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miércoles, 8 de enero de 2025

OBITER DICTUM

 



«En los barrios judíos de Nueva York, durante la fiesta de año nuevo, puedes ver a chicos y chicas vestidos no sé si para una boda o para una fotografía coloreada, igual que en Šiauliai: zapatos de charol, medias naranja, vestidos blancos de encaje, un pañuelo multicolor y una peineta española en el pelo en el caso de las mujeres, y los mismos zapatos y una extraña mezcla de levita, chaqueta y esmoquin para los hombres. Y encima de la barriga, una cadena de oro auténtico o estadounidense —del mismo tamaño y peso que las cadenas que cierran las puertas de servicio para prevenir la entrada de ladrones—. Los que ayudan en la liturgia llevan chales de rayas. Los niños juegan con cientos de postales festivas con corazones y palomas —son postales de las que se anegan estos días todos los carteros de Nueva York, y que son el único artículo de consumo mayoritario en los grandes almacenes en todas las vísperas de festivos.»

Vladimir Maiakovski.


sábado, 11 de enero de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LA PAJA EN EL OJO AJENO

«Estuve en  (una urbanización de Nueva York con una playa para la gente de clase media). Jamás había visto nada más asqueroso que los edificios que poblaban la orilla. No podría permanecer en semejante pitillera de Carelia ni siquiera dos horas. Todas las casas estandarizadas son iguales, como las cajas de cerillas de la misma marca, tienen la misma forma. Están tan apiñadas como los pasajeros de un tranvía que vuelve del parque de Sokólniki una tarde dominical de primavera. Al abrir la ventana del cuarto de baño puede ver todo lo que pasa en el cuarto de baño de al lado, y si su vecino tiene la puerta abierta, a través de su casa también puede ver el baño de la casa siguiente. Las casas están alineadas sobre las estrechas cintas de las calles como unos soldados durante un desfile: con una oreja pegada a la otra. Los materiales de construcción son tales que puedes escuchar no solo cada suspiro y susurro de tu vecino enamorado, sino también distinguir los matices más sutiles de los aromas de la comida en su mesa. Una urbanización de ese tipo es la base perfecta para el provincialismo y los rumores a escala mundial. Incluso los edificios más nuevos y confortables parecen temporales, porque los Estados Unidos en general, y Nueva York en particular, están siempre en obras, en obras permanentes. Derriban edificios de diez pisos para construir otros de veinte, derriban los de veinte pisos para construir los de treinta, y luego los de cuarenta, etcétera.»

Vladimir Maiakovski
America

Gallo Nero Ediciones

viernes, 2 de agosto de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



LOS DÍAS FELICES


«Las clases lo son de verdad. En la primera viajan comerciantes, fabricantes de sombreros y cuellos, primeras figuras del arte y monjas. Son gente extraña: tienen nacionalidad turca, solo hablan inglés, viven en México y representan a empresas francesas con pasaportes paraguayos y argentinos. Son los colonizadores de hoy, la flor y nata de lo peorcito de México. Siguiendo con la tradición de los acompañantes y los herederos de Colón, que expoliaban a los indios, hacen que las personas de piel roja se deslomen en las plantaciones habaneras a cambio de unas corbatas rojas que hacen que los negros comulguen con la civilización europea. Se mantienen separados. Solo van a las cubiertas de segunda y tercera clase a buscar chicas guapas. La segunda clase está ocupada por los agentes comerciales que van de viaje de negocios, los que se están iniciando en el arte y los intelectuales que desgastan las teclas de las Remington. Siempre que consiguen volverse invisibles a los ojos de los contramaestres, se cuelan disimuladamente en las cubiertas de primera clase. Entran y se quedan plantados en medio, como si dijeran: «Mirad, ¿cuál es la diferencia entre nosotros? Tengo los mismos cuellos y los mismos puños». Pero enseguida los descubren y les piden que se marchen a su cubierta, incluso con cortesía. La tercera clase es el relleno de las bodegas. Se trata de la gente de las odesas de todo el mundo, que viaja en busca de trabajo: boxeadores, agentes secretos, negros. No intentan colarse en las otras clases. Les preguntan con sombría envidia a los pasajeros que bajan a su cubierta: «¿Viene de jugar a los naipes, a la préférence?». De esa zona sube un olor fuerte, mezcla de sudor, botas y hedor acre de los pañales que se están secando, y también el crujido de las hamacas y las camas desplegables de las que está plagada la cubierta, los chillidos endemoniados de los críos y los susurros de las madres que los tranquilizan igual que las madres rusas: «Ea, ea, mi amor, pobrecito mío».»


Vladímir Maiakovski. 
América.
Gallo Nero.

domingo, 28 de diciembre de 2014

OBITER DICTUM






Por eso hay poca gente que se interese por el espíritu, incluso últimamente, cuando después de un período de explotación salvaje, la burguesía ha adquirido cierta benevolencia tranquila y segura, una capa de grasa compuesta por poetas, filósofos y pintores burgueses.


Vladimir Maiakovski

viernes, 19 de abril de 2013

OBITER DICTUM

 “I won the Nobel Prize for literature. What was your crime?”

“En Moscú los escritores viven siempre en ebullición, en continua discusión. Me enteré allí, mucho antes de que lo descubrieran los escandalizantes occidentales, de que Pasternak era el primer poeta soviético, junto con Maiakovski. Maiakovski fue el poeta público, con voz de trueno y catadura de bronce, corazón magnánimo que trastornó el lenguaje y se encaró con los más difíciles problemas de la poesía política. Pasternak fue un gran poeta crepuscular, de la intimidad metafísica, y políticamente un honesto reaccionario que en la transformación de su patria no vio más lejos que un sacristán luminoso. De todas maneras, los poemas de Pasternak me fueron muchas veces recitados de memoria por los más severos críticos de su estatismo político.”

                                                                 Pablo Neruda