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lunes, 24 de octubre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




SER Y PARECER


«La apropiación del ejército por parte de Napoleón certificó la toma del poder de este, y le permitió instaurar un régimen más eficazmente represivo que ninguno administrado por el rey. Sin embargo, la represión de Napoleón no pareció ser la traición que fue, porque el ejército, que era la última garantía del Imperio, siguió siendo, en el estilo y en el ethos, una criatura de la Revolución. A fin de cuentas, era antiborbónico, anticlerical, igualitario, receptivo al talento. Millares de jóvenes franceses podían intentar evitar servir bajo sus banderas. Pero mientras estas fueran tricolores, mientras proclamasen «libertad, igualdad y fraternidad», a los que aún les importaba podían consolarse con la creencia de que la Revolución vivía. El ejército, ese extraordinario organismo, que marchaba con un millón de piernas sincronizadas bajo una única voz, que se levantaba y comía y dormía según un horario, que practicaba la puntualidad, que se movía al unísono con el redoble del tambor, que hablaba un lenguaje particular de sumisión y mando, al que se debía más lealtad que a la familia o al lugar, y que, en suma, no parecía haber bajo los extensos cielos de Francia otra institución que hubiese sido en mayor grado, con sus guerreras blancas, a la vez el símbolo del poder de los reyes y su agente; y que, en cambio, vestido de azul, representaba las victorias de la Bastilla, las Tullerías, el Campo de Marte, y personificaba, aunque fuese de manera oculta, el principio de la soberanía popular.»


Inteligencia Militar.

John Keegan.

Turner Noema.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ILUSOS


«La situación de la Confederación al comienzo de la guerra de Secesión era intrínsecamente débil. Según todos los indicadores materiales (población, desarrollo industrial, longitud de sus ferrocarriles, por mencionar solo algunos), su capacidad bélica era mucho menor que la del Norte. De los treinta y dos millones de habitantes de Estados Unidos, solo cinco millones vivían en los once estados secesionistas (sin contar los cuatro millones de negros a los que, por ser esclavos, la Confederación nunca les confiaría un arma). De los cuarenta y ocho mil kilómetros de líneas férreas que existían en el país, treinta y cinco mil doscientas se encontraban en los estados del Norte. El Norte producía el noventa y cuatro por ciento de los productos manufacturados y la mayor parte de las materias primas, incluyendo el hierro, el acero y el carbón. El Sur también era una región rica, pero rica en algodón, tabaco, arroz y caña de azúcar; cultivos que los agricultores sureños vendían en el extranjero y cuya exportación el Norte podía interrumpir, cosa que logró de hecho con el bloqueo de las costas confederadas una vez que el Sur se declaró en secesión.»


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Inteligencia Militar.
John Keegan.
Turner Noema.