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viernes, 30 de noviembre de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





POR VENECIA


       “En Venecia se levantan tarde, comen tarde, cenan tarde, y se acuestan tarde. Por las mañanas las señoras salen en su góndola con basquiña y cendal; las viejas se van a misa y a visitar monjas, y las mozas con sus maridos o sus amantes a dar un paseo por la Plaza de San Marcos, y a pasar un par de horas en los casinos en buena compañía y tomar café, siendo de advertir que en Venecia suelen tomar café siete u ocho o más veces al día, bien que el café es excelente y las tazas pequeñas. Después del teatro, se juntan, o en los casinos o en las casas particulares, y dura la conversación o el juego toda la noche, sale el sol y se van a la cama, todo esto debe entenderse de la gente culta y de buen tono, porque la canalla tiene otras horas y otros estilos. Los venecianos son en general muy corteses, alegres, habladores, elegantes en el vestir, pero sin afectación; hay bella juventud en uno y otro sexo; el lenguaje es un toscano corrompido por la pronunciación, con algunas palabras provinciales, y un tonillo gracioso, que es particular al país.”


Leandro Fernández de Moratín. 
Viage a Italia.
M. Rivadeneyra

martes, 27 de noviembre de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




NIT DE CAP D’ANY

El fred obscur dels vidres
mira cap a un carrer
estret i brut de Roma.
És un hotel modest
amb moqueta vermella
on gairebé no arriba
el soroll de la festa.
Cada un dels dos llegeix
sota la seva làmpara.
En un mirall daurat
la cambra va oblidant.
Arrivederci, Roma.
Els vells ens despedim
de les ciutats per sempre.

Joan Margarit

viernes, 23 de noviembre de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA







LIED DE LA NOCHE


La nuit vient sur un char conduit par le silence

La Fontaine
Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos.

Álvaro Mutis

jueves, 22 de noviembre de 2018

OBITER DICTUM





Fui ver a casa onde passei um dos anos cruciais da minha vida de menino. E nem as portas, nem as janelas, nem o panorama em frente me disseram nada. Tinha cá dentro, é certo, uma nebulosa sentimental de tudo aquilo. Mas o concreto, o real, o número de degraus da escada, a cara da senhoria, a significação terrena de tudo aquilo, desaparecera.


Miguel Torga

lunes, 19 de noviembre de 2018

ALLA EN LAS INDIAS




MUJERES


Que las indias de Yucatán son en general de mejor disposición que las españolas y más grandes y bien hechas, que no son de tantos riñones como las negras. Précianse de hermosas las que lo son y a una mano no son feas; no son blancas sino de color moreno causado más por el sol y del continuo bañarse, que de su natural. No se adoban los rostros como nuestra nación, que eso lo tienen por liviandad. Tenían por costumbre aserrarse los dientes dejándolos como dientes de sierra y esto tenían por galantería y hacían este oficio unas viejas limándolos con ciertas piedras y agua. Agujerábanse las narices por la ternilla que divide las ventanas por enmedio, para ponerse en el agujero una piedra de ámbar y teníanlo por gala. Horadábanse las orejas para ponerse zarcillos al modo de sus maridos; labrábanse el cuerpo de la cintura para arriba -salvo los pechos por el criar-, de labores más delicadas y hermosas que los hombres. Bañábanse muy a menudo con agua fría, como los hombres, y no lo hacían con sobrada honestidad porque acaecía desnudarse en cueros en el pozo donde iban por agua para ello. Acostumbraban, además, bañarse con agua caliente y fuego y de éste poco, y más por causa de salud que por limpieza. Acostumbraban untarse, como sus maridos, con cierto ungüento colorado, y las que tenían posibilidad, echábanse cierta confección de una goma olorosa y muy pegajosa que creo que es liquidámbar que en su lengua llaman iztah-te y con esta confección untaban cierto ladrillo como de jabón que tenían labrado de galanas labores y con aquel se untaban los pechos y brazos y espaldas y quedaban galanas y olorosas según les parecía; y durábales mucho sin quitarse según era bueno el ungüento. Traían cabellos muy largos y hacían y hacen de ellos muy galán tocado partido en dos partes y trenzábanselos para otro modo de tocado. A las mozas por casar, suelen las madres curiosas curárselos con tanto cuidado que he visto muchas indias de tan curiosos cabellos como curiosas españolas. A las muchachas hasta que son grandecitas se los trenzan en cuatro cuernos y en dos, que les parecen muy bien. Las indias de la costa y de las provincias de Bacalar y Campeche son muy honestas en su traje, porque allende de la cobertura que traían de la mitad para abajo, se cubrían los pechos atándoselo. Por debajo de los sobacos con una manta doblada; todas las demás no traían de vestidura más que un como saco largo y ancho, abierto por ambas partes y metidas en él hasta los cuadriles donde se los apretaban con el mismo anchor y no tenían más vestidura salvo que la manta con que siempre duermen que, cuando iban en camino, usaban llevar cubierta, doblada o enrollada, y así andaban.


Diego de Landa. 
Relación de las cosas de Yucatán.

jueves, 15 de noviembre de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL MIGUELITO

“Colocado en medio de la acera, con el sombrero hasta las cejas y la capa hasta los ojos, mintiendo buen cuerpo y airoso talle, se vé á un hombre en actitud observadora y reposada. Si  tiene cédula de  vecindad, cosa bastante problemática, es seguro que no se marcará en ella la profesion que ejerce. Y, sin embargo, el tipo que analizamos ejerce una industria  que debe ser lucrativa, porque hace una docena de años que vendía arena de mármol de San Isidro, y hoy luce sortijas en la mano y una cadena colosal en el chaleco, que á no ser de rico dublé podría tomarse por de oro finísimo de Arabia.
El sitio predilecto del mismo es la acera comprendida entre la calle de Carretas y la Carrera de San Jerónimo; las horas á que puede vérsele desde la una de la tarde á las diez de la noche; suele hacer frecuentes desapariciones; pero no es dudoso que ninguna pasará de un cuarto de hora. El hombre llena sin duda una obligacion, así durante su guardia como en su ausencia.
Al pasar junto á él otro embozado, en el momento que hemos elejido para estudiarle le ha llamado Miguelito. Ya es una noticia biográfica: sepamos esperar y acaso conoceremos toda su vida y milagros.
Pero trascurre un cuarto de hora, y nuestro hombre sigue en su primitiva actitud, examinando atentamente á todos los transeuntes, como si esperase á alguno. Al cabo de  este tiempo sonrie  imperceptiblemente: sin duda tiene ya lo que buscaba.
Y lo que buscaba no es otra cosa que un jóven, que mira en todas dirécciones como embobado; que se pára observando la altura del surtidor de la fuente que ocupa el centro de la plaza; que admira  tímidamente  á las beldades que pasean sus venales atractivos por entre la multitud,  y que luce un cigarro de tres cuartos en una  boquilla con cabos  de plata.
Nuestro jóven, colocado en una antesala y á media luz podría confundirse con un cuelgacapas; tal es la gracia con que lleva sus ropas , cuyo brillo denuncia que son nuevas y cuyo corte no desdeñaría algun sastre de fama, si  una imprudente etiqueta cosida á uno de los faldones del gaban no dijera con toda elocuencia. Tienda  del leon rapante, cálle de la Cruz, núm. 99.
Al pasar nuestro forastero, --pues sin duda lo es--junto al industrial que le marcado por suyo, siente que le posan una mano sobre  el hombro, al mismo tiempo que escucha una voz que le dice:
--¡Vaya V. con Dios!
Párase  el jóven balbuceando algunas frases, con las que  quiere dar á entender  á su interlocutor que nunca  le ha  conocido; pero este continúa:
--Poca  memoria tiene V. para estudiante. ¿No va V. hoy á casa del duque?
--Sin duda está V. equivocado. Yo no conozco á ningun duque.
--¡Qué!¿No estuvo V. ayer en la calle de la Victoria?
--Ni sé dónde está.
--Dispense V., amigo  mio; pero se parece V. al que yo buscaba como  un huevo á otro.
--Está V. dispensado.
--Pero no ha de ser inútil mi equivocacion involuntaria, y si quiere  Y. acompañarme á casa del duque le  presentaré á los amigos.
--¿Pero, qué amigos?
--Gente alegre y campechana, que tira las onzas por pasar el rato. V. tiene cara de hombre de suerte, y capaz de dar siete golpes á un duro.
El jóven ha oido referir en su pueblo que en Madrid se pueden ganar miles y miles con un poco de suerte; se ha gastado acaso en ocho días el dinero que debia durarle un mes, y comprendiendo que le invitan  á entrar en una casa de juego, cae en el lazo y aprovecha la feliz coyuntura  que le ofrece su parecido con otra persona para aceptar el ofrecimiento de su franco interlocutor.
Si, por el contrario, recuerda los consejos de su padre, que compromete y gasta la hacienda de sus abuelos para hacerle abogado, y que pueda ser el mejor dia diputado  por el distrito ó juez municipal del pueblo; si está todavía bajo el influjo de la santa  bendicion de su madre, desprecia  el ofrecimiento que le hacia el cazador de  víctimas y sigue su camino.
Pero el primer fracaso no le desanima al buen Miguelito, y despues de encender una tagarnina vuelve á ponerse en  expectación…”

Manuel Ossorio. 
De la Puerta del Sol. 
Imprenta de los Sres. Rojas.




lunes, 12 de noviembre de 2018

OBITER DICTUM





Las escenas otoñales poseen un inevitable carácter moral: esas hojas que caen como nuestros años, esas flores que se marchitan como nuestras horas, esas nubes que se esfuman como nuestras ilusiones, esa luz que se debilita como nuestra inteligencia, ese sol que se enfría como nuestros amores, esos ríos que se hielan como nuestra vida tienen relaciones secretas con nuestro destino.


François-René de Chateaubriand

domingo, 11 de noviembre de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






NOCHE DE VERANO

     Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cenit, la luna, y en la torre
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.


Antonio Machado.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN EL DANUBIO


“El Orient Express no se retrasa. Atraviesa los países, mugiendo, resoplando unos minutos apenas en la triste parada de las grandes estaciones –insensible a las bellezas naturales que pasan a su lado o a las que molesta. Hay que resignarse incluso, con él, a la ida como a la vuelta, a no ver nunca en la llanura donde discurre la Maritza, elevarse sobre la colina de Andrinopla, el Gloria Deo de sus tres incomparables mezquitas. Renunciamos al Orient Express.
         Sobre el mapa, un río colosal discurre desde los Alpes hasta el Mar Negro, circula durante días a través de llanuras que se nos dicen casi desiertas y que siempre inunda. Sobre el mapa, los trazos rojos de las vías férreas no se acercan a los azules meandros salvo aquí o allá donde los atraviesan. Para asegurar sobre el recorrido del Danubio el tráfico de viajeros y de mercancías, se han construido grandes barcos blancos, con ruedas; descienden y remontan el río, durante el verano diariamente, más raramente en invierno. A bordo la instalación resulta muy confortable. La parte delantera constituida por una cala, donde dormitorio y restaurante se juntan en uno, hace las veces de segunda clase, completado por un fumadero y un puente descubierto, barrido por los terribles vientos. La maquinaria separa de la primera clase. En esas exhalaciones fétidas de aceites quemados se amontonan los campesinos con sus fardos inconcebibles: hombres rústicos, vestidos a la manera ancestral, disfrutan de esta manera las primicias de una civilización europea ornada a sus ojos de tantos alicientes que les fascina y les trastornará. Veremos cambiar su modo de emperifollarse con las fronteras –Austria, Hungría, Serbia, Bulgaria, Rumania.
         Eso variará de los bordados brillantes de la “Puszta” (llanura húngara) a los oscuros y ásperos de Serbia, de las pieles blancas a las pieles negras, de las lanas blancas guarnecidas de negro hasta esas otras de un moreno natural tal como las que proporcionan los millares de manadas que pueblan los Balcanes. A veces se ven hombres salvajes, cubiertos con pedazos  de ropa mantenidos sobre el cuerpo por una red de bramantes: el cotidiano desnudarse les resultaría penoso; ellos son los que yacen con los corderos y los caballos bajo las estrellas, en la gris Puszta o sobre el árido Balcan. La primera clase de nuestros grandes barcos está bastante bien. Terciopelos rojos por todas partes, buen gusto, flores en las mesas del fumador. Y sobre el muy amplio puente, agrupados, bancos confortables, mecedoras, bajo una gran tienda protectora. Se come, se bebe a buenos precios. El precio del trayecto, insignificante; por diez francos pagamos un billete de estudiante, de Viena a Belgrado en segunda clase. Pero, tan rico como un mendigo de España, difícilmente nos resignamos al inconfort de proa. Cada vez que subiremos a un barco, contaremos esta sencilla historia el hombre con galones que ejerce el mando: “Disculpe, capitán, la primera clase es injuriosamente más chic que la segunda; nos parece que como estudiantes…” Y así les parecerá también, a esos gentleman con galones, ya vienés, ya magiar, ya rumano. ¡Y así es como descendemos el Danubio por unos pocos francos, en mecedora bajo una tienda protectora, y sobre los terciopelos del fumadero!”

Le Corbusier. 
El viaje de Oriente
Artes Gráficas Soler.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




CADÁVERES DEL HOTEL MEMORIA


Algunas veces, los cadáveres desvanecidos en un hotel de aquel lejano tiempo de cenizas atónitas retornan de su pudridero, desconcertados, para reclamarne la liquidación de madrugadas perezosas y amaneceres renqueantes por acantilados atronadores.

Ayer regresaron: lánguidos, grotescos, desmantelados e inconcebibles. Mi voluntad, cocodrilo lóbrego, niña extraviada por los polvorientos rumores que propaga la pólvora bastarda se llena de bandadas de vocablos encapotados por pájaros taciturnos; frases de un mar precoz y amenazante.

Ese paisaje de miradas acusadoras y días que nadie vivió es el puente que nunca cruzo, siempre quebrado, siempre ciego, siempre plomizo, siempre crónico, siempre atropellado, siempre esteril, siempre mudo, en las playas de tu cama siempre en penumbra. Siempre entre la nada.

                                                                Baldomero Dreira.

                                                           

sábado, 3 de noviembre de 2018

OBITER DICTUM






"A pesar del importante papel que la guerra jugó en la construcción de los estados europeos, los viejos estados nacionales de Europa casi nunca experimentaron la gran desproporción entre la organización militar y el resto de formas de organización que parecen destinados a soportar los estados satélite por todo el mundo contemporáneo. Hace un siglo, los europeos deberían haberse felicitado por la propagación de los gobiernos civiles por todo el mundo. En la actualidad, la analogía entre la guerra y la construcción del estado, por un lado, y el crimen organizado, por otro, se está convirtiendo en una trágica tendencia.”


Charles Tilly

viernes, 2 de noviembre de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





Miro mi desnudez. Contemplo

la aparición de las heridas blancas.



Envuelto en sábanas mortales,

bebo en las aguas femeninas

la dulzura y la sombra.

                          Antonio Gamoneda.