo sus productos frente a ellos sobre pañuelos o bufandas. Las mercancías iban desde un puñado de clavos herrumbrosos hasta una colcha andrajosa, o un recipiente de leche agria que se vendía a cucharadas, moscas incluidas. Podías ver a una anciana sentada durante horas con un huevo de Pascua pintado o un trozo de queso de cabra reseco delante de ella; o a un viejo con los pies descalzos cubiertos de llagas tratando de canjear sus destrozadas botas por un kilo de pan negro y un paquete de tabaco de mahorka. A menudo las mercancías ofrecidas en trueque eran zapatillas de cáñamo, e incluso suelas y tacones arrancados de botas y cubiertos por un envoltorio de harapos. Algunos viejos no tenían nada que vender: cantaban baladas ucranianas y de vez en cuando recibían algún kopek. Algunas mujeres tenían a sus niños tendidos en el suelo junto a ellas o en el regazo dándoles de mamar; los labios de las criaturas, recorridos por las moscas, se aferraban a las resecas ubres de las que parecía manar bilis en vez de leche. Se veía a un sorprendente número de hombres con defectos oculares: eran bizcos, o tenían una pupila opaca y lechosa, o habían perdido por completo el globo ocular. La mayoría tenía las manos y los pies hinchados; sus rostros también parecían más inflados que consumidos, y todos ellos mostraban ese peculiar color que Tolstói, hablando de un prisionero, describe como «el matiz de los renuevos que brotan de la patatas en un sótano».

Arthur Koestler.
Memorias.

Editorial Lumen.

sábado, 7 de noviembre de 2015

OBITER DICTUM





La dialéctica marxista es un método que permite a un idiota parecer notablemente inteligente, descubrimiento que, ay, pronto olvidé.


Arthur Koestler.

jueves, 26 de junio de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LA MARCHA FUNEBRE


Unos días antes de su ascensión al poder, el Partido Comunista organizó una manifestación en Budapest durante la cual murieron algunos de sus miembros. Como prueba de su poder, el partido preparó un multitudinario cortejo fúnebre. Unos cincuenta mil obreros del cinturón de fábricas que rodeaba Budapest siguieron el ataúd, adornado con coronas verdes y cintas rojas. Marchaban lentamente, con disciplina y dignidad. Hungría era un país que surgía de un estado casi feudal; los ciudadanos de Budapest no habían visto nunca esa multitud de robustos proletarios que desfilaba por sus elegantes calles comerciales; probablemente, muchos de ellos no habían visto a un obrero de fábrica en su vida. La Marcha fúnebre de Chopin, repetida sin cesar por la banda de los obreros ferroviarios mientras la procesión atravesaba lentamente la ciudad, era para aquellos burgueses el toque fúnebre de toda una época.

Arthur Koestler.
Memorias.

Editorial Lumen.

Marcha fúnebre


sábado, 26 de octubre de 2013

OBITER DICTUM





         Me paseaba por los bazares árabes, soñando —casi siempre con comida— en medio del tumulto alegre, colorido y, sin embargo, tranquilo de los camellos cargados de harina de mijo, de los burros paticortos, montados por ancianos bíblicos de largas piernas, y de los harapientos niños árabes, con una vestimenta que parecían camisones hechos trizas. Pasaba ociosamente junto a los puestos al aire libre con sus olores llamativos: las cien especias de los vendedores de especias, el olor fresco a cuero de los talabarteros y zapateros, el olor a carne quemada y carbón de los puestos de kebab, el olor de miel y grasa de oveja de las pastelerías; todo esto, suspendido en el aroma general del polvo y el sol, de la orina de los camellos y de los granos de café tostado. Esta sinfonía de olores hacía que uno sintiera menos hambre, siempre que no se acercara demasiado a los puestos de kebab.


Arthur Koestler.

jueves, 16 de agosto de 2012

OBITER DICTUM






No creo que ni en la vida ni en la literatura el puritanismo sea una virtud. La propia expiación, sí. Y también el amor propio, si es tan altivo y humilde, exigente y resignado, rebelde y conformista, tan lleno de temor y de asombro como debe ser el amor hacia los demás. Aquel que no se ama a sí mismo no sabe amar bien; y aquel que no se odia a sí mismo no sabe odiar bien; y el odio al mal es tan necesario como el amor, si queremos que el mundo no llegue a un punto muerto. La tolerancia es una virtud adquirida; la indiferencia, un vicio natural.


Arthur Koestler.

jueves, 6 de enero de 2011

OBITER DICTUM





Para el converso, su conversión es un acto único e indivisible, un renacimiento espiritual donde la emoción y la razón, los perpetuos duelistas, se encuentran por una vez en perfecta armonía.


Arthur Koestler.