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viernes, 18 de agosto de 2023

OBITER DICTUM

 


Sobre Polemón.



«Pero nada de esto es verdad, pues si hubiera muerto en Esmirna, no se le hubiese considerado indigno de yacer en ninguno de los templos admirables de la ciudad. Es más verosímil la noticia de que yace en Laodicea, junto a las puertas de Siria, en donde están también las tumbas de sus antepasados; que fue enterrado todavía vivo, cosa que había encomendado a sus más íntimos allegados, y que, cuando yacía en el sepulcro, recomendaba a los que cerraban la tumba:

--Deprisa, deprisa que no me vea el sol guardando silencio.

Y a sus amigos que lloraban por él les dijo gritando:

--Dadme un cuerpo y declamaré.»


Filóstrato de Atenas.


lunes, 10 de octubre de 2022

OBITER DICTUM





Sobre Escopeliano…


«Sus embajadas ante el emperador fueron numerosas, ya que en su gestión solía acompañarle el éxito; la más notable de ellas, la relacionada con las viñas. Pues llevó a cabo esta embajada no sólo en nombre de los ciudadanos de Esmirna como la mayoría de las veces, sino de Asia entera. Voy a contar el motivo de la embajada. Había decidido el emperador que no hubiera viñas en Asia, porque era opinión común que, cuando estaban bebidos, planeaban sublevaciones, y que se arrancaran las ya plantadas y no se plantaran más. Eran precisos, pues, una embajada en representación de todos y un hombre que, como un Orfeo, como Támiris, usara poderes de fascinación en su favor. De común acuerdo escogieron a Escopeliano y aquél, en su misión, logró un triunfo tan sobrado, que regresó no sólo con el permiso para plantar vides, sino con amenaza de sanciones contra los que no lo hicieran.»


Filóstrato de Atenas.





jueves, 16 de septiembre de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 

EL ÚLTIMO LITIGIO DE UN MUERTO

Sobre Polemón.


«Disputaba Esmirna por sus templos y sus atribuciones en ellos, y designaron a Polemón como abogado defensor de sus intereses cuando ya estaba llegando al final de su vida. Como murió al iniciarse el viaje para ir a defender estos derechos, la ciudad se puso en manos de otros abogados. Y como éstos expusieron torpemente su asunto ante el tribunal imperial, dirigió el emperador su mirada a los representantes de Esmirna y preguntó:

¿No había sido designado Polemón abogado defensor de esta causa?

Sí, respondieron, si te refieres al sofista.

Y el emperador dijo:

Tal vez haya escrito algún discurso abogando por los derechos en litigio, como era natural teniendo que exponer su defensa ante mí y sobre tan graves cuestiones.

Tal vez, contestaron, oh emperador, pero no que sepamos nosotros.

Entonces el emperador aplazó el juicio hasta que fue traído el discurso y, una vez leído ante el tribunal, el emperador falló en consonancia con su contenido, y se marchó la gente de Esmirna tras lograr la victoria y diciendo que Polemón había resucitado para su bien.»



Filóstrato de Atenas.

Vidas de los sofistas.

Editorial Gredos.

jueves, 16 de agosto de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



 ATENAS Y EL FENICIO


«Tan lleno de confianza en sus dotes accedió a la cátedra de retórica de Atenas, que le sirvió de proemio de sus palabras ante ellos no la sabiduría de los atenienses, sino la suya propia, pues comenzó del siguiente modo: «De nuevo llegan letras desde Fenicia ». Proemio tal era propio de quien respiraba superioridad sobre los atenienses y les otorgaba un bien mayor del que recibía. Desempeñaba sus funciones en la cátedra de Atenas con relumbrante boato, vestía ropajes costosísimos y llevaba sobre sí maravillosas piedras preciosas, acudía a sus clases en un carruaje provisto de frenos de plata y, tras impartirlas, volvía a su morada suscitando envidia con su séquito de estudiantes de retórica procedentes de todas partes, que lo veneraban ya, como las gentes de Eleusis al hierofante cuando oficia los ritos más solemnes. Los atraía con diversiones, reuniones en que ofrecía vino, partidas de caza y asistiendo, en su compañía, a las fiestas helénicas. Se comportaba, en cualquier ocasión, lo mismo que los jóvenes, por lo que se sentían ante él como hijos delante de un padre bondadoso y afable, y llevaba el paso con ellos en las danzas griegas. Yo sé bien que algunos de estos lloran cuando lo recuerdan y que imitan el tono de su voz, su modo de andar, la distinción de su atuendo.»



Adriano, el fenicio.



Filóstrato de Atenas.

Vidas de los sofistas.

Editorial Gredos.