Mostrando entradas con la etiqueta Cavestany. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cavestany. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





POR SAN SEBASTIAN


“Mes y medio llevo aquí, y la verdad es que no me divierto, y lo que es peor, gasto mucho para no divertirme. También es verdad, aunque parezca una contradicción, que no lo paso mal...
Siempre la Concha y siempre el Bulevar aburren. Y del Gran Casino puede decirse lo mismo; no subiendo a sus salones reservados del piso alto, de los que siempre se sale de prisa y corriendo, y jurando no volver, se cansa cualquiera escuchando música, que los más no entendemos.
Y lo peor es el clima. A fines de julio tuvimos unos días dignos de Sevilla, por la fuerza del calor. Llovió de una manera torrencial durante tres o cuatro días seguidos, y después, durante otros varios no se podía salir a las doce del día sin gabán. Llueve con extraordinaria frecuencia, y esto es un grave daño para una estación veraniega que quiere ser la primera del mundo. La humedad es siempre penetrante, y por tanto perjudicial para los asmáticos y quienes padezcan ciertas afecciones.
Si el vicio es síntoma o indicio de civilización, como pretenden algunos escritores fundándose en los ejemplos de Grecia y Roma, San Sebastián está muy civilizado. A parte del juego, en el que Dios me libre de volverme a meter, hay otras pruebas. En todas partes nos codeamos con un número infinito de jóvenes, muy elegantes que llevan en sus toilettes escrito su oficio, poco moral. Ya no son solo francesas como antes: hoy pululan más españolas que francesas, que las imitan, con rara perfección, y hasta las superan en el arte de la seducción y del engaño.
Y Cines por todas partes en los que se exhiben películas nada morales, preparando a la niñez para juventudes licenciosas y criminales. Y como si esto fuera poco la moda, este año, completa la obra desmoralizadora con las sayas cortas. ¡Y tan cortas! Hay a quienes no llega a las rodillas. Y más cortas las llevan las señoritas ricas, conocidas, de buenas familias y elegantes que las demimondaines a quienes antes me refiero, de suerte que es imposible distinguir unas de otras. ¡Y hasta las casadas! Ya cuando una joven vista las galas de mujer no se dirá que se viste de largo sino de corto, y a lo más se podrá señalar este antes tan grato día para las familias valiéndose de la gráfica expresión madrileña: Fulanita lleva hoy por vez primera el moño alto.
Y aquella famosa canción:

Te digo Juana
que tengo gana
de verte la punta del pie...

nunca se hubiera cantado si las costumbres de entonces hubieran sido las de hoy, porque hoy aquí la mayor parte de las mujeres lucen no solo la punta del pie, sino el pie entero y la pierna, y Dios sabe, si la moda sigue imperando, qué se enseñará el año que viene.
Las carreras de caballos se celebran a bastante distancia de San Sebastián y esto, y la dificultad de comunicaciones, hacen que solo asistan a ellas los ricos y los verdaderamente aficionados, en su mayoría extranjeros.
En los teatros funcionan buenas compañías, que se renuevan con frecuencia, pero como los precios son altos, se ven aquellos bastantes desanimados, y los empresarios, para no perder, se ven obligados a dar dos y tres funciones diarias.
En medio de este cuadro, San Sebastián brilla siempre, y atraerá siempre cada vez más forasteros, por su cultura y por la labor admirable de su Municipio, sea cualquiera el partido que mande, que ha hecho de esta Ciudad el modelo perfecto del pueblo moderno. Todos los años hay una nueva obra que es la admiración de propios y extraños. Y este año propios y extraños quedan extasiados ante el paseo sobre el mar que rodea al Monte Urgull, cuyo segundo trozo inauguró la Reina Madre, a presencia  de los Reyes, el día de Santiago. Es una verdadera comiza tallada en la roca, obra suprema de la ingeniería, ante cuyo trabajo queda suspenso el ánimo más resuelto. Esta obra no es obra de hombres, sino de titanes. No puede comparársele ni el célebre paseo de los Ingleses de Niza, ni la Comiza de Génova. Solo tiene rival en esta misma provincia la carretera de Zarauz a Guetaria, otra obra digna de ser contemplada por cuantos aman la lucha del hombre con los obstáculos de la naturaleza. Cuando el nuevo paseo esté concluido se proyecta nombrarle Paseo Marítimo María Cristina.
San Sebastián, que tantas pruebas de respeto y cariño tiene dadas a la Reina Madre, no necesita darle esta nueva para que la Augusta Señora esté cierta del agradecimiento que se le tiene por los favores que de ella ha recibido. Se me ocurrió a mí que dicho paseo podía ser consagrado al recuerdo del primer viaje de circunnavegación al mundo, en el que tanta gloria recibió Guipúzcoa por haber sido guipuzcoano Elcano, quien condujo la expedición a su término, por muerte de Magallanes, y así lo propuse. Mi propuesta ha sido rechazada unánimemente en todas partes. Debe dársele el nombre de la Reina Madre, no por el amor que se sienta hacia ella, sino porque dándosele su nombre, lo mismo que se le ha dado el nombre de los Reyes a teatros, hoteles, frontones, etcétera, la concurrencia de viajeros será mayor en años sucesivos. Aquí se vitorea mucho a los Reyes y se les alaga, pero en el fondo es todo egoísmo y adulación. Todos vitorean a los Reyes, pero vivas a España solo he escuchado los que yo mismo he dado. Dígalo el anterior Gobernador Civil Sr. Barón de la Torre, quien tuvo conocimiento hace unos cinco años, de haberla emprendido yo a puñetazos con los que rodeaban un día en que embarcaba el Rey la escalinata del Club Cantábrico por haberse burlado de mí al gritar viva España. Si este año no me sucedió igual fue porque me puse más cerca del Club y respondió a mi viva a la Nación la colonia madrileña en él congregada.”


Genaro Cavestany, Memorias de un viejo. Imprenta Sempere.

miércoles, 7 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



BADAJOZ EN PARÍS


“Jamás fue nombrada en Paris y en toda la Francia, ciudad alguna del mundo, desde 1909 a 1914, hasta el día precisamente de la declaración de la guerra, como lo fue la ciudad española de Badajoz, capital de la región extremeña.
¡Badayoz!¡Badayoz! se oía en todas las bocas: imposible era dar un paso por todo el territorio francés durante dicho tiempo sin escuchar Badayoz a cada instante.
Y sin embargo, Badajoz no era célebre en el suelo francés por su industria, su comercio, sus artes, ni por sus productos. Lo era por el  nombre que dio a uno de sus caballos el banquero español don Ivo Bosch , recientemente muerto en Barcelona, como daba nombres de capitales de provincias españolas a todos los caballos de su cuadra de carreras. Algunos salieron notables, pero ninguno como Badajoz; otros medianos y otros malos. Por desgracia yo llegué a París cuando solo corrían Córdoba, Huelva, León y algunos otros, todos de última clase, a los efectos de que se trata, por lo que buen dinero me costó mi amor patrio jugando a caballos con nombres españoles y montados por jockeys vistiendo los colores nacionales españoles. Badajoz era un caballo endeblucho, de escasas siete cuartas, corto y de mala estampa, que apenas dio muestras de lo que luego fue en sus primeras carreras, por lo que su dueño, dudando de su valer, lo sacó a correr en un premio a reclamer, que es una carrera de venta, en la que pueden ser reclamados por cualquiera los caballos que en ella corran , pagando el precio que su dueño le fija y el importe del premio, que economiza la Sociedad del hipódromo en que se verifica la carrera, y fue reclamado, creyendo su dueño haber hecho un magnífico negocio, habiendo ganado con Badajoz cinco o seis mil francos.
Apenas en poder de su nuevo dueño empezó Badajoz a ganar carrera sobre carrera, gracias a la mejor preparación que se le diera, llenando de oro las cajas de aquel. Pasó luego a las cuadras del rico americano Vanderbilt, quien pagó por él una cantidad fabulosa, y de ella a las del barón Edmond de Rothschild, quien pagó por Badajoz más de un millón de francos.
Corría en todos los hipódromos una, dos y tres veces por semana, sin que jamás perdiera una sola carrera; puede calcularse que en los cuatro o cinco años que duró su vida de carreras, ganaría en premios más de diez millones de francos.
Se le jugaba en contra en la esperanza de que alguna vez perdiera para obtener una gran ganancia, por lo cual los que jugaban a su favor nunca dejaron de obtener utilidades de alguna consideración.
Llegó el día de la guerra; una de las primeras órdenes que se dictaron fue la de la requisa general de caballos, pero con objeto de conservar las razas, se hicieron algunas excepciones. Esfuerzos inauditos  se hicieron, e influencias poderosas se interpusieron para que Badajoz estuviese comprendido en una de las excepciones. Todo fue inútil. Hasta se pretendió, por su nombre, pasarlo por español y como perteneciente a la Embajada española. Nuestro embajador entonces, marqués de Villaurrutia, no se prestó a esta superchería, y como Badajoz  estaba comprendido en la ley general tuvo que ir a la guerra; la única gracia que se le hizo, por su gran historia, fue ponerlo en manos del famoso jockey Allec Carter, que también fue movilizado el primer día de la guerra, y ambos cayeron gloriosamente muertos en el campo de la gran batalla de la Marne el 4 de Septiembre de 1914.”
¡Pobre Badajoz!”


Genaro Cavestany. Memorias de un viejo. Imprenta Sempere.