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lunes, 12 de enero de 2026

ALLÁ EN LAS INDIAS


 






LO QUE TOCA A LA VERDAD III


«Y así, sería muy sano consejo a los historiadores entretener sus historias, no solamente los nueve años que Horacio manda en otras cualesquiera obras, pero aun noventa, para que los que proceden de los culpados tengan color de negar su descendencia, y los nietos de los virtuosos queden satisfechos con cualquier loor que vieren escrito dellos. El temor deste peligro me había quitado el atrevimiento de publicar por agora este libro, hasta que vuestra majestad me hizo a mi tanta merced, y a él tan gran favor, de leerle en el viaje y navegación que prósperamente hizo de La Coruña a Inglaterra; y recebirle por suyo y mandarme que le publicase y hiciese imprimir. Lo cual cumplí en llegando a esta villa de Amberes, los ratos que tuve desocupados de la labor de la moneda de vuestra majestad, que es mi principal negocio. A vuestra majestad suplico reciba en servicio mi trabajo, y tenga por suyo este libro, como lo es el autor del, porque desta manera estará seguro de las mormuraciones, que pocas veces faltan en semejantes obras. En lo cual rescebire señalada merced de vuestra majestad, cuya real persona nuestro Señor guarde, con acrescentamiento de más reinos y señoríos, como por sus criados es deseado.


De Amberes, 30 de marzo de 1555.»


Agustín de Zárate.

Historia del descubrimiento y conquista del Perú.


viernes, 20 de diciembre de 2024

ALLÁ EN LAS INDIAS

 



INDIOS, NEGROS, PUTOS Y CRISTIANOS


«Llegó en fin a Cuareca, donde era señor Torecha, que salió con mucha gente no mal armada a defender la entrada en su tierra si no le contentasen los extranjeros barbudos. Preguntó quiénes eran, qué buscaban y dónde iban. Como oyó ser cristianos, que venían de España y que andaban predicando nueva religión y buscando oro, y que iban a la mar del Sur, díjoles que se tornasen atrás sin tocar a cosa suya, so pena de muerte. Y visto que hacer no lo querían, peleó con ellos animosamente. Mas al cabo murió peleando, con otros seiscientos de los suyos. Los otros huyeron a más correr, pensando que las escopetas eran truenos, y rayos las pelotas; y espantados de ver tantos muertos en tan poco tiempo, y los cuerpos unos sin brazos, otros sin piernas, otros hendidos por medio, de fieras cuchilladas. En esta batalla se tomó preso a un hermano de Torecha en hábito real de mujer, que no solamente en el traje, pero en todo, salvo en parir, era hembra. Entró Balboa en Cuareca; no halló pan ni oro, que lo habían alzado antes de pelear. Empero halló algunos negros esclavos del señor. Preguntó de dónde los habían, y no le supieron decir o entender más de que había hombres de aquel color cerca de allí, con quien tenían guerra muy ordinaria. Estos fueron los primeros negros que se vieron en Indias, y aun pienso que no se han visto más. Aperreó Balboa cincuenta putos que halló allí, y luego quemólos. informado primero de su abominable y sucio pecado. Sabida por la comarca esta victoria y justicia, le traían muchos hombres de sodomía que los matase. Y según dicen, los señores y cortesanos usan aquel vicio, y no el común; y regalaban a los alanos, pensando que de justicieros mordían los pecadores; y tenían por más que hombres a los españoles, pues habían vencido y muerto tan presto a Torecha y a los suyos.»


Francisco López de Gomara.

Historia de la conquista de México.


viernes, 16 de febrero de 2024

ALLÁ EN LAS INDIAS





EL ASIENTO DE CHICHENIZÁ


«Y el adelantado fue dichoso de que no fuesen señores de aquella tierra los Couohes de Champotón, que siempre fueron de más coraje que los Cheles, quienes con el sacerdocio que les dura hasta hoy no son tan orgullosos como otros y por ello concedieron al adelantado que pudiese hacer un pueblo para su gente y les dieron para ello el asiento de Chichenizá, a siete leguas de allí, que es muy excelente, y que desde allí fue conquistando la tierra lo cual hizo fácilmente porque los de Ah Kin Chel no le resistieron y los de Tutu Xiu le ayudaron; y con esto, los demás hicieron poca resistencia.»


Diego de Landa. 
Relación de las cosas de Yucatán.


jueves, 18 de enero de 2024

ALLÁ EN LAS INDIAS




EL AMIGO DEL TIRANO


«Volviendo a nuestra historia, es de saber que en el tiempo que Gonzalo Pizarro estuvo de esta vez en la Ciudad de los Reyes, acaeció la desgraciada muerte de Vela Núñez, hermano del Visorrey Blasco Núñez de Vela, que la causó el capitán Juan de la Torre, el cual se había casado años antes con una india, hija de un curaca de los de la provincia de Puerto Viejo. Los indios, viéndose favorecidos con el parentesco de aquel español, estimándolo más que a sus tesoros, le descubrieron una sepultura de los señores sus antepasados, donde había más de ciento y cincuenta mil ducados en oro y esmeraldas finas. Juan de la Torre, viéndose tan rico, deseó huirse de Gonzalo Pizarro, y venirse a España a gozar de sus riquezas; mas pareciéndole que según los delitos que contra el servicio de Su Majestad había hecho, porque fue uno de los que pelaron las barbas del Visorrey y se las puso por medalla, no venía seguro, tentó a Vela Núñez para que se huyese con él en un navío de los que en el puerto había, para que en España él y sus deudos le apadrinasen y favoreciesen, por haberle sacado de poder del tirano.»


Inca Garcilaso de la Vega.

Historia general del Peru.

viernes, 22 de diciembre de 2023

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TRAS LA CAÍDA DE TENOCHTITLAN


«Como la ciudad de Temixtitán era tan principal y nombrada por todas estas partes, parece que vino a noticia de un señor de una muy gran provincia que está setenta leguas de Temixtitán, que se dice Mechuacán, cómo la habíamos destruido y asolado, y considerando la grandeza y fortaleza de la dicha ciudad, al señor de aquella provincia le pareció que pues que aquella no se nos había defendido, que no habría cosa que se nos amparase; y por temor o por lo que a él le plugo, enviome ciertos mensajeros, y de su parte me dijeron por los intérpretes de su lengua que su señor había sabido que nosotros éramos vasallos de un gran señor, y que si yo tuviese por bien, él y los suyos lo querían también ser y tener mucha amistad con nosotros. Y yo le respondí que era verdad que todos éramos vasallos de aquel gran señor, que era vuestra majestad, y que a todos los que no lo quisiesen ser les habíamos de hacer guerra, y que su señor y ellos lo habían hecho muy bien. Y como yo de poco acá tenía alguna noticia de la mar del Sur, informeme también dellos si por su tierra podían ir allá; y ellos me respondieron que sí; y rogueles que porque pudiese informar a vuestra majestad de la dicha mar y de su provincia, llevasen consigo dos españoles que les daría, y ellos dijeron que les placía de muy buena voluntad; pero que para pasar al mar había de ser por tierra de un gran señor con quien ellos tenían guerra, y que a esta causa no podían por ahora llegar a la mar. Estos mensajeros de Mechuacán estuvieron aquí conmigo tres o cuatro días, y delante dellos hice escaramuzar los de caballo, para que allá lo contasen; y habiéndoles dado ciertas joyas, a ellos y a los dos españoles despaché para la dicha provincia de Mechuacán.»


Hernán Cortés.
Cartas de relación.


lunes, 27 de noviembre de 2023

ALLÁ EN LAS INDIAS


 




CRISTIANOS HAMBRIENTOS


«Partidos estos cuatro cristianos, dende a pocos días sucedió tal tiempo de fríos y tempestades, que los indios no podían arrancar las raíces, y de los cañales en que pescaban ya no había provecho ninguno, y como las casas eran tan desabrigadas, comenzóse a morir la gente; y cinco cristianos que estaban en rancho en la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros, hasta que quedó uno solo, que por ser solo no hubo quien lo comiese. Los nombres de ellos son éstos: Sierra, Diego López Coral, Palacios, Gonzalo Ruiz. De este caso se alteraron tanto los indios, y hobo entre ellos tan gran escándalo, que sin duda si al principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viéramos en grande trabajo. Finalmente, en muy poco tiempo, de ochenta hombres que de ambas partes allí llegamos, quedaron vivos solos quince; y después de muertos éstos, dio a los indios de la tierra una enfermedad del estómago, de que murió la mitad de la gente de ellos, y creyeron que nosotros éramos los que los matábamos; y teniéndolo por muy cierto, concertaron entre sí de matar a los que habíamos quedado. Ya que lo venían a poner en efecto, un indio que a mí me tenía les dijo que no creyesen que nosotros éramos los que los matábamos, porque si nosotros tal poder tuviéramos, excusáramos que no murieran tantos de nosotros como ellos vían que habían muerto sin que les pudiéramos poner remedio; y que ya no quedábamos sino muy pocos, y que ninguno hacía daño ni perjuicio; que lo mejor era que nos dejasen. Y quiso nuestro Señor que los otros siguiesen este consejo y parescer, y ansí se estorbó su propósito.»


Alvar Núñez Cabeza de Vaca.

Naufragios y comentarios.

Espasa Calpe.


domingo, 29 de octubre de 2023

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A TIERRA FIRME


«A Diego de Nicuesa y Alonso de Hojeda, que fueron los primeros conquistadores de tierra firme de Indias, dio el rey una instrucción de diez o doce capítulos. El primero, que les predicasen los Evangelios. Otro, que les rogasen con la paz. El octavo, que queriendo paz y fe fuesen libres, bien tratados y muy privilegiados. El nono, que si perseverasen en su idolatría y comida de hombres y en la enemistad, los cautivasen y matasen libremente, que hasta entonces no se consentía. Alonso de Hojeda, natural de Cuenca, que fue capitán de Colón contra Caonabo, armó el año de 8, en Santo Domingo, cuatro navíos a su costa y trescientos hombres. Dejó al bachiller Martín Fernández de Enciso, su alcalde mayor por cédula del rey, para llevar tras él otra nao con ciento y cincuenta españoles y mucha vitualla, tiros, escopetas, lanzas, ballestas y munición, trigo para sembrar, doce yeguas y un hato de puercos para criar; y él partió de la Beata por diciembre. Llegó a Cartagena, requirió los indios, e hízoles guerra como no quisieron paz, mató y prendió muchos. Hubo algún oro, mas no puro, en joyas y arreos del cuerpo. Cebóse con ello y entró la tierra adentro cuatro leguas o cinco, llevando por guía ciertos de los cautivos.»


Francisco López de Gomara.

Historia de la conquista de México.


martes, 20 de junio de 2023

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EL ADELANTADO FRANCISCO DE MONTEJO


«Que en este tiempo que Montejo estuvo en la corte negoció para sí la conquista de Yucatán aunque pudo haber negociado otras cosas: le dieron el título de adelantado y se vino a Sevilla llevando a un sobrino suyo de trece años de edad y de su mismo nombre, y a Sevilla halló a su hijo de 28 años a quien llevó consigo. Trató palabras de casamiento con una señora de Sevilla, viuda rica, y así pudo juntar 500 hombres a quienes embarcó en tres navíos. Siguió su viaje y aportó a Cuzmil, isla de Yucatán, donde los indios no se alteraron porque estaban domesticados con los españoles de Cortés, y que allí procuró saber muchos vocablos de los indios para entenderse con ellos, y que de allí navegó a Yucatán y tomó posesión diciendo un alférez suyo con la bandera en la mano:

En nombre de Dios tomo la posesión de esta tierra por Dios y por el rey de Castilla.»



Diego de Landa. 
Relación de las cosas de Yucatán.


domingo, 14 de mayo de 2023

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EL PERRO AUCA


«Llegando a lo alto del cementerio, en derecho del cabildo de la ciudad, donde estaba Garcilaso de la Vega, mi señor, que era Corregidor entonces, y Teniente el Licenciado Monjaraz, que fue un letrado de mucha prudencia y consejo, desechó el indio cañari la manta que llevaba en lugar de capa, y uno de los suyos se la tomó de los hombros, y él quedó en cuerpo con otra manta ceñida (como hemos dicho que se la ciñen cuando quieren pelear o hacer cualquier otra cosa de importancia); llevaba en la mano derecha una cabeza de indio contrahecha asida por los cabellos. Apenas la hubieron visto los Incas, cuando cuatro o cinco de ellos arremetieron con el cañari y lo levantaron alto del suelo para dar con él de cabeza en tierra. También se alborotaron los demás indios que había de la una parte y de la otra del tablado donde estaba el Santísimo Sacramento; de manera que obligaron al Licenciado Monjaraz a ir a ellos para ponerlos en paz. Preguntó a los Incas que por qué se habían escandalizado. El más anciano respondió diciendo: 

—Este perro auca, en lugar de solemnizar la fiesta, viene con esta cabeza a recordar cosas pasadas que estaban muy bien olvidadas.»



Inca Garcilaso de la Vega.

Historia general del Peru.


sábado, 29 de abril de 2023

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SOBRE EL VENENO Y EL ACERO


«Llegó a una aldea de cien casas y trescientos vecinos. Combatióla, y retiróse sin tomarla. Defendiéronse tan bien los indios, que mataron setenta españoles y a Juan de la Cosa, segunda persona después de Hojeda, y se los comieron. Tenían espadas de palo y piedra, flechas con puntas de hueso y pedernal y untadas de yerba mortal; varas arrojadizas, piedras, rodelas y otras armas ofensivas. Estando allí llegó Diego de Nicuesa con su flota, de que no poco se holgaron Hojeda y los suyos. Concertáronse todos, y fueron una noche al lugar donde murió Cosa y los setenta españoles: cercáronlo, pusiéronle fuego, y como las casas eran de madera y hoja de palmas, ardió bien. Escaparon algunos indios con la oscuridad; pero los más, o cayeron en el fuego o en el cuchillo de los nuestros, que no perdonaron sino a seis muchachos. Allí se vengó la muerte de los setenta españoles. Hallose debajo de la ceniza oro, pero no tanto como quisieran los que la escarbaron.»


Francisco López de Gomara.

Historia de la conquista de México.


martes, 14 de marzo de 2023

ALLÁ EN LAS INDIAS

 





TIERRA QUEMADA


«Por un indio que tomé en el camino cuando venía acá, supe que todos los señores desta tierra estaban avisados de Mango Inga, con mensajeros que vinieron delante de mí, haciéndole saber, si querían que diésemos la vuelta como Almagro, que escondiensen el oro, porque como nosotros no buscamos otra cosa, no hallándolo, haríamos lo que él; y que asimesmo quemasen las comidas, ropa y lo que tenían. Cumpliéronlo tan al pie de la letra, que las ovejas que tenían se comieron y arrancaron todos los algodonales y quemaron la lana, no se doliendo de sus propias carnes, que por sólo que los viésemos no tener nada, se quedaron desnudos, quemando la propia ropa dellos y por temor de las sementeras, que dende a tres meses se recogían creyendo éramos más cristianos, nos sirvieron cuatro o cinco meses bien. Con recelo que se habían de rebelar los indios, como me decían lo habían acostumbrado, pareciéndome que éstos no podían hacer menos, siendo una la condición de todos, atendí a me velar muy bien y andar sobre aviso y a encerrar comida y metí tanta, que bastaba para nos sustentar dos años, porque había grandes sementeras, que es esta tierra fertilísima de comidas, porque si algo hiciesen no faltase al soldado de comer, porque con esto hacen la guerra.»


Pedro de Valdivia.

Cartas que trata del descubrimiento y conquista de Chile.


martes, 28 de febrero de 2023

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LO QUE TOCA A LA VERDAD II


«Cuando acabé esta relación salí de la opinión, en que hasta entonces estuve, de culpar a los historiadores porque en acabando sus obras no las sacan a luz, creyendo yo que su pretensión era que el tiempo encubriese sus defectos, consumiendo los testigos del hecho; pero agora entiendo la razón que tienen para lo que hacen en esperar que se mueran las personas de quien tratan, y aun algunas veces les venía bien que peresciesen sus descendientes y linaje; porque en recontar cosas modernas hay peligro de hacer graves ofensas, y no hay esperanzas de ganar algunas gracias, pues el que hizo cosa indebida, por livianamente que se toque, siempre quedara quejoso de haber sido el autor demasiado en la culpa de que le infama, y corto en la desculpa que él alega. Y por el contrario, el que merece ser alabado sobre alguna hazaña, por perfectamente que el historiador la cuente, nunca dejara de culparle de corto, porque no refirió mas copiosamente su hecho hasta hinchir un gran volumen de solas sus alabanzas. De lo cual procede necesitarse el que escribe a traer pleito, o con el que reprende, por lo mucho que se alargó, o con el que alaba, por la brevedad de que usó.


De Amberes, 30 de marzo de 1555.»


Agustín de Zárate.
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

jueves, 26 de enero de 2023

ALLÁ EN LAS INDIAS

 




MUJER, DINERO O RELIGIÓN


«Llegado yo a Büderich y siendo informado de que Rheinberg estaba muy mal provista, salí en campaña con la gente de Taxis y alguna de la villa de Güeldres y me puse en la abadía de Kamp, desde donde tenía tan apretada a la villa que le era forzado al enemigo venirla a socorrer o perderla. Más dándome cierta enfermedad me vi obligado a ir a Büderich, donde recibí orden duplicada de su Alteza para que fuese a Bonn; trayéndome una de ellas un caballero inglés, teniente de la compañía de caballos del capitán Rowland York, que estaba de guarnición en la villa de Deventer, el cual había ido a la corte a solicitar la compañía por la muerte de su capitán y volvía mal satisfecho, según yo colegí por sus palabras. Su alteza me escribía en la carta que tuviese cuidado con él porque no le contentaba su manera de hablar ni de proceder, y así entreteniéndole dos o tres días despaché un mensajero al conde Herman diciéndole que estuviese sobre aviso. Llegado a Deventer, fue con su hermano a hablarle al conde, a quién halló comiendo, y ofreciéndole que se sentase a su mesa y le hiciese compañía, comenzó él a hablar asperamente y echando mano a la espada acometió al conde tan resuelto que si no fuera por los que estaban con él en la mesa, sin duda lo matará; más levantándose con presteza tomó sus armas y mató a ambos hermanos, sin que jamas se haya sabido la causa que les movió a hacerlo.»


Francisco Verdugo.

La guerra de Frisia.

Ediciones Platea.


Edición de Hugo Cañete.


martes, 20 de diciembre de 2022

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 GUERRA EN IGUAZÚ


«En este tiempo llegaron a la Ciudad de la Asunción ciertos caciques principales de la provincia del Guairá a pedir al General Domingo de Irala les diese socorro contra sus enemigos los Tupíes de la costa del Brasil, que con continuos asaltos los molestaban y hacían muy graves daños y robos con favor y ayuda de los portugueses de aquella costa, obligándole a ello el manifestarse vasallos de S. M., y que como tales debían ser amparados y favorecidos; de modo que el General habido su acuerdo sobre una petición tan justa, determinó ir en persona a remediar estos agravios; y prevenido de lo necesario, aprestó una buena compañía de soldados, y otros muchos indios amigos, y caminó por tierra con su gente, y pasando por muchos pueblos de indios de aquella provincia con mucho aplauso y amistad de toda la tierra, llego al río Paraná a un puerto arriba del gran Salto, donde los indios de aquel río vinieron a recibir al General proveyéndole de bastimentos y demás menesteres, y en sus canoas y balsas pasó a la otra parte a un pueblo de un cacique llamado Guairá, de quien fue muy bien recibido y hospedado. Convocados los indios de aquella provincia, juntó mucha cantidad de ellos, y por su parecer navegó el Paraná arriba, hasta los pueblos de los Tupíes, los cuales con mucha presteza se convocaron y tomaron armas, saliéndoles a recibir por el río y por tierra, y tuvieron una reñida pelea en un peligroso paso del río que llaman el Salto de Albañandaba, o paso del Anembí, y desbaratados los enemigos fueron puestos en huida, y entraron los nuestros al pueblo principal de la comarca, donde mataron mucha gente, y pasando adelante tuvieron otros muchos encuentros, con que dentro de pocos días trajeron a su sujeción y dominio aquellos habitantes, y después de algunos tratados de paz prometieron no hacer más guerra a los indios Guaraníes de aquel Gobierno, ni entrar por sus tierras, como antes lo habían hecho.»


Ruy Díaz de Guzmán.

Anales del descubrimiento, población y conquista del Río de la Plata.



domingo, 20 de noviembre de 2022

ALLÁ EN LAS INDIAS



HAMBRE EN EL EDEN


«Y cuando volvimos al real se repartió la gente en soldados y trabajadores, así que no quedase uno sin qué hacer. Y se levantó allí una ciudad con un muro de tierra como de media lanza de alto a la vuelta, y adentro de ella una casa fuerte para nuestro general; el muro de la ciudad tenía de ancho unos tres pies; mas lo que un día se levantaba se nos venía abajo al otro; a esto la gente no tenía qué comer, se moría de hambre, y la miseria era grande; por fin llegó a tal grado que ya ni los caballos servían, ni alcanzaban a prestar servicio alguno. Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas, ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad e inaudita miseria; llegamos hasta comernos los zapatos y cueros todos. Y aconteció que tres españoles se robaron un rocín y se lo comieron sin ser sentidos; mas cuando se llegó a saber los mandaron prender e hicieron declarar con tormento; y luego que confesaron el delito los condenaron a muerte en horca, y los ajusticiaron a los tres. Esa misma noche otros españoles se arrimaron a los tres colgados en las horcas y les cortaron los muslos y otros pedazos de carne y cargaron con ellos a sus casas para satisfacer el hambre. También un español se comió al hermano que había muerto en la ciudad de Bonas Ayers.»


Ulrich Schmidel.

Viaje al Río de la Plata

martes, 11 de octubre de 2022

ALLÁ EN LAS INDIAS


 




AL PARTIR LA TIERRA II


«Y pues está a tiempo de obrar, le convendrá tener particular cuidado después de haber poblado con aplauso de los señores de la tierra. Las estancias que diere para sembrar y criar ganados a los españoles, sean sin perjuicio de los naturales. Y para repartir y encomendar los indios convendrá mucho que antes que lo haga, tenga llana la tierra y muy trillada y hecha la descripción general de los señores que la gobernaban al tiempo que la entraron y por minuta y lista tomados sus nombres sin que se oculte ninguno, y con artificio y regalo hará que den la cuenta de todos sus sujetos y principales: y la descripción de como queda dicho habrán hecho al correr de la tierra, y que digan unos caciques de otros. Y en el pueblo y ciudad se hará la propia diligencia, y hecha, nuestro caudillo repartirá por provincias, dividiendo y apartando e incluyendo en cada una los señores que cómodamente quedaren dentro de ella, y luego numerará los indios, habiendo numerado los señores que los sujetan, y así juntará toda la suma, y visto el número considerará las granjerías de la tierra, si hay perlas, oro, o piedras de precio, o si se ha de tratar de sola industria, como es hacer ingenios de azúcar, obrajes, ganados, sementeras y otras cosas de menos valor: y con esta consideración repartirá la tierra y señalará los indios, más o menos, conforme los aprovechamientos que hubiere en cada provincia; y hecho este discurso y consideración y que no le sea cosa oculta en la tierra, apuntará y encomendará los indios, por sus pueblos, o caciques, capitanes y principales: o por casas, o por cabezas, o parentelas, o valles, conforme la tierra y su disposición ofreciere: considerando también de los españoles la cantidad y méritos; y así, a unos más y a otros menos, pesando y midiendo el valor de cada uno y la sustancia de los indios, porque en un valle o sitio valdrán más cuatro que en otro ocho.


Bernardo de Vargas Machuca.

Milicia Indiana.

viernes, 30 de septiembre de 2022

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NOVATOS



«Para ejercitar los de grave armadura, hacían de mimbre teñido unos escudos redondos, que pesasen doblado que los escudos comunes, y así mismo unas mangas de palo, que también pesasen al doble que las espadas, e hincando en tierra unos palos que estando muy firmes se descubriesen seis pies de ellos, hacían que en tiempo de paz, o de quietud todos los soldados, especialmente los nuevos combatiesen una hora a la mañana, y otra a la tarde contra aquellos palos con los escudos y mangas sobredichas, haciendo todos los actos de herir, y preparar, y todos los movimientos, que si los palos fueran hombres enemigos les fuera necesario hacer. A los tiradores, arqueros, honderos, etc. hacían que cada día así mismo se ejercitasen dos horas en tirar cada uno con su arma, o instrumento, los de a caballo así mismo además de ejercitarse en el manejo de sus armas, aprendían a saltar armados a caballo, por saberlo hacer con destreza en las necesidades, que en fin ninguno teme tanto hacer lo que ha bien, aprendía, como lo que no sabe.»



Sancho de Londoño.

Discurso sobre la forma de reducir la Disciplina Militar a mejor y antiguo estado.


miércoles, 17 de agosto de 2022

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UN HERMOSO NO PASARÁN


«En seis días que estuvimos en esta ciudad de Tacuba ninguno hobo en que no tuviésemos muchos reencuentros y escaramuzas con los enemigos. E los capitanes de la gente de Tascaltecal y los suyos hacían muchos desafíos con los de Temixtitán, y peleaban los unos con los otros muy hermosamente, y pasaban entre ellos muchas razones, amenazándose los unos con los otros, y diciéndose muchas injurias, que sin duda era cosa para ver, y en todo este tiempo siempre morían muchos de los enemigos sin peligrar ninguno de los nuestros porque muchas veces les entrábamos por las calzadas y puentes de la ciudad, aunque como tenían tantas defensas nos resistían fuertemente. E muchas veces fingían que nos daban lugar para que entrásemos dentro, diciéndonos: «Entrad, entrad a holgaros», y otras veces nos decían: «¿Pensáis que hay agora otro Muteczuma, para que haga todo lo que quisiéredes?» Y estando en estas pláticas, yo me llegué una vez cerca de una puente que tenían quitada, y estando ellos de la otra parte, hice señal a los nuestros que estuviesen quedos; y ellos también, como vieron que yo les quería hablar, hicieron callar a su gente, y díjeles que por qué eran locos y querían ser destruidos. Y si había allí entre ellos algún señor principal de los de la ciudad, que se llegase allí, porque le quería hablar. Y ellos me respondieron que toda aquella multitud de gente de guerra que por allí veía, que todos eran señores; por tanto, que dijese lo que quería. Y como yo no respondí cosa alguna, comenzáronme a deshonrar; y no sé quién de los nuestros díjoles que se morían de hambre y que no les habíamos de dejar salir de allí a buscar de comer. Y respondieron que ellos no tenían necesidad, y que cuando la tuviesen, que de nosotros y de los de Tascaltecal comerían.»

Hernán Cortés.
Cartas de relación.

domingo, 24 de julio de 2022

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AGUAS Y VIENTOS


«Con razón podrían dudar los que leyeren esta historia de la causa por que no llueve en todos los llanos del Perú, como arriba está dicho, habiendo razones de que en ellos hubiese de haber grandes lluvias, pues tienen tan cerca de la una parte la mar, que comúnmente engendra humedades y vapores, y de la otra las altas sierras, de que hemos hecho relación, donde nunca faltan nieves y aguas; y la razón natural que hallan los que con diligencia lo han inquirido es, que en todos estos llanos y costa de la mar corre todo el año un solo viento, que los marineros llaman sudoeste, que viene prolongando la costa, tan impetuoso, que no deja parar ni levantar las nubes o vapores de la tierra ni de la mar a que lleguen a congelarse a la región del aire; y de las altas sierras que exceden estos vapores o nubes se ven abajo, que paresce que son otro cielo, y sobre ellos está muy claro, sin ningún nublado; y este viento causa también correr las aguas de aquella mar hacia la parte del norte, como corren, aunque algunos dan para ello otra causa, que como la mar del Sur va a embocar por el estrecho de Magallanes, y por ser tan angosto, que no tiene más de dos leguas, no puede caber por él tan gran pujanza de agua, especialmente encontrándose allí con las aguas del mar del Norte, que le estorban la entrada; y así, no pudiendo caber toda el agua por allí, necesariamente tiene de hacer refluxion y retraerse hacia atrás; y así, es causa de que las corrientes vuelvan atrás contra el norte; de donde nace otro inconveniente, que es ser por esta razón tan dificultosa la navegación de Panamá para el Perú, porque siempre tienen el viento contrario, y mucha parte del año también las corrientes, que si no van a la bolina y forcejando contra el viento, no es posible navegar.»

Agustín de Zárate.
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

miércoles, 22 de junio de 2022

ALLÁ EN LAS INDIAS


















UN TANTITO ENCALABRIADOS 

                                                           

«Tienen buena estatura, pocas barbas y pelos, fuera de la cabeza y cejas, en especial las mujeres. Dicen que se los quitan y matan con cierta yerba y polvos de unas como hormigas; andan desnudos en general, principalmente las cabezas. Traen metido lo suyo en un caracol, caña o cañuto de oro, y los compañeros de fuera. Los señores y principales visten mantas de algodón, a fuer de gitanas, blancas y de color. Las mujeres se cubren de la cinta a la rodilla, y sí son nobles, hasta el pie. Y estas tales traen por las tetas unas barras de oro, que pesan algunas doscientos pesos, y que están primamente labradas de flores, peces, pájaras y otras cosas relevadas. Traen ellas, y aun ellos, zarcillos en las orejas, anillas en las narices y bezotes en los bezos. Casan los señores con cuantas quieren; los otros, con una o con dos, y aquélla no hermana, ni madre, ni hija. No las quieren extranjeras ni desiguales. Dejan, truecan y aun venden sus mujeres, especial si no paren; empero es el divorcio y apartamiento estando ella con su camisa, por la sospecha del preñado. Son ellos celosos, y ellas buenas de su cuerpo, según dicen algunos. Tienen mancebías públicas de mujeres, y aun de hombres en muchos cabos, que visten y sirven como hembras sin les ser afrenta, antes se excusan por ello, queriendo, de ir a la guerra. Las mozas que yerran echan la criatura, con yerbas que para ello comen, sin castigo ni vergüenza. Múdanse como alárabes, y ésta debe de ser la causa de haber chicos pueblos. Andan los señores en mantas a hombros de sus esclavos, como en andas; son muy acatados; ultrajan mucho los vasallos; hacen guerra justa e injustamente sobre acrecentar su señorío. Consultan las guerras los señores y sacerdotes sobre bien borrachos o encalabriados con humo de cierta yerba. Van muchas veces con los maridos a pelear las mujeres, que también saben tirar de un arco, aunque más deben ir para ser vicio y deleite.»

Francisco López de Gomara.
Historia de la conquista de México.