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miércoles, 31 de julio de 2024

OBITER DICTUM

 




«El español de Londres es serio, y cuando viene a París siente una gran indignación contra la vida parisiense El de París no puede pasar más de dos días en Londres. Parece que el español de Londres está muy acostumbrado a Londres, y que el de París se encuentra muy bien en París. Nada de eso. Como ambos son españoles, ambos se pasan la vida protestando: el de París contra Francia, y el de Londres contra Inglaterra. Mientras tanto, ustedes, los españoles que no han abandonado España, protestan contra ella.»


Julio Camba.


domingo, 16 de abril de 2023

OBITER DICTUM


 


«Galicia es una tierra de sardinas y de políticos. Las sardinas nacen unas de otras, y los políticos también. Para ser un político gallego, lo primero que se necesita es ser pariente de otro político gallego. El hijo de un gran político gallego tiene, desde su nacimiento, categoría de ministro; el sobrino tiene categoría de subsecretario o de director general, y así sucesivamente. Y cuando uno no es hijo ni sobrino de ningún político gallego —cosa rara, dada la portentosa facultad de reproducción que caracteriza a esta región—, entonces tiene uno que hacerle el amor a una de sus hijas o a una de sus sobrinas. Huelga advertir que a los que emparentan por este procedimiento con los prohombres de la política se llama parientes políticos.»


JULIO CAMBA.


miércoles, 26 de enero de 2022

OBITER DICTUM


 


«Don Joaquín no me perdona una pequeña lección que yo le di un día. Tenía este don Joaquín la mala costumbre, cuando se nos caía algún borrón sobre el cuaderno, de darnos unos cogotazos espantosos. Una vez que le vi venir hacia mí con intención de castigarme, yo me llevé la mano a la nuca, como si lo hiciera por un movimiento instintivo, pero sin abandonar la pluma, que puse con la punta hacia fuera, como si fuese una lanza. Don Joaquín, sin fijarse, descargó la mano sobre mi pescuezo y lanzó un alarido terrible. Aquel día se levantó la clase dos horas antes que de costumbre, y don Joaquín fue a enseñarle al médico una herida que manaba tinta. »



Julio Camba.


lunes, 12 de abril de 2021

OBITER DICTUM






"Y, además, porque opino que el periodismo, aun el más ligero y el más superficial, tiene cierto derecho a entrar en la Historia, si bien no pueda nunca desempeñar en ella un papel mucho más brillante que el que desempeña en un reloj una aguja de marcar los segundos."

Julio Camba.

jueves, 17 de septiembre de 2020

OBITER DICTUM






Por donde quiera que pase el expresidente de los Estados Unidos, los repórters se quedan enfermos a causa del exceso de trabajo. Con el Kaiser, con Caruso y con la pasta dentífrica Pebeco, Roosevelt es el tema que más se ha discutido en el mundo por las dos o tres generaciones inmediatamente anteriores a la guerra. Ha escrito infinidad de libros y escribe constantemente artículos enormes; ha pronunciado más de dos mil discursos; se ha puesto encima toda clase de trajes, y, probablemente, ni el mismo Charlot habrá impresionado más metros de film que él.

Julio Camba.

sábado, 1 de junio de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



SKYSCRAPERS


"Ante estos gigantes rascacielos, uno no sabe si admirarlos o si odiarlos. Sus perspectivas son feas, pero no deja de haber en ellos cierta hermosura: la bárbara hermosura de su atrevimiento, de su novedad, de su fuerza y de su grandeza. Y a la noche, cuando los detalles arquitectónicos desaparecen de nuestra vista y los skyscrapers se iluminan en toda su altura, entonces el espectáculo es real y positivamente hermoso. Dijérase que el mundo entero estuviese de fiesta. En las fachadas enormes resplandecen millares de alegres ventanas. Las perspectivas luminosas se suceden y se superponen, y la ciudad parece infinita. Es una orgía de luz que le embriaga a uno. Hay anuncios luminosos, que son enormes serpientes, aspas girando sin cesar, bailarines escoceses que mueven brazos y piernas, gatos atrapando ratones, salamandras, relojes que van marcando las horas y los minutos… De vez en cuando, un tren aéreo pasa al ras de los terceros pisos, rápido y deslumbrador como una exhalación. Y las luces verdes y rojas y blancas y azules, las luces polícromas y fantásticas, se suceden constantemente unas a otras, se apagan y se encienden, van y vienen y oscilan y danzan alrededor de nosotros… Toda la noche dura esta fiesta; pero desgraciadamente, al amanecer, los edificios se le aparecen nuevamente a uno en su verdadera fealdad, como si fueran la armazón de enormes castillos pirotécnicos ya quemados…"


Julio Camba. 
Un año en el otro mundo. 
Espasa-Calpe

sábado, 30 de junio de 2018

OBITER DICTUM





En Coney Island existen también las clásicas cabezas de turco de las ferias europeas; pero estas cabezas son aquí verdaderas cabezas humanas, si los americanos me permiten llamar humanas a las cabezas de los negros. El público, por una cantidad módica, puede permitirse el placer de tirarle huevos crudos a unos cuantos negros que están al fondo de una barraca con las cabezas encuadradas en unos lienzos. Hay tirador que no falla jamás y que le da siempre al blanco, es decir, al negro. El espectáculo constituye un hermoso ejemplo de esta fraternidad de razas que existe en América y, en general, todo Coney Island le da a uno una gran idea de los sentimientos pacíficos de este pueblo.


Julio Camba

martes, 5 de septiembre de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL QUE MIRA



“Hará siete u ocho años. El director de un periódico donde yo trabajaba me metió algunos billetes en el bolsillo y me mandó a París. Mis artículos de entonces, como los que más tarde escribí desde otras capitales, tenían la pretensión de estudiar experimentalmente el carácter nacional, pero el único sujeto experimentación que había en ellos era yo mismo. Yo estoy en mis colecciones de crónicas extranjeras como una rana que estuviese en un frasco de alcohol. El lector puede verme girar los ojos y estirar o encoger las patas a cada momento. Lo que parecen críticas o comentarios no son más que reacciones contra el ambiente extraño y hostil. Yo he ido a París, y a Londres, y a Berlín, y a Nueva York con una ingenuidad y una buena fe de verdadero batracio. Y si lo que quería mi director era observar el efecto directo de la civilización europea sobre un español de nuestros días, ahí tiene el resultado: una serie constante de movimientos absurdos de actitudes grotescas.
Ahora el poeta vuelve a su tierra, es decir, la rana torna a la charca. Pero, y sin que haya llegado a criar pelo, ya no es la misma rana de antes. Con un poco de imaginación nos la podríamos representar menos ingenua y algo más instruida—que no en balde se ha pasado tanto tiempo en los laboratorios--, muy tiesa sobre sus zancas y hasta provista de gafas. ¿Qué efecto le producirán las otras ranas a esta rana que está transformada de tal modo? ¿Cómo encontrará su charca la rana viajera, después de una ausencia de tantos años? Mientras he estado en el extranjero, yo he tenido un punto de referencia para juzgar los hombres y las cosas: España. Pero esto era únicamente porque yo soy español y no porque España me parezca la medida ideal de todos los valores. Ahora, y para hablar de España, me falta este punto de referencia. Forzosamente haré comparaciones con otros países.
Y no sólo resultará que España no puede ser un modelo para las otras gentes, sino que no sirve apenas para los mismos españoles. La rana encontrará su charca muy poco confortable.”

Julio Camba. 

La rana viajera. 

Espasa-Calpe

viernes, 12 de febrero de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CARNAVAL PERPETUO


“Estos alemanes que van vestidos a la inglesa o que llevan los bigotes recortados a la americana, estos alemanes correctos, finos, amables, ceremoniosos, me parecen que están disfrazados. Yo no comprendo completamente a un alemán mas que vestido de militar. Es entonces cuando tiene verdaderamente tipo alemán. Sus movimientos, sus actitudes, su mirada, todo se armoniza con su traje. Dijérase que ha nacido con el casco adherido a la cabeza, y que por las noches deja la cabeza y el casco a la puerta de su dormitorio para que el asistente se lo bruña todo con la misma pasta y con el mismo cepillo.
Un civil alemán es como un militar vestido de paisano. Sus saludos más atentos tienen algo de militar. Sus pasos son  perfectamente militares. Es civil toda la vida como podía serlo por un par de horas. Cuando se saca el sombrero parece que va a mostrar la cabeza cubierta de un casco imperial. A veces, los alemanes son calvos, y al descubrirse estas calvas esféricas y casi metálicas, brillan como cascos.
Los movimientos del alemán no son nunca esos movimientos fáciles y .espontáneos del hombre civil. Cada alemán parece obedecer siempre a una disciplina invisible, y, en realidad, los alemanes no hacen con verdadera soltura y con verdadera espontaneidad nada más que esos movimientos rígidos y uniformes de los militares. Yo hablaba el otro día de la civilización alemana. Aquí no hay civilización. Todo es militarismo.
El mismo socialismo alemán es militar. Toda su fuerza es militar. Todas sus cualidades son militares: orden, disciplina, organización. Un socialista de fila en Alemania no tiene más libertad dentro del partido que la que un pobre soldado pueda tener en el Ejército. Una manifestación socialista es como un batallón en marcha.
Por los demás casi todos los alemanes que no son militares están afiliados al partido socialista. Se es socialista como se pudiera ser soldado. Se pertenece a un ejército; se obedece unas órdenes; se tiene una disciplina. Un alemán sin disciplina no se siente completamente libre ni dueño de sí mismo. Toda la población alemana es ejército. Unos alemanes van vestidos de militares y otros van vestidos de paisanos; pero todos son militares.”


Julio Camba. Alemania. Editorial Renacimiento.

jueves, 13 de agosto de 2015

OBITER DICTUM








En su deseo de formarse un sentimiento artístico, los americanos llegan a idear cosas estupendas. Así el Evening Post, que pasa por ser el periódico más serio, mejor pensado y mejor escrito de los Estados Unidos, se lamentaba días atrás de la poca difusión que ha alcanzado la poesía entre el público americano, y decía: «Es lástima que no se haya inventado ninguna máquina para difundir las obras poéticas. Si nuestros inventores pudiesen encontrar algo que fuera, con relación a la poesía, lo que es el fonógrafo con relación a la música, la cultura poética del pueblo adelantaría de un modo prodigioso…».


Julio Camba

martes, 15 de julio de 2014

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





TABACO


Los “smokingrooms”.

“Cuando vengan  ustedes ·a Londres y vean en algún departamento de cualquier restaurant un letrero que dice Smokingroom, no hagan ustedes lo que un amigo mío que, como estaba de americana, no se atrevió a entrar. Smoke significa humo, y Smoking, humeando, y Smokingroom habitación humeante. Por supuesto que este humo es humo de tabaco. Todas las habitaciones de Londres están llenas en esta época de humo de carbón, y, sin embargo, no todas son smoking-rooms. Si ustedes añaden en alguna de ellas una bocanada de humo de tabaco al humo de la chimenea, tendrán que pagar cuarenta chelines de multa.
Acabo de leer un artículo muy curioso sobre la .prohibición de fumar en los ferrocarriles ingleses. Resulta que sólo un dos y medio por ciento del promedio de viajeros pertenece a la categoría de no fumadores. Sin embargo, en trenes de cincuenta vagones no suele haber más de dos departamentos smoking. Estos dos departamentos se llenan inmediatamente, y 1a mayoría de los fumadores tienen que sacrificarse en aras de unos no fumadores hiperbólicos.
¡Con lo largos, con lo aburridos que son los viajes en ferrocarril! ¡Cuando hasta el mayor enemigo del tabaco le pediría un pitillo al vecino de enfrente para matar el tiempo¡!Es absurdo, pero es así: Al hacer el reglamento de ferrocarriles, los ingleses han supuesto una mayoría de no fumadores. Esta mayoría no existe, pero debiera existir.
Ya que no tenga existencia real, se le ha dado una existencia legal, y, como los ingleses son tan respetuosos de la  ley, se echan al coleto viajes de quince horas sin encender un pitillo, para no molestar a un no fumador inexistente. ¡Civismo admirable que sólo se ve en Inglaterra!
En España y en Francia, un departamento es de fumadores o de no fumadores, según esté o no ocupado por personas que fumen.
Yo hice un viaje de París a Dieppe, bajo la etiqueta de no fumadores; y, sin embargo, encendí un pitillo. Ningún francés protestó; pero un  inglés  que estaba enfrente de mí, me llamó la atención. Yo no tuve más remedio que arrojar el pitillo por la ventanilla. El inglés, muy contento, se arrellanó y se puso a dormitar. A la media hora roncaba. ¡Con qué satisfacción le dí una palmadita en el hombro!
--Perdone usted. Está usted roncando.
--Es que tengo un perfecto derecho a dormir.
--Tiene usted derecho a dormir, pero no lo tiene usted a roncar. Váyase usted. a un departamento de·roncadores.
--Yo no molesto a nadie.
--Molesta usted a todo el  mundo.
Los franceses se pusieron de mi parte. El inglés dijo que no roncaría, pero que dormiría. Cinco minutos después roncaba como un elefante.
--Espece d'artiste-- le dije. Acaba usted de soltar un do de pecho.
El inglés se moría de sueño, pero no pudo dormir. Seguramente, el acto de roncar le producía a él un placer mucho más intenso del que me hubiera producido a mí el acto de fumar. Sin embargo, dejó de roncar para que yo no fumase. Llegamos a Dieppe y nos embarcamos. Yo instalé mis bártulos en un camarote y subí a cubierta. El inglés, despejado con los aires del mar, estaba allí fumando una pipa. El humo del tabaco no le molestaba absolutamente nada. Si había protestado de mi pitillo no había sido por  él, sino por el no fumador hipotético. Ante todo, la observancia de las leyes.
El autor del artículo a que he aludido antes protesta contra la prohibición de fumar que existe para los viajeros no sólo en los coches, sino en las salas de espera, en las cantinas de las estaciones y en todas partes. A mí un inglés que protesta me parece siempre muy original.
--¡Poor lady Nicotine!-- dice el articulista. Y el caso es que el tabaco es un gran estimulante del idealismo, y que en este sentido convendría mucho protegerlo aquí.
Lady Nicotina, como otras muchas ladys, no menos voluptuosas, tiene infinidad de adoradores en Inglaterra, pero legalmente se supone que no. Con que no se fume de un modo oficial., para los ingleses es como si no se fumara. Y así sucesivamente.”


Julio Camba. Londres. Renacimiento.

miércoles, 10 de julio de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







LOS PROLETARIOS DE LEVITA


Yo soy lo que se llama un proletario de levita. No es que yo tenga una levita. No es que yo sea un proletario. Ni los hombres que tienen levita son, en rigor, proletarios, ni los verdaderos proletarios tienen levita. Yo no tengo una levita ni soy un proletario, y, sin embargo, cuando veo que en un periódico conservador se habla de los proletarios de levita, no puedo dejar de darme por aludido. Indudablemente, la frase “proletario de levita” representa un concepto teórico, y aunque para los usos prácticos de la vida yo no tenga levita ninguna, teóricamente sí la tengo. Yo tengo, como quien dice, una levita teórica. Es una levita que no se puede empeñar; pero, en teoría, esto carece de importancia.
En realidad, el proletario de levita viste casi siempre de americana. A veces, tiene un smoking para conquistar, en los hoteles de moda, ricas herederas o políticos influyentes. A veces, tiene un frac, y en algunos casos excepcionales, puede presentar hasta un chaquet; pero, desde luego, no tiene nunca levita. Y es verdaderamente absurdo esto de pertenecer a una clase que se caracteriza tan sólo por el uso de una prenda que no usa jamás. Es absurdo y es grotesco el ser un proletario de levita…
Hace varios años, el dueño de un periódico donde yo solía colaborar desde París, me envió una carta diciéndome: “El periódico marcha muy bien. Tenemos un gran prestigio. Nuestras opiniones son acogidas con respeto en las altas esferas. Hemos conquistado al público de levita; pero esto no basta. Ahora hay que conquistar la blusa, y yo cuento con usted…” Aquel hombre no me daba arriba de dos o tres duros por artículo, y yo le contesté sin gran entusiasmo: “El termómetro—le decía—marca quince grados bajo cero. El Sena comienza a helarse, y en vez de la blusa, yo quisiera conquistar un buen gabán de abrigo.” Mi ideal consistía entonces en ser un proletario de gabán, y creo que lo realicé ya algo entrado el verano…
Pero volvamos a los proletarios de levita. “Todo el mundo piensa en los obreros—escribe un periódico conservador--. Todo el mundo se ocupa de los proletarios de blusa. De los proletarios de levita, en cambio, no se acuerda nadie…” Yo no creo que nadie se ocupe de los proletarios de blusa más que ellos mismos. En cuanto a los proletarios de levita, ¿Cómo van a fijarse los gobiernos en el proletario de levita si el proletario de levita viste de americana?
Y propongo que nos enlevitemos todos y que constituyamos un gran sindicato con sus diferentes secciones. Luego, un día haríamos, por ejemplo, la huelga de la literatura, y desde la hora convenida no saldría a la calle ni un solo adjetivo. ¡Qué conflicto para el régimen!... Pero ya verán ustedes cómo no hacemos nada. Los proletarios de levita no tenemos instinto de conservación, además de no tener levita.

Julio Camba. La rana viajera. Espasa-Calpe.

miércoles, 14 de marzo de 2012

OBITER DICTUM







Cuando la señorita Polaire llegó a Nueva York, contratada por un empresario norteamericano, su indignación fue algo espantosa al verse anunciada como la mujer más fea del mundo.

       — ¡Qué quiere usted! —le dijo el empresario—. Si fuese usted más bonita que fea, la hubiésemos anunciado como la mujer más bonita del mundo; pero siendo usted más fea que bonita, hemos tenido que anunciarla como lo hemos hecho. Además, aquí hay todas las temporadas 10 o 12 mujeres, cada una de las cuales es la más bonita del mundo. Las mujeres más bonitas del mundo dan cada vez menos resultado. Ahora vamos a ensayar las más feas…


Julio Camba

martes, 23 de agosto de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



LA CIVILIZACIÓN EN ALEMANIA


“He tenido el atrevimiento de decirle a un alemán que lo que yo echo de menos en Alemania es un poco de civilización. El alemán se quedó estupefacto. Me habló de la pólvora y de la imprenta que son dos invenciones alemanas; del ejército y, de la filosofía, de las universidades y de los dreadnaughts y de otra porción de cosas.
—Mein Herr, le dije entonces-, todo eso no tiene nada que ver con la civilización en el sentido que yo le doy .a esta palabra. Yo entiendo por civilización el arte de conversar, de hacer un «menú», de entrar en un salón, de ofrecer unas flores ó unos cigarros, de hacerse la corbata, de oír  una ópera. Ustedes saben mucha filosofía, yo no lo niego, pero carecen ustedes de civilización.
Mi interlocutor lanzó una gran carcajada. Era su  manera de sonreír. Yo seguí con mi tema:
--Las civilizaciones son una cosa muy lenta. Así como un hombre no es verdaderamente mundano y no  alcanza una perfecta distinción, mientras no envejece un poco y no adquiere un
aire algo cansado y algo escéptico, un pueblo tampoco puede ser perfectamente civilizado en su  juventud. Ustedes tienen el poderío, pero la civilización está hacia el Sur. Esos franceses, por ejemplo, son mucho más civilizados que ustedes. Poseen el arte de vivir bien. Su música, su filosofía, todo es ligero. Valen mucho más la música y la filosofía de ustedes, pero no son tan agradables ni tan civilizadas. Las francesas, por su parte, carecen de esta asombrosa fertilidad que poseen .las alemanas, pero eso no demuestra mas que  el exquisito refinamiento de su civilización.
--Es que también aquí encontrará usted mujeres muy civilizadas --me dijo el alemán.
--Permítame usted dudarlo. Esas  mujeres serán como una perdiz que me sirvieron el otro día en el restaurant. La corrupción de una perdiz, como la de una mujer, debe ser exquisita para que no sea repugnante. Mi perdiz infestó toda la sala. Yo no pude comerla y tuve que solicitar una ración de salchichas. Las honradas salchichas y las mujeres sin civilización son todavía lo mejor que uno puede encontrar en  Alemania. Sí, Mein Herr. Es inútil que algunas mujeres alemanas se le ofrezcan a uno como un plato bien faisandén y que ustedes se recorten los bigotes y que tengan en  sus casas ascensor y cuarto de baño y que le echen azúcar a la ensalada. Todo eso no es civilización. Ustedes le  dan á uno .sombrerazos que trazan en el aire una curva de metro y medio y se creen ustedes que no  se puede ser  más atento. Pues se puede ser  mucho más atento sin quitarse siquiera el sombrero de la cabeza. La civilización es una cosa de sentimiento. Es el sentimiento lo que se va educando en los pueblos a través de los siglos. Se puede tener, mucho dinero y una gran cultura y ser completamente un bárbaro.
En fin --añadí-. Aquí me tiene usted a mí.
Yo no sé nada de filosofía, ignoro el cálculo integral y, sin embargo, soy un hombre civilizado. Y me gustan los toros --esa fiesta cruel y  sanguinaria --y soy un hombre civilizado. No tengo cañones ni ametralladoras, ni  siquiera una  pistola automática,  y, a  pesar de eso, no se me puede poner .en  duda mi civilización. En  el  Sur de Europa hay muchísimas gentes que no  saben leer ni escribir, pero que tienen el sentimiento civilizado. Ustedes, en cambio, han civilizado su cabeza y sus músculos, pero no  sus  sentimientos, ni siquiera su paladar.”

Julio Camba. Alemania. Editorial Renacimiento.