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jueves, 8 de septiembre de 2022

OBITER DICTUM






«Parece que Roth vive a lo grande; la habitación del hotel —de una apariencia tan europea como la del restaurante— ha de ser muy costosa, al igual que el viaje que lo llevó hasta Siberia, el Cáucaso y Crimea en busca de material para una crónica. Durante la conversación que siguió a su lectura lo insté a que pusiera las cartas sobre la mesa. Su opinión se puede resumir en una sola frase: llegó a Rusia como bolchevique (casi) convencido y la deja como realista. Como suele ocurrir, el país aparece siempre como responsable del cambio de color ideológico de aquellos que llegan aquí como políticos brillantes y de tintes rojizos (llevando la bandera de una oposición «de izquierda» y de un optimismo estúpido). Su rostro aparece recorrido por numerosas arrugas y tiene el aspecto desagradable de un fisgón.»

Walter Benjamin.

viernes, 20 de mayo de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






MOSCAS DE ASTRACÁN


«Sin esa pastelería no hubiera podido trabajar: el café es el material más importante para escribir. Sin embargo, las moscas sobran. Y, empero, allí estaban, por la mañana, a mediodía, por la tarde. Las moscas, no los peces, constituyen el noventa y ocho por ciento de la fauna de Astracán. Son completamente inútiles, no son una mercancía, nadie vive de ellas, ellas viven de todos. Espesos enjambres negros se posan sobre alimentos, azúcar, cristales de ventanas, platos de porcelana, restos, arbustos y árboles, charcos de heces y montones de basura, e incluso sobre pelados manteles de mesa donde ningún ojo humano es capaz de ver nada comestible. Las moscas pueden sorber las moléculas de las sopas derramadas, de los restos de materia seca hace ya mucho tiempo, como si fueran cucharas. Sobre las blusas blancas que la mayoría de la gente viste aquí, se posan miles de moscas, seguras y ensimismadas, y no echan a volar cuando su anfitrión se mueve, están sentadas sobre sus hombros durante dos horas; las moscas de Astracán carecen de nervios, exhiben una tranquilidad propia de grandes mamíferos, como la de los gatos, y de sus enemigos del mundo de los insectos, las arañas… Esto me admira, y lamento que estos últimos animales, inteligentes y humanos, no vengan en bandadas a Astracán, donde podrían convertirse en miembros útiles de la sociedad humana. Es verdad que, en mi habitación, viven ocho arañas de cruz, animales sosegados, astutos, plácidas compañeras de las noches en vela. De día duermen en sus habitáculos. Al atardecer, ocupan sus puestos, dos de ellas, las más destacadas y peligrosas, en las inmediaciones de la lámpara. Se quedan mirando, larga, pacientemente, a las moscas desprevenidas, trepan con sus finas patas del grosor deun cabello por redes surgidas de la nada y de su saliva que reparan sin quitar el ojo, ponen cerco a su presa dando rodeos cada vez más amplios, se agarran hábilmente de cualquier granito de arena que sobresalga del muro, trabajan dura e inteligentemente, ¡pero qué exigua es la recompensa! En la habitación zumban miles de moscas, ¡yo desearía que acudieran de una vez veinte mil arañas venenosas, un ejército de arañas! De quedarme en Astracán, las cuidaría y les dedicaría más atención que al caviar.»

Joseph Roth.
Viaje a Rusia.
Editorial Minúscula.

sábado, 27 de marzo de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






UN COMERCIANTE DE TEHERÁN

"Del voluminoso equipaje de un comerciante de Teherán se escapan juguetes de madera, serpientes, gallinas y caballos balancín. Pequeños tentetiesos se mecen con suavidad sobre su pesada panza de plomo. Sus coloridos y cómicos rostros, chillones a la luz de la lámpara de petróleo, oscurecidos intermitentemente por sombras de manos que se deslizan raudamente ante ellos, cobran vida, cambian su expresión, sonríen maliciosamente, ríen y lloran. Los juguetes se encaraman a una balanza de cocina, se dejan pesar, ruedan de nuevo por la mesa y se envuelven en un susurrante papel de seda. Del equipaje de una joven, hermosa y algo desesperada mujer surgen relucientes pedazos de seda multicolor, cintas de un arco iris troceado. Y luego lana que se hincha, respirando a conciencia y en libertad, tras largos días de existencia comprimida y sin aire. Angostos zapatos grises con hebillas plateadas se desprenden del papel de periódico que debía cobijarlos: la cuarta página del Matin. Guantes con dobladillos de punto ascienden de un pequeño sarcófago de cartón. Aflora lencería, pañuelos de bolsillo, vestidos de noche lo suficientemente grandes como para vestir la mano del aduanero. Todos esos inquietos utensilios de un mundo rico, todas esas cosillas elegantes, acicaladas, yacen extrañas y triplemente inútiles en esta sala tosca, marrón y nocturna, bajo las pesadas vigas de madera de encina, bajo los severos carteles de letras angulosas como hachas afiladas, entre el aroma a resina, piel y petróleo. Ahí están los pomos de cristal, delgados y panzudos, llenos de fluidos verde zafiro y dorado ámbar, estuches de cuero con servicio de manicura abren sus hojas como si fuesen relicarios, diminutos zapatos de dama repiquetean sobre la mesa."

Joseph Roth.
Viaje a Rusia.
Editorial Minúscula.