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martes, 28 de septiembre de 2021

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






COMO EL VIENTO


El viento es un can sin dueño,
que lame la noche inmensa.
La noche no tiene sueño.
Y el hombre, entre sueños, piensa.

Y el hombre sueña,   dormido,
que el viento es un can sin dueño,
que aúlla a sus pies tendido
para lamerle el ensueño.

Y aun no ha sonado la hora.

La noche no tiene sueño:
¡alerta, la veladora!

Dámaso Alonso.


viernes, 24 de abril de 2015

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







                       DE PROFUNDIS


Si vais por la carretera del arrabal, apartaos, no os
inficione mi pestilencia.
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción
quiso que fuera este mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer
de amor al príncipe,
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la
cantonada.
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro
del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo
de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,
y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también
           la podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala
           cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer,
           que nadie compra,
y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas de
           mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos!

Dámaso Alonso.

martes, 1 de octubre de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA








CANCIONCILLA


OTROS querrán mausoleos
donde cuelguen los trofeos,
donde nadie ha de llorar,

y yo no los quiero, no
(que lo digo en un cantar)
porque yo
          
           morir quisiera en el viento,
           como la gente del mar
           en el mar.

           Me podrían enterrar
           en la ancha fosa del viento.

           Oh, qué dulce descansar,
           ir sepultado en el viento,
como un capitán del viento:
como un capitán del mar,
muerto en medio de la mar.

Dámaso Alonso.