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miércoles, 27 de febrero de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS




LA MALA MÚSICA

"El día siguiente vino de hazia el Oriente una gran canoa con veinte y cuatro hombres, todos mancebos e muy ataviados de armas, arcos y frechas y tablachinas, y ellos, como dixe, todos mancebos de muy linda disposición y no negros, salvo más blancos que otros que aya visto en las Indias, y de muy lindo gesto y fermosos cuerpos, y los cabellos llanos y largos, cortados a la guisa de Castilla. Traían la cabeza atada con un pañuelo de algodón texido a labores y colores, los cuales creía yo que era almaiçares, y otro destos pañuelos traían ceñido y se cobijavan con él en lugar de pañetes. Cuando llegó esta canoa, habló de muy lexos, e yo ni otro ninguno no les entendimos, salvo que yo le mandé fazer señas que se allegasen, y en esto se pasó más de dos oras y, si se llegavan un poco, luego se desviavan. Yo les fazía mostrar bacines y otras cosas que relucían, por enamorarlos por que viniesen, y a cabo de un rato se allegaron más que fasta entonces no avían.
E yo deseava mucho aver lengua y no tenía ya cosa que me pareciese que era de mostrarles para que viniesen, salvo que hize subir un tamborino en el castillo de popa que tañesen e unos mancebos que danzasen, creyendo que se allegarían a ver la fiesta. Y, luego que vieron tañer y danzar, todos dexaron los remos y echaron mano a los arcos y los encordaron, y embrazaron su tablachina y començaron a tirarnos flechas. Cesó luego el tañer y danzar y mandé sacar unas ballestas, y ellos dexáronme y fueron a más andar a otra caravela, y de golpe se fueron debaxo la popa de ella, y el piloto entró con ellos y dio un sayo y un bonete a un hombre principal que le pareció de ellos, y quedó concertado que le iría a hablar en la playa, adonde ellos luego fueron con la canoa esperándole. Y él, como no quiso ir sin mi licencia, y como ellos le vieron venir a la nao con la barca, tornaron a entrar en la canoa y se fueron, y nunca más los vide ni a otros en esta isla."

Cristobal Colón. 
Tercer viaje.

martes, 30 de octubre de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS





LAMPUNAS Y CHONOS


       “Saliendo, pues, de la ciudad de Guayaquil para la mar en una marea o poco más, menguante, se llega a la isla Lampuna, cuyo nombre corrompido llaman la Puna, cuyos indios fueron belicosos mucho; comían carne humana; era bastantemente poblada. Produce oro y mucha comida; toda su costa es abundantísima de pescado. Produce también cantidad de sabandijas ponzoñosas, culebras, víboras y otros animales; por la costa della, particular la que mira la tierra, se ven muchos caimanes; dista de la tierra firme poco más de ocho leguas. Estos indios se comieron al primer obispo que hobo en estos reynos, llamado Fray Vicente de Valverde, religioso de nuestra sagrada Orden, con otros españoles; fue obispo de más tierra que ha habido en el mundo, porque desde Panamá hasta Chile se prolongaba por mar y por tierra su obispado. Era fama en aquella isla haber un tesoro riquísimo que los indios tenían escondido; despachóle el Marqués Pizarro desde la ciudad de Los Reyes con poca gente para que lo descubriese y sacase; los indios eran recién conquistados; los cuales, recibiendo a nuestro obispo y a los que con él iban, de paz, y sabiendo a lo que venían, los descuidaron, y descuidados dan en ellos, mátanlos y cómenselos; por esto son afrentados de los indios comarcanos, llamándoles perros Lampuna, come obispo. Estos indios son grandes marineros, tienen balsas grandes de madera liviana, con las cuales navegan y se meten en la mar a pescar muchas leguas; vienen a Guayaquil con ellas cargadas de pescado, lizas, tollos, camarones, etc., y suben al desembarcadero que dejamos dicho del rio de Guayaquil; cuando en este rio se encuentran estos indios con los Chonos, se afrentan los unos a los otros; los Chonos dícenles; «¡ah!, perro Lampuna, come obispo!» Los Lampunas: «¡ah!, perro Chono, cocotarro!»; notándolos del vicio nefando; ésto vi y oí.”


Reginaldo Lizárraga. 
Descripción Colonial.