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sábado, 12 de septiembre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




LITERATURA COMO CONDENA


En los años siguientes a la caída de Napoleón el público mostraba una sed insaciable de novelas, la crítica seguía siendo de un nivel bajo, los editores se preocupaban más por la cantidad que por la calidad y los pocos novelistas que existían eran en su mayor parte unos pobres diablos cuya única alternativa para no morirse de hambre era producir sin cesar nuevas obras. Lamothe hizo bastante dinero, que gastó tan rápidamente como lo ganó, e incluso más rápido, pero a costa de transformarse en la quintaesencia del escritorcillo. Al final de su vida comentaba amargamente sobre su destino: «A pesar de la fuerza de temperamento y la energía mental que el Creador me concediera, no podía continuar así… cincuenta años de labor constante, comenzando cada día entre las tres y las cuatro de la mañana, hasta las dos de la tarde, una labor sobrehumana y agotadora que extinguió mi imaginación y, además, mis energías». En términos de volumen su trabajo fue en realidad prodigioso: unas cuatrocientas obras en prosa y en verso, que representan cerca de mil quinientos volúmenes manuscritos.

Norman Cohn.
Los demonios familiares de Europa.

Alianza Editorial.

sábado, 16 de noviembre de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ANTES DEL ASALTO A LOS CIELOS


      «Bajo el Imperio, los dioses romanos quedaron íntimamente asociados a la misión imperial. Pasaron a ser guardianes de la paz y el orden traídos por el Imperio, y garantes de la eternidad de éste. Por añadidura, el emperador mismo fue deificado. El culto al emperador comenzó veladamente con Augusto y continuó abiertamente bajo sus sucesores. Derivada en parte del concepto helenístico de la monarquía divina, en parte del hábito romano de identificar a los detentadores de altos cargos con los dioses protectores y en parte también mantener unidas las mitades oriental y occidental del Imperio. Desde el año 70, aproximadamente, en adelante, una política consciente de romanización llevó a las religiones nativas a asociarse en torno al culto imperial. El cumpleaños del emperador pasó a ser una fecha homenaje. Los dioses tradicionales y el emperador sostenían juntos el Imperio, y la reverencia de que eran objeto creó y mantuvo un mundo grecorromano unificado.
      En un mundo como éste, los cristianos, por la naturaleza misma de su religión, sólo podían vivir excluidos. Su dios también era señor del universo y, por tanto, requería de los fieles una lealtad total. El conflicto entre sus exigencias y las del mundo imperial era, pues, inevitable. Los primeros cristianos no eran revolucionarios políticos, pero sí milenaristas. Desde su punto de vista, el mundo se presentaba como dominio del mal, reino del Diablo; indefectiblemente se hundiría en un mar de fuego y sería sustituido por un mundo perfecto en el que Cristo retornado y sus Santos recibirían todo el poder y la gloria. El Imperio Romano era considerado como el representante del Diablo en la época; oponerse a sus designios significaba para los cristianos llevar no una lucha política, sino escatológica. Roma, era la encarnación de la «idolatría», la Segunda Babilonia, el reino del Anticristo.»

Norman Cohn.
Los demonios familiares de Europa. 
Alianza Editorial.

domingo, 11 de mayo de 2014

OBITER DICTUM




“Nada de esto resulta absolutamente inconcebible, pero entre los cargos se incluía otra acusación que vale la pena examinar en detalle. Se refiere a cierto demonio privado de Lady Alice, que se aparecía a veces disfrazado de gato, a veces con la forma de un perro lanudo negro y otras como un hombre negro. Lady Alice lo recibía como su íncubo y le permitía copular con ella. A cambio de ello el íncubo le proporcionaba riquezas: todas sus considerables propiedades habían sido adquiridas con su ayuda. El demonio era conocido por los otros miembros del grupo. Lo llamaban Hijo del Arte, o Robin, Hijo del Arte; Y afirmaban que estaba entre los demonios más pobres del infierno.”


Norman Cohn.