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sábado, 23 de diciembre de 2023

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA


 




Segue o teu destino,


Rega as tuas plantas,


Ama as tuas rosas.


O resto é a sombra


De árvores alheias.



A realidade


Sempre é mais ou menos


Do que nos queremos.


Só nós somos sempre


Iguais a nós próprios.



Suave é viver só.


Grande e nobre é sempre


Viver simplesmente.


Deixa a dor nas aras


Como ex-voto aos deuses.



Vê de longe a vida.


Nunca a interrogues.


Ela nada pode


Dizer-te. A resposta


Está além dos deuses.



Mas serenamente


Imita o Olimpo


No teu coração.


Os deuses são deuses


Porque não se pensam.





Ricardo Reis.


Fernando Pessoa.


miércoles, 1 de julio de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA


 



             XVIII


Los muros nada más.

Yace la vida inerte,

Sin vida, sin ruido,

Sin palabras crueles.


La luz lívida escapa

Y el cristal ya se afirma

Contra la noche incierta,

De arrebatadas lluvias.


Alzada resucita

Tal otra vez la casa;

Los tiempos son idénticos,

Distintas las miradas.


¿He cerrado la puerta?

El olvido me abre

Sus desnudas estancias

Grises, blancas, sin aire.


Pero nadie suspira.

Un llanto entre las manos

Sólo. Silencio; nada.

La oscuridad temblando.


                                     Luis Cernuda


lunes, 25 de febrero de 2019

OBITER DICTUM






«España está hoy entregada al furor y los excesos de dos locuras. Sin embargo es indiscutible, no sólo para nosotros sino para cualquiera que conozca España que todos esos excesos no pueden ser ordenados ni admitidos alegremente por los dirigentes, en uno y otro campo. Sin embargo, a pesar de que los cometan una minoría de feroces energúmenos que, tanto de un lado como del otro, imponen sus instintos criminales, es cierto que son los dirigentes de las dos fuerzas combatientes quienes fatalmente habrán de asumir su responsabilidad.»

Clara Campoamor.

martes, 22 de mayo de 2012

OBITER DICTUM







«Cuando penetré por primera vez al anfiteatro, un practicante aserraba con calma el cráneo recién rapado de un muerto. La cabeza de otro cadáver al lado, tenía ya cortada la tapa y se veían en los sesos las circunvoluciones. Aquella ocasión, de regreso del hospital, no pude comer. Al día siguiente comí doble. Contra la tenacidad del cuerpo que insiste en vivir y gozar, hay el disolutivo eficaz de la cadaverina. Pero en auxilio de la vida llega el olvido y actúan las apetencias. Con todo, años después, en la voluptuosidad de un amor que declinaba, sentí de pronto algo como el tufo de la cadaverina. Como si el interior de la entraña se adelantase y se diese a la muerte antes que la piel y el rostro, antes de que la muerte se imponga.»

José Vasconcelos.