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sábado, 12 de febrero de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



HAY MOROS EN LA COSTA


«Si uno avanza desde Adra hacia el oeste siguiendo la carretera de la costa, encuentra una torre vigía cada pocos kilómetros. Algunas son cuadradas, hechas de una especie de cemento, y muy antiguas. Tito Livio se refiere a ellas con el nombre de turres Hannibalis y dice que fueron construidas por los cartagineses, pero según el profesor Schulten muchas de ellas pertenecen a un período anterior, a Tartessos. Las torres redondas, más numerosas, fueron construidas por los árabes, pero mantenidas en uso por los cristianos hasta el final del siglo XVIII , para prevenir los movimientos de los corsarios. Cuando se atisbaban barcos sospechosos se encendían fogatas en ellas y la milicia montada, conocida como la caballería de la costa , acudía rápidamente al punto de peligro. La frase “Hay moros en la costa” se convirtió en un proverbio.»

Gerald Brenan.
Al Sur de Granada.
Tusquets Editores.

miércoles, 26 de febrero de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL MAESTRO DE MÚSICA


Una de mis cruces en el pueblo eran las visitas del marido de la maestra, que en otros tiempos había sido maestro de música. Era un hombre de edad, con espesos bigotes grises y unos ojos redondos e inexpresivos jaspeados de blanco, que había nacido en el norte de España. Sentía profundamente la fatalidad de verse exiliado en una aldea bárbara, donde no había ni un café ni un paseo , y apenas se jugaba a las cartas. Para suplir estos esparcimientos me hacía interminables visitas en la presunción de que, como inglés, yo debía también sufrir por ello. Era una de esas personas —de ellas hay muchas en España— que creen que cuantas más veces se diga una cosa más cierta es, y, por eso, siempre que me visitaba su conversación era la misma. Tan pronto como agotábamos el tema de los dolores de cabeza de su mujer y su propio lumbago, comenzaba el tema tópico de las diferencias entre Inglaterra y Andalucía.
—¿Ustedes, en Inglaterra, no gozan mucho del sol?
—No, don Eduardo; muy poco.
—¿Siempre está lloviendo?
—Sí, casi siempre.
—¿Y hay niebla?
—Sí, hay niebla.
—Sin embargo, ¿pueden ustedes cultivar naranjas?
—No, hace demasiado frío para eso. Nuestras frutas son sólo las manzanas y las ciruelas.
—Y, naturalmente, aceitunas.
—Desafortunadamente, no. Las aceitunas necesitan sol.
—Eso sí que es raro. Siempre había oído decir que, gracias a las corrientes cálidas del golfo de México, eran ustedes capaces de cultivar plantas de climas meridionales.
—Ni una.
—Pero seguramente tendrán higueras.
—Sí, en algunos sitios; pero por lo general su fruto no madura.
—¡Ah!, de manera que higueras. Ya me imaginaba…, ¿y también tienen ustedes almendros?
—No, en absoluto.

Gerald Brenan.

Al Sur de Granada.
Tusquets  Editores.