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sábado, 13 de enero de 2024

OBITER DICTUM

 




«Se afilió al Partido Socialista más que por convicción porque a él pertenecía un íntimo amigo suyo. Hombre de pocos escrúpulos, de espíritu aventurero y donjuanesco y con una osadía sin límites. Fue Ministro de Hacienda en el Gobierno que formé, a propuesta de la Ejecutiva del Partido, sin ninguna satisfacción por mi parte. Las circunstancias porque atravesábamos y mi deseo de no tener rozamientos con la Ejecutiva, me obligaron a contemporizar con él. Desempeñaba la cartera con un gran desenfado, dejando a los altos empleados proceder con entera autonomía. La asiduidad en el trabajo le enfadaba. En estas cartas de íntima confidencia tengo que acusarme de excesiva condescendencia con sus extravagancias, genialidades y deslealtad.»


Francisco Largo Caballero.


jueves, 14 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



MODESTO


«Modesto me puso al corriente de los detalles de organización y me dio toda una serie de indicaciones que me fueron muy valiosas. Con muchos defectos y muchas cualidades, Modesto, el antiguo carpintero, era un jefe militar de verdad, y no una figura decorativa prefabricada por los servicios de propaganda. Contaba además, con el apoyo de la dirección del Partido Comunista, que, por su disciplina, lo consideraba el cuadro militar de más confianza, por esto lo habían incorporado al Comité Central. Es cierto que los comunistas llegaron a tener tanta fuerza en nuestra guerra, que podían anular a cualquier jefe militar si lo consideraban conveniente, pero no podían crear un mando militar que respondiera de verdad, en los combates frente al enemigo, si el elegido no poseía cualidades para ello. Sin embargo, Modesto no era hombre que supiera atraerse a los que tenían que colaborar con él. Era sarcástico, poco franco, despótico y, a veces, brutal. Contaba, naturalmente, con el grupo de incondicionales que inevitablemente siempre rodean a un jefe civil o militar; pero este grupo fue siempre reducido. Nunca simpatizamos, pero durante el tiempo que estuve bajo su mando, su trato conmigo fue siempre correcto, aparte de sus inevitables ironías.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.