Mostrando entradas con la etiqueta Cléo de Mérode. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cléo de Mérode. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de junio de 2023

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA

 



AUSENTE CONMIGO

  

Me dejaste omisiado

bajo la parra;

fue a darme rabieta,

rabia que rabia,

pero sentí de pronto

una cigarra.

Y salta que te salta,

canta que canta,

me fuí a buscarla

entre las ramas,

para oír las voces

de tu garganta.

 

Rebullendo en los gajos

de aquella parra,

so las alas de oro

de la cigarra,

saltaba el canto,

salta que canta,

y yo riendo,

ríe que salta,

y yo saltando,

canta que salta,

busca que busca

a la cigarra,

te sentía conmigo

bajo la parra.

 

Gastón Baquero.


viernes, 16 de abril de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


















LAS CUPLETISTAS DE OSVALDO JOVE

"En Entrebo, en la parroquia de Labrada de Buriz, partido de Villalba, condado de Montenegro y diócesis de Mondoñedo, había un cojo llamado Osvaldo Jove. Sentado parecía un gigante, pero se ponía de pie y aquel pecho poderoso y el vientre rotundo descansaba en dos piernas curvas y cortas. Pero con ellas, teje que teje, hacía Osvaldo mucho camino, y era cazador de fama. Iba al monte sin perros, pero poseía más vientos que un perdiguero de Burgos en las mañanas tempranas. Llevaba siempre Osvaldo en el bolsillo una libreta en cuyas páginas tenía pegados retratos de las artistas que venían allá por los años diez en las cajas de cerillas, y cuando se aburría, sacaba del bolsillo la libreta y se quedaba como tonto admirando aquellas blancas mantecas, y siempre terminaba por sonreírles, y sonreírse a sí mismo. Un día vio, en «El Progreso» de Lugo, la esquela de un tal don Oswaldo, con lo cual pasó a escribir su nombre con la misma ortografía, sustituyendo la v por la w. A Oswaldo, pues, las que menos le gustaban de las fulanas del cupletismo, eran la francesa Cleo de Merode, y una bilbaína que se llamaba Dora la Menchaca. Prefería la Chelito a la Fornarina, y a Amalia Molina no le concedía mérito alguno. Cuando juntaba algún dinero, ya porque vendiese unos pinos, ya porque había criado un par de muletos, bajaba a Baamonde, tomaba el tren, y se iba a Madrid, a verlas de carne y hueso. En uno de esos viajes, gastó todo el dinero y regresó a pie desde la capital, según él cazando por Castilla y León conejos a pedradas, y pescando alguna trucha en los ríos. En Lugo pidió prestadas cinco pesetas para poder llegar en tren a Baamonde, fumando un puro que le diera un Montenegro de Begonte. De este viaje trajo consigo un libro que enseñaba a predecir el tiempo y a curar dolencias del ganado. También trajo la Desesperación de Espronceda, comprada en la Puerta del Sol madrileña, y una oración contra el pedrisco."

Alvaro Cunqueiro.
Viajes imaginarios y reales.
Tusquets Editores.