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lunes, 30 de enero de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






    EPITAFIO


Esto es hoy,
algo perdido.

Brilla el césped.
Cae una hoja
y es como la señal esperada
para que vuelvas de la muerte
y cruces con resplandor
y silencio de estrella
mi memoria.

Blanca Varela

miércoles, 25 de enero de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





ESE BESO DE AYER...

Ese beso de ayer
me abrió la puerta
y todos los recuerdos
que yo creí fantasmas
se levantaron tercos
a morderme.


Claribel Alegría.

domingo, 22 de enero de 2017

OBITER DICTUM





«Consideraba muy interesante el estado de conciencia de la juventud, alimentada con la literatura de postguerra procedente de Rusia. Se daba el caso paradójico de que en familias burguesas, de abolengo monárquico, los hijos militaban, no ya en el campo republicano, sino en el socialista, y muy particularmente en el comunista. Era muy significativo observar la biblioteca de cualquier joven estudiante, llena de libros relativos a los llamados credos libertadores, a los que no llegaba, a los que no podía llegar la censura de Prensa, el arma más poderosa de que disponían los Gobiernos. Y así, saturándose de lecturas de esa índole, la intelectualidad de la nueva generación seguía su rumbo, adquiriendo un espíritu incompatible con los sistemas de gobierno que podía ofrecerle un régimen monárquico, por muy democrático que quisiera ser.»

Emilio Mola.

sábado, 21 de enero de 2017

OBITER DICTUM





“Nosotros hablamos de nuestros muertos queridos como si estuvieran en el cielo y al mismo tiempo muchos de entre nosotros piensan en ellos como si los tuviéramos cerca. Algunas personas de nuestra sociedad se aproximan a la idea de que están en el cementerio durmiendo su último sueño. Igualmente, el africano dirá, casi de un tirón, que los muertos se han ido a una gran ciudad subterránea donde todo es puro, donde cultivan los campos y recogen abundantes cosechas, que han partido hacia algún rincón lejano del este o del oeste; que se hallan en el bosque que rodea su residencia terrestre; que están en la casa habitada por los vivos; que vagan bajo la forma de animales salvajes; en fin, que se hallan en la tumba, que es la casa del muerto. Si añadimos por nuestra parte que la mayoría de los bantúes, si no todos, creen que los muertos, en su mayoría, vuelven a nacer de nuevo, nos haremos una idea de lo que ciertas personas llaman la confusión de pensamiento que caracteriza a los bantúes. Otros, quizá con la misma razón, consideran todo esto como sutileza metafísica.”


Edwin W. Smith.

lunes, 16 de enero de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






TRES LIRAS A EMILIA


Los ojos que no uso
cuando dormido estoy, cuando dormido
de mi sueño difuso
un ojo tengo herido...
¡Los ojos que no uso me han crecido!
 
La frente sombreada
de una sombra interior adolorida,
ya no me queda nada
de frente ni de vida.
¡La frente sombreada está partida!

Mi mano no se mueve
y a cada dedo muerto sé que gano
una pizca de nieve,
de nieve de gusano
¡Mi mano no se mueve por tu mano!

Carlos Edmundo de Ory.

sábado, 14 de enero de 2017

ALLÁ EN LAS INDIAS




AL HIJO DEL AGUA


       Otras veces llegarán a ríos que parecerá que van crecidos, los cuales se podrán pasar sin hacer puente con todo silencio, si estuvieren en tierra poblada, entrando dos buenos nadadores a tentar el río si lo pueden pasar a volapié, y pudiéndose pasar, irán pasando poco a poco en cuadrillas, porque no se revuelvan en la corriente, asidos unos de otros, y de una banda y de otra habrá nadadores en el agua hasta la cinta y al medio para ayudarlos. De esta manera pasarán los cargueros entre los soldados con quienes irán asidos. Y advertirán que arcabuces y municiones los llevarán en la cabeza con una mano y los indios sus cargas, porque no se mojen. En esto se han de guardar dos cosas: ir al hijo del agua y que sea paso limpio sin pedrería gruesa.
       Otro modo de pasar ríos usan los soldados baquianos, sin puentes ni balsas ni taravitas, que como son diestros saben de todo, y es, que si el río da a la cinta y es recio y está sucio de piedras, hay peligro mucho en la chusma por ir cargada con el bagaje. Los soldados que fueren nadadores cruzarán este río al hijo, no contra la corriente, porque no lo podrán sustentar, sino como digo y asidos unos de otros de una orilla a otra. De esta manera aseguran los que fueren pasando, así solados como cargueros y gente impedida, asiéndose uno de otro por la parte de abajo al socaire y remanso del río que bate en esta gente que hacen puente, y con este reparo pasarán sin que el agua trastorne ni lleve ninguna pieza, habiendo por debajo algunos buenos nadadores con sus bordones, forcejeando en medio del río para socorrer si alguno cayere y salvar la carga que soltare algún carguero.


Bernardo de Vargas Machuca. 
Milicia Indiana.

miércoles, 11 de enero de 2017

OBITER DICTUM






“La contraposición del «nosotros» y el «ellos», la lucha contra los ajenos al grupo, parece ser un ingrediente esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común. Por consecuencia, lo han empleado siempre aquellos que buscan no sólo el apoyo para una política, sino la ciega confianza de ingentes masas. Desde su punto de vista, tiene la gran ventaja de concederles mayor libertad de acción que casi ningún programa positivo. El enemigo, sea interior, como el «judío» o el «kulak», o exterior, parece ser una pieza indispensable en el arsenal de un dirigente totalitario.”


Friedich A. Hayek

lunes, 9 de enero de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






BROOMS


3

In this and in no other manner
Was the first ancestral broom made:
Namely, they plucked all the arrows
From the bent back os Saint Sebastian.
They tied them with a rope
On which Judas hung himself.
Stuck in the stilt
On which Copernicus
Touched the morning star…

Then the broom was ready
To leave the monastery.
The dust welcome it—
That great pornographer
Immediately wanted to
Look under its skirt


Charles Simic

domingo, 8 de enero de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EN SACHION


“Terminada la travesía del desierto susodicho se llega la ciudad de Sachion, que está a la entrada de la gran provincia de Tanguth donde viven pocos cristianos nestorianos; otros habitantes guardan la ley del miserable Mahoma, y los restantes son idólatras. Los vecinos gentiles tienen su propia lengua. Todos los moradores de esta ciudad no se aplican a la contratación, sino que viven sólo de los frutos de la tierra. En Sachion hay muchos monasterios dedicados a diversos ídolos, a los que se hacen grandes sacrificios y a los que el pueblo muestra grandísima devoción. Cuando a un hombre le nace un hijo, inmediatamente lo consagra a algún ídolo, en cuyo honor tiene un carnero en su casa aquel año; cumplido el año desde el nacimiento de su hijo, en la primera fiesta de ese dios que se celebra después del curso del año, ofrece al ídolo el hijo y el carnero con suma devoción. Después cuece la carne del carnero y la ofrenda al ídolo, y la deja en su presencia hasta que terminan las oraciones que se profieren ante él según la costumbre de la ciudad. El padre le ruega suplicante que se digne conservar la vida de su hijo, y creen que entre tanto el dios come el caldo de la carne *** y conservan sus huesos con unción en un hermoso recipiente. Cuando muere alguien, aquéllos a cuyo cargo están los cuerpos de los muertos lo hacen quemar. En la incineración se sigue el siguiente ritual: *** debe ser ofrecido a la pira su cadáver; aquéllos les preguntan el mes, el día y la hora de su nacimiento, y una vez averiguada la constelación de su horóscopo indican el día en que se ha de quemar. Algunas veces hacen que se retenga el cadáver por siete días, otras por un mes, en ocasiones por seis meses; mientras tanto lo guardan en casa de la siguiente manera: tienen un ataúd de tablas muy gruesas y acopladas con tal maña que no puede exhalar hedor alguno, antes bien, está pintado por fuera primorosamente. Allí colocan el cadáver embalsamado con muchas especias y cubren el sarcófago con un hermoso paño. Todos los días, mientras permanece el cuerpo en casa, preparan a la hora de yantar una mesa junto a la caja con vino y delicados manjares, que queda puesta el tiempo que podría tardar un hombre vivo en comerlos, pues dicen que el alma del difunto prueba las viandas que están servidas en su nombre. También se consulta a los astrólogos susodichos por qué puerta se ha de sacar de casa el cuerpo del difunto, pues dicen que algunas veces esta o aquella puerta careció en su construcción de buenas obras, por lo cual no la consideran adecuada para sacar por ella los restos mortales, y así mandan que se lleve el cadáver a la pira por otra puerta o abriendo un nuevo orificio en la pared. Cuando es llevado a quemar fuera de la ciudad o de la villa, erigen por el camino cabañas de madera en muchos lugares, cubiertas de paños de seda y oro; cuando llega ante una de ellas, depositan la caja con el cadáver ante la choza y esparcen en tierra ante el ataúd vino y finos manjares, diciendo que aquel muerto va a ser recibido en la otra vida con tal festín. A la hora de las exequias preceden al sarcófago todos los instrumentos de los músicos de la ciudad, cuyo sonido produce gran deleite. Al llegar al lugar de la pira, tienen cortadas en hojas de papel figuras de hombres, mujeres, caballos, camellos y muchos dineros, todo lo cual arde juntamente con el cadáver, pues dicen que va a tener en la otra vida tantos siervos y criadas, animales y dineros como imágenes se quemaron con él, y que así vivirá con riquezas y honra. Esta superstición la observa por doquier en las partes de oriente la ceguera de los gentiles a la hora de incinerar los cadáveres humanos.”


Marco Polo. El libro de… Alianza Editorial.

viernes, 6 de enero de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





    SONNET LXXI


No longer mourn for me when I am dead
Then you shall hear the surly sullen bell
Give warning to the world that I am fled
From this vile world, with vilest worms to dwell:

Nay, if you read this line, remember not
The hand that writ it; for I love you so
That I in your sweet thoughts would be forgot
If thinking on me then should make you woe.

O, if, I say, you look upon this verse
When I perhaps compounded am with clay,
Do not so much as my poor name rehearse.
But let your love even with my life decay,

       Lest the wise world should look into your moan
       And mock you with me after I am gone.


William Shakespeare

jueves, 5 de enero de 2017

OBITER DICTUM




«La orden fue dada a la una de la tarde y la hora de partida eran las seis. La policía transmitía la orden a los taxistas en la calle y estos, entusiasmados, hacían bajar a sus pasajeros explicando orgullosos que tenían que ir al combate. Después de llenar sus depósitos en sus garajes, se alinearon seiscientos taxis en perfecta formación en el lugar fijado. Gallieni, que los inspeccionó, estaba encantado: “Eh bien, voilà au moins qui n`est pas banal!”.»


Barbara Tuchman.

miércoles, 4 de enero de 2017

Y ÉL OBOLO BAJO LA LENGUA





         DILECTION


J'adore l'indécis, les sons, les couleurs frêles,
Tout ce qui tremble, ondule, et frissonne, et chatoie
Les cheveux et les yeux, l'eau, les feuilles, la soie,
Et la spiritualité des formes grêles ;

Les rimes se frôlant comme des tourterelles,
La fumée où le songe en spirales tournoie,
La chambre au crépuscule, où Son profil se noie,
Et la caresse de Ses mains surnaturelles ;

L'heure de ciel au long des lèvres câlinée,
L'âme comme d'un poids de délice inclinée,
L'âme qui meurt ainsi qu'une rose fanée,

Et tel cœur d'ombre chaste, embaumé de mystère,
Où veille, comme le rubis d'un lampadaire,
Nuit et jour, un amour mystique et solitaire.


                                                         

Albert de Samain

domingo, 1 de enero de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




UN GALLEGO EN RIO GALLEGOS

“El cabecilla de la revuelta se llamaba Antonio Soto.
Los habitantes del Sur aún recuerdan al gallego enjuto, pelirrojo, que apenas había terminado de perder la pelusa de las mejillas, con esos ojos azules miopes que se asocian con la ambigüedad y el fanatismo celtas. En aquella época usaba pantalones de montar y polainas, y llevaba la gorra insolentemente ladeada. Y se erguía en la calle cenagosa, mientras el viento hacía flamear sus banderas rojas, y vociferaba frases tomadas de Proudhon y Bakunin, clamando que la propiedad era un robo, y la destrucción, una pasión creadora.
Unos pocos inmigrantes españoles recuerdan incluso su encarnación anterior como tramoyista de unos actores itinerantes que habían llegado del norte y que representaban a Calderón y Lope de Vega en el escenario desnudo del Círculo Español. Y a veces interpretaba un papel secundario y se colocaba, decorativamente, contra las paredes encaladas de una aldea de Extremadura, paredes estas que se descascaraban de su telón de fondo confeccionado con lona.
Otros recuerdan que volvió a Río Gallegos doce años después de que pasaran los pelotones de fusilamiento. Aún interpretaba el papel del orador anarquista y usaba la camisa desabrochada hasta el ombligo. Pero esta vez podía exhibir un auténtico cuerpo de trabajador, marcado por las cicatrices de quemaduras que había recibido en una mina de salitre, en Chile. Se alojó en el Hotel Miramar y arengó a las familias de hombres que durante esos doce años habían yacido bajo cruces de madera blanqueada. Aquélla fue su última visita y declamó ante salas vacías. Sólo lo escucharon unos pocos españoles que asentían con movimientos de cabeza, y el gobernador lo echó a patadas al otro lado de la frontera.
Pero la mayoría de quienes conocieron a Antonio Soto recuerdan un corpachón de músculos fláccidos y una expresión que oscilaba entre la truculencia y la desesperación taciturna. En aquella época vivía en Punta Arenas y regentaba un pequeño restaurante. Y cuando los comensales se quejaban de la atención, respondía: «Este es un restaurante anarquista. Sírvase usted mismo». O se sentaba con otros exiliados españoles y rememoraban el terruño a través del delgado chorro que brotaba del porrón, recordando a quiénes debían venerar y a quiénes debían odiar en España, en tanto reservaban una maldición especial para el chico que Antonio había visto una vez en las calles de su puerto natal, El Ferrol, el muchacho acicalado cuya carrera había sido diametralmente opuesta a la suya y cuyo nombre era Francisco Franco Bahamonde.
Soto era hijo póstumo de un marinero español que se había ahogado durante la guerra de Cuba. A los diez años riñó con su padrastro y se fue a vivir con unas tías solteras en El Ferrol. Era devoto y puritano y enarbolaba estandartes en las procesiones religiosas. A los diecisiete años leyó las diatribas de Tolstoi contra el servicio militar y huyó a Buenos Aires para evadir el suyo. Gravitó hacia el teatro y hacia los grupos marginales del movimiento anarquista. Había muchos anarquistas en Buenos Aires, y Buenos Aires es un gran teatro.
Se incorporó a la Compañía de Teatro Español Serrano-Mendazo y en 1919 navegó en gira por los puertos de la Patagonia. Su llegada a Río Gallegos coincidió con la caída del precio de la lana, reducciones de salarios, nuevos impuestos y nuevas tensiones entre los criadores anglosajones y su personal. Los británicos asistían a la revolución roja que se desarrollaba en el otro extremo del mundo y se identificaban con los aristócratas rusos aislados en la estepa. Una semana su periódico, el Magellan Times, publicó una ilustración que mostraba la sala de una casa solariega cuyo propietario se humillaba ante un matón que tenía el torso desnudo cruzado por las cananas. El epígrafe rezaba: «Orgía nocturna de los maximalistas en la hacienda de Kislodovsk. ¡Cinco mil rublos o la vida!».
El mentor de Soto en Río Gallegos era un abogado y petimetre español, José María Borrero, de unos cuarenta años, con el rostro abotagado por el alcohol y una hilera de estilográficas en el bolsillo superior. Borrero había hecho sus primeras armas con un doctorado en teología de la Universidad de Santiago de Compostela. Y había terminado en el Lejano Sur, dirigiendo un periódico bisemanal, La Verdad, que hostigaba a la plutocracia británica. Su lenguaje entusiasmó a sus compatriotas, que empezaron a imitarlo: «En esta sociedad de Judas y Polichinelas, sólo Borrero preserva la singular integridad del Hombre... entre estos paquidermos de sonrisa falsa que hacen chasquear los dientes y tienen la conciencia castrada».
Borrero abrumó a Soto con su educación superior, su cháchara sediciosa y su afecto. El y un militante del Partido Radical, el juez Viñas (un hombre al que sólo movían venganzas personales), le revelaron los infortunios de los inmigrantes chilenos y la iniquidad de los latifundistas extranjeros. Se ensañaron sobre todo con dos personas: el gobernador en ejercicio, E. Correa Falcón, de tendencia anglófila; y su malhablado jefe de policía escocés, un tal Ritchie. Soto pasó fácilmente del teatro a la política. Consiguió trabajo como estibador y, al cabo de pocas semanas, lo eligieron secretario general de la Unión Obrera.”


Bruce Chatwin. En la Patogonia. Muchnik Editores.