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miércoles, 28 de abril de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







SOBRE CHISMES Y OTRAS BIOLOGÍAS

Mi postura presentaba la incomodidad añadida de que mi despacho y mi laboratorio se encontraban en el edificio de los laboratorios biológicos, la cabeza de puente de la física y la química, que pronto empezó a llenarse de biólogos moleculares generosamente subvencionados. El ambiente se fue volviendo deprimentemente tenso. Watson ni se dignaba darse por enterado de mi presencia cuando nos cruzábamos en el vestíbulo, aunque no hubiera nadie cerca. Yo no sabía qué hacer: si pagarle con la misma moneda, fingiendo no darme cuenta de su existencia (algo imposible) o si humillarme insistiendo en mantener la cortesía sureña (imposible también). Me decidí por saludarle con un gruñido. La actitud de los aliados de Watson oscilaba entre la indiferencia y la gelidez, con la excepción de George Wald, que adoptó una actitud olímpica. Se mostraba amistoso, pero absolutamente pagado de sí mismo y con una condescendencia teatral. En las pocas ocasiones en las que hablamos, no pude evitar la sensación de que Wald, en realidad, se dirigía a un público imaginario, de cientos de espectadores, sentado detrás de mí. De hecho a finales de los sesenta cedió a esta segunda vocación, dedicándose a la oratoria política y moral ante las grandes audiencias. En los momentos álgidos de la agitación estudiantil que afecto a Harvard y a todas las demás universidades, Wald era el orador favorito de las multitudes de estudiantes activistas. Era de esos intelectuales elegantes y poco mundanos que ponen en marcha la revolución y son de los primeros ejecutados por ella. Y en lo referente al futuro de nuestra ciencia, estaba de acuerdo con Watson: sólo existe una biología, declaro en cierta ocasión, y es la biología molecular.

Edward O. Wilson.
El naturalista.
Editorial Debate.

sábado, 24 de abril de 2021

OBITER DICTUM






Aun cuando al concluir la guerra civil pusieran fin a las masacres indiscriminadas de 1918-19, se aseguraron de dejar intactas las leyes e instituciones que habían hecho posibles esos episodios. Una vez que Stalin se convirtió en amo indiscutido de la Rusia soviética, tenía a su alcance todos los instrumentos de que precisaba para reinstaurar el terror a una escala mucho más vasta. Este hecho por sí solo demuestra que, para los bolcheviques, el terror no era un arma defensiva, sino un instrumento de gobierno.

Richard Pipes.

miércoles, 21 de abril de 2021

OBITER DICTUM




«Sobre la entrada principal del palacio, que lleva al salón de estado o cámara del concejo, de mármol, hay un cartel en el que está escrita en inglés la palabra «Bienvenidos». Dicen que cuando fue pintado el cartel hubo un ligero malentendido sobre su destino, y originalmente se lo colgó en la cárcel; pero al cabo de un tiempo se observó el error, y fue transferido a su ubicación actual.»


J.R. ACKERLEY.


martes, 20 de abril de 2021

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Islas, flotantes islas que salieron en busca
de los íntimos soles y las lluvias amantes.
Por años sumergidas se asomaron al mundo
para oír las canciones de lejanas tabernas
y el derrumbe sonoro de campanas fundidas
por los adolescentes guerrilleros
y ver la extraña luz que anuncia el maremoto
y las olas que traen restos de proas náufragas
y lampreas gigantes que antes aprisionaron
alevosas madréporas.

Pero yo estaba hablando del rumbo de otras islas,
símbolos vagos de una actividad poderosa, interior
como el resorte oculto de los órganos
que aman las abadías y los Café-Concert.
Y ahora me distrae esta otra búsqueda
de islas verdaderas con orillas fragantes
como esas que vieron, Gauguin, Conrad, Stevenson,
los misioneros locos, los médicos borrachos,
las mujeres venidas de las tierras calientes
en los barcos sin sueño,
traídas por el destino, la resaca, la marea de Dios.

Raúl González Tuñón.

viernes, 16 de abril de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


















LAS CUPLETISTAS DE OSVALDO JOVE

"En Entrebo, en la parroquia de Labrada de Buriz, partido de Villalba, condado de Montenegro y diócesis de Mondoñedo, había un cojo llamado Osvaldo Jove. Sentado parecía un gigante, pero se ponía de pie y aquel pecho poderoso y el vientre rotundo descansaba en dos piernas curvas y cortas. Pero con ellas, teje que teje, hacía Osvaldo mucho camino, y era cazador de fama. Iba al monte sin perros, pero poseía más vientos que un perdiguero de Burgos en las mañanas tempranas. Llevaba siempre Osvaldo en el bolsillo una libreta en cuyas páginas tenía pegados retratos de las artistas que venían allá por los años diez en las cajas de cerillas, y cuando se aburría, sacaba del bolsillo la libreta y se quedaba como tonto admirando aquellas blancas mantecas, y siempre terminaba por sonreírles, y sonreírse a sí mismo. Un día vio, en «El Progreso» de Lugo, la esquela de un tal don Oswaldo, con lo cual pasó a escribir su nombre con la misma ortografía, sustituyendo la v por la w. A Oswaldo, pues, las que menos le gustaban de las fulanas del cupletismo, eran la francesa Cleo de Merode, y una bilbaína que se llamaba Dora la Menchaca. Prefería la Chelito a la Fornarina, y a Amalia Molina no le concedía mérito alguno. Cuando juntaba algún dinero, ya porque vendiese unos pinos, ya porque había criado un par de muletos, bajaba a Baamonde, tomaba el tren, y se iba a Madrid, a verlas de carne y hueso. En uno de esos viajes, gastó todo el dinero y regresó a pie desde la capital, según él cazando por Castilla y León conejos a pedradas, y pescando alguna trucha en los ríos. En Lugo pidió prestadas cinco pesetas para poder llegar en tren a Baamonde, fumando un puro que le diera un Montenegro de Begonte. De este viaje trajo consigo un libro que enseñaba a predecir el tiempo y a curar dolencias del ganado. También trajo la Desesperación de Espronceda, comprada en la Puerta del Sol madrileña, y una oración contra el pedrisco."

Alvaro Cunqueiro.
Viajes imaginarios y reales.
Tusquets Editores.

jueves, 15 de abril de 2021

OBITER DICTUM



 

«La subversión fue tal que no sólo en el taller mandaba el aprendiz, en el Banco un ordenanza y en la Biblioteca Nacional un mozo de almacén, sino que en los propios centros oficiales y ministerios se colocaron sobre el ministro unos pequeños soviets o comités de control.»



Clara Campoamor.

lunes, 12 de abril de 2021

OBITER DICTUM






"Y, además, porque opino que el periodismo, aun el más ligero y el más superficial, tiene cierto derecho a entrar en la Historia, si bien no pueda nunca desempeñar en ella un papel mucho más brillante que el que desempeña en un reloj una aguja de marcar los segundos."

Julio Camba.

jueves, 8 de abril de 2021

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





VIAGEM



É o vento que me leva.
O vento lusitano.
É este sopro humano
Universal
Que enfuna a inquietação de Portugal.
É esta fúria de loucura mansa
Que tudo alcança
Sem alcançar.
Que vai de céu em céu,
De mar em mar,
Até nunca chegar.
E esta tentação de me encontrar
Mais rico de amargura
Nas pausas da ventura
De me procurar…

Miguel Torga.

domingo, 4 de abril de 2021

ALLÁ EN LAS INDIAS






                           VAE VICTIS!


"Una vez vide que, teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen, y el alguacil, que era peor que verdugo que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogallos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen y atizóles el fuego hasta que se asaron de espacio como él quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí, que por un cristiano que los indios matasen, habían los cristianos de matar cien indios."

Bartolomé de las Casas.
Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

sábado, 3 de abril de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL ÚLTIMO WALS DE VICTORIA


Por fin vamos a enterrar a la Reina Victoria. Por fin hoy es la víspera de este gran acontecimiento que, según dice la Prensa, «formará época en la historia de los más solemnes funerales”. Escribo en Paddington, momentos antes de tomar el tren para Windsor, donde pasaré una noche toledana.
El público asalta los trenes. Generalmente se cree que en Windsor podrá verse la ceremonia sin tanto riesgo como en Londres y sin gastar tanto. El más infecto ventanuco de Londres cuesta cincuenta duros.
Como hay gentes para todos los gustos, los hay dispuestos a morir mañana mismo por ver el paso del entierro. Oigo hablar tranquilamente de que se preparan angarillas para muertos y heridos... Todo el mundo está resuelto a que le apabullen y aplasten.
Aunque hace un frío inusitado, son muchos los vecinos de Londres que pasarán la noche a la intemperie de Hyde Park. A las nueve de la mañana no se podrá dar un paso en el parque más vasto de Europa. Y todo el mundo contento y orgulloso. La actitud del pueblo, decidido a morir por ver un ataúd, se presta a una triste psicología, que no debo analizar en el instante de salir para Windsor. Estamos en el siglo XX. Hay que recordarlo. Estamos en el siglo XX, y el pueblo inglés, que se juzga a sí mismo el más civilizado del mundo, va a que le despampanen por ver el nuevo uniforme del Emperador de Alemania, algunas testas coronadas, una caja mortuoria arrastrada en una cureña de cañón, y muchos soldados, muchas espadas, muchas bayonetas y muchas grupas de caballos que contendrán la infantil curiosidad de las masas suicidas.

Luis Bonafoux
Por el mundo arriba.
Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas.

jueves, 1 de abril de 2021

OBITER DICTUM


 



«Su canción preferida era “La canastera”, que se oía hasta la saciedad por las calles, cantada por las niñas cuando jugaban, por las criadas a través de las abiertas ventanas de los patios. También cantaban dos canciones dedicadas al tabaco, aunque ninguna de las costureras fumaba, “Fumando espero” y el tango “Nubes de humo”.»



Fernando Fernán Gómez.