Mostrando entradas con la etiqueta Schopenhauer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Schopenhauer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de agosto de 2020

OBITER DICTUM



Para Mario.


«Hegel alcanzó tal audacia al servicio del disparate, y de extravagantes combinaciones de amasijos de palabras sin sentido, como sólo se había conocido antes en los manicomios. Se convirtió en el instrumento de la más descarada y generalizada mistificación nunca vista, con resultados que habían de parecer fantásticos a la posterioridad y que quedarán como un monumento a la estupidez germana.»


Arthur Schopenhauer.


miércoles, 17 de agosto de 2016

OBITER DICTUM




Preséntase, por lo tanto, mi metafísica como la única que tiene punto de contacto con las ciencias físicas, punto a que concurren éstas con sus propios medios, de tal manera, que en realidad la incluyen, concordando con ella. No es que las ciencias empíricas se violenten y tuerzan según la metafísica, ni que se deduzca ésta por abstracción, presuponiendo a aquéllas a la manera que Schelling lo hace, descubriendo a priori lo que a posteriori ha aprendido; no es eso, sino que por sí mismas, sin previo acuerdo, coinciden en un punto. Y de aquí resulta que no se queda mi sistema, como todos los precedentes, flotando en el aire, por encima de toda realidad y de toda experiencia, sino que se asienta en el firme suelo de la efectividad, que es el de las ciencias físicas.”


Arthur Schopenhauer.

lunes, 22 de octubre de 2012

OBITER DICTUM







“La diferencia entre la vanidad y el orgullo está en que el orgullo es un convencimiento absoluto de nuestra superioridad en todas las cosas. Por el contrario, la vanidad es el deseo de despertar en los demás esa persuasión, con una secreta esperanza de dejarse a la larga convencer a sí mismo. El orgullo tiene, pues, origen en un convencimiento interior y directo que se tiene de su propia valía. Por el contrario la vanidad busca apoyo en la opinión ajena para llegar a la propia estimación. La vanidad hace parlanchín; el orgullo hace silencioso.”

Arthur Schopenhauer