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lunes, 12 de enero de 2026

ALLÁ EN LAS INDIAS


 






LO QUE TOCA A LA VERDAD III


«Y así, sería muy sano consejo a los historiadores entretener sus historias, no solamente los nueve años que Horacio manda en otras cualesquiera obras, pero aun noventa, para que los que proceden de los culpados tengan color de negar su descendencia, y los nietos de los virtuosos queden satisfechos con cualquier loor que vieren escrito dellos. El temor deste peligro me había quitado el atrevimiento de publicar por agora este libro, hasta que vuestra majestad me hizo a mi tanta merced, y a él tan gran favor, de leerle en el viaje y navegación que prósperamente hizo de La Coruña a Inglaterra; y recebirle por suyo y mandarme que le publicase y hiciese imprimir. Lo cual cumplí en llegando a esta villa de Amberes, los ratos que tuve desocupados de la labor de la moneda de vuestra majestad, que es mi principal negocio. A vuestra majestad suplico reciba en servicio mi trabajo, y tenga por suyo este libro, como lo es el autor del, porque desta manera estará seguro de las mormuraciones, que pocas veces faltan en semejantes obras. En lo cual rescebire señalada merced de vuestra majestad, cuya real persona nuestro Señor guarde, con acrescentamiento de más reinos y señoríos, como por sus criados es deseado.


De Amberes, 30 de marzo de 1555.»


Agustín de Zárate.

Historia del descubrimiento y conquista del Perú.


martes, 28 de febrero de 2023

ALLÁ EN LAS INDIAS

 




LO QUE TOCA A LA VERDAD II


«Cuando acabé esta relación salí de la opinión, en que hasta entonces estuve, de culpar a los historiadores porque en acabando sus obras no las sacan a luz, creyendo yo que su pretensión era que el tiempo encubriese sus defectos, consumiendo los testigos del hecho; pero agora entiendo la razón que tienen para lo que hacen en esperar que se mueran las personas de quien tratan, y aun algunas veces les venía bien que peresciesen sus descendientes y linaje; porque en recontar cosas modernas hay peligro de hacer graves ofensas, y no hay esperanzas de ganar algunas gracias, pues el que hizo cosa indebida, por livianamente que se toque, siempre quedara quejoso de haber sido el autor demasiado en la culpa de que le infama, y corto en la desculpa que él alega. Y por el contrario, el que merece ser alabado sobre alguna hazaña, por perfectamente que el historiador la cuente, nunca dejara de culparle de corto, porque no refirió mas copiosamente su hecho hasta hinchir un gran volumen de solas sus alabanzas. De lo cual procede necesitarse el que escribe a traer pleito, o con el que reprende, por lo mucho que se alargó, o con el que alaba, por la brevedad de que usó.


De Amberes, 30 de marzo de 1555.»


Agustín de Zárate.
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

domingo, 24 de julio de 2022

ALLÁ EN LAS INDIAS






AGUAS Y VIENTOS


«Con razón podrían dudar los que leyeren esta historia de la causa por que no llueve en todos los llanos del Perú, como arriba está dicho, habiendo razones de que en ellos hubiese de haber grandes lluvias, pues tienen tan cerca de la una parte la mar, que comúnmente engendra humedades y vapores, y de la otra las altas sierras, de que hemos hecho relación, donde nunca faltan nieves y aguas; y la razón natural que hallan los que con diligencia lo han inquirido es, que en todos estos llanos y costa de la mar corre todo el año un solo viento, que los marineros llaman sudoeste, que viene prolongando la costa, tan impetuoso, que no deja parar ni levantar las nubes o vapores de la tierra ni de la mar a que lleguen a congelarse a la región del aire; y de las altas sierras que exceden estos vapores o nubes se ven abajo, que paresce que son otro cielo, y sobre ellos está muy claro, sin ningún nublado; y este viento causa también correr las aguas de aquella mar hacia la parte del norte, como corren, aunque algunos dan para ello otra causa, que como la mar del Sur va a embocar por el estrecho de Magallanes, y por ser tan angosto, que no tiene más de dos leguas, no puede caber por él tan gran pujanza de agua, especialmente encontrándose allí con las aguas del mar del Norte, que le estorban la entrada; y así, no pudiendo caber toda el agua por allí, necesariamente tiene de hacer refluxion y retraerse hacia atrás; y así, es causa de que las corrientes vuelvan atrás contra el norte; de donde nace otro inconveniente, que es ser por esta razón tan dificultosa la navegación de Panamá para el Perú, porque siempre tienen el viento contrario, y mucha parte del año también las corrientes, que si no van a la bolina y forcejando contra el viento, no es posible navegar.»

Agustín de Zárate.
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

jueves, 9 de septiembre de 2021

ALLÁ EN LAS INDIAS






MAIZ O ZARA


La tierra del Peru, de que se ha de tratar en esta historia, comienza desde la linea Equinocial adelante hacia el mediodia. La gente que habita debajo de la linea y en las faldas della tienen los gestos adjudiados, hablan de pap, andaban tresquilados y sin vestidos, mas que unos pequenos refajos, con que cubrian sus vergruenzas. Y las indias siembran y amasan y muelen el pan que en toda aquela provincia se come, que en la lengua de las islas se llama maiz, aunque en la del Peru se llama zara. Los hombres traen unas camisas cortas hasta el ombligo y sus vergruenzas defuera. Hacense las coronas casi a manera de frailes, aunque adelante ni atras no traen ningun cabello, sino a los lados. Precianse de traer muchas joyas de oro en las orejas y en las narices, mayormente esmeraldas, que se hallan solamente en aquel paraje, aunque los indios no han querido mostrar los veneros dellas; creese que nascen alli, porque se han hallado algunas mezcladas y pegadas con guijarros, que es senal de cuajarse dellos. Atanse los brazos y piernas con muchas vueltas de cuentas de oro y de plata, y de turquesas menudas, y de contezuelas blancas y coloradas, y caracoles, sin consentir traer a las mujeres ninguna cosa destas.

Agustín de Zárate.
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

miércoles, 22 de julio de 2020

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CONTRA LA LEY DEL OLVIDO


Sirviendo yo el cargo de secretario en el real consejo de Castilla, donde había quince años que residía, en fin del año pasado de 1543 me fue mandado por la majestad del Emperador Rey nuestro señor, y por los Tierra del su consejo de las Indias, que fuese á las provincias del Perú y Tierra-Firme á tomar cuenta á los oficiales de la Hacienda real del cargo de sus oficinas y á traer los alcances que della resultasen. Y así, me embarqué en la flota donde fue proveído por visorey del Perú Blasco Nuñez Vela. Llegados allá, vi tantas revueltas y novedades en aquella tierra, que me pareció cosa digna de ponerse por memoria, aunque, después de escrito lo de mi tiempo, conoscí que no se podía bien entender si no se declaraban algunos presupuestos, de donde aquello toma su origen; y así, de grado en grado fui subiendo hasta hallarme en el descubremiento de la tierra; porque van los negocios tan dependientes unos de otros, que por cualquiera que falte no tienen los que se siguen la claridad necesaria; lo cual me compelió á comenzar (como dicen) del huevo trojano. No pude en el Perú escribir ordenadamente esta relacion (que no importara poco para su perfeción), porque solo haberla allá comenzado me hubiera de poner en peligro de la vida con un maestre de campo de Gonzalo Pizarro, que amenazaba de matar á cualquiera que escribiese sus hechos, porque entendió que eran más dignos de la ley de olvido (que los atenienses llamaban amnistía) que no de memoria ni perpetuidad. Necesitóme á cesar allá en la escriptura, y á traer acá para acabarla los memoriales y diarios que pude haber, por medio de los cuales escribí una relación que no lleva la prolijidad y cumplimiento que requiere el nombre de historia, aunque no va tan breve ni sumaria, que se pueda llamar comentarios, mayormente yendo dividida por libros y capítulos, que es muy diferente de aquella manera de escribir.

Agustín de Zárate.

Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

sábado, 30 de marzo de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS



TRAS LA DERROTA


«Aquella noche de la victoria sobrevino tan grande helada, que muchos de los heridos murieron de frio; porque a solo Gómez de Tordoya, que no era muerto, y a Pedro Anzures, que estaba herido, se les pudieron dar tiendas porque aún no era llegado el carruaje. Otro día de mañana Vaca de Castro mando curar más de cuatrocientos heridos que había, e hizo enterrar los muertos y llevar los cuerpos de Pedro Álvarez y Gómez de Tordoya a sepultar a la villa de Guamanga, suntuosamente; y aquel mismo día hizo degollar algunos de los presos que habían sido en la muerte del Marqués; y cuando otro día fue a Guamanga, el capitán Diego de Rojas había degollado a Juan Tello y a otros capitanes. Y Vaca de Castro cometió la ejecución de la justicia de los demás al licenciado de la Gama, el cual ahorco y degolló cuarenta personas de los más culpados, y a otros desterró; y a todos los demás perdonó; por manera que serían justiciados hasta sesenta personas. Diose licencia a todos los vecinos que se fuesen a sus casas, y Vaca de Castro se fue al Cuzco, donde hizo nuevo proceso contra don Diego, y dende algunos días le degolló; y diego Méndez se soltó de la cárcel con otros dos de los presos, y se fueron con el Inca a aquellas montañas que llaman los Andes, que por la aspereza de la entrada son inexpugnables. El Inca los rescibio alegremente, mostrando mucho sentimiento de la muerte de don Diego, porque le era muy aficionado, y como tal le envió al camino, cuando supo que pasaba, muchas cotas de malla y coseletes y coracinas. Y otras armas de las que había tomado a la gente que venció y mato de los cristianos cuando iban en socorro de Gonzalo Pizarro y Juan Pizarro al Cuzco, enviados por el Marqués (como arriba hemos dicho); y siempre trajo indios disfrazados en el campo, que le avisasen del suceso de la batalla.


Agustín de Zárate. 
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

jueves, 21 de junio de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS











LO QUE TOCA A LA VERDAD I


«Lo que toca a la verdad, que es donde consiste el ánima de la Historia, he procurado que no se pueda enmendar, escribiendo las cosas naturales y accidentales que yo vi sin ninguna falta ni disimulación, y tomando relación de lo que pasó en mi ausencia, de personas fidedignas y no apasionadas; lo cual se halla con gran dificultad en aquella provincia, donde hay pocos que no estén más aficionados a una de las dos parcialidades de Pizarro o de Almagro que en Roma estuvieron por Cesar o Pompeyo, o poco antes por Sila o Mario. Pues entre los vivos o los muertos que en el Perú vivieron, no se hallara quien no haya recebido buenas o malas obras de una de las dos cabezas o de los que dellas dependen. Si hubiere alguno que cuente diferentemente este negocio, será cuanto a la primera de las tres partes en que las historias se dividen, que es de los intentos o consejos, en lo cual no es cosa nueva diferir los historiadores; pero cuanto a las otras dos partes, que contienen hechos y sucesos, he trabajado lo que pude por no errar.


De Amberes, 30 de marzo de 1555.»


Agustín de Zárate.

Historia del descubrimiento y conquista del Perú.

lunes, 30 de diciembre de 2013

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De los trabajos que pasó don Diego de Almagro y su gente en el descubrimiento de Chili

Grandes trabajos pasó don Diego de Almagro y su gente la jornada de Chili, así de hambre y sed, como de reencuentros que tuvieron con los indios de muy crescidos cuerpos, que en algunas partes había muy grandes flecheros y que andaban vestidos con cueros de lobos marinos; y sobre todo, les hizo gran daño el demasiado frío que pasaron en el camino, así del aire tan helado como después al pasar de unas sierras nevadas, donde acaesció a un capitán que iba tras don Diego de Almagro, llamado Ruy Díaz, quedársele muchas personas y caballos helados, sin que bastasen ningunos vestidos y armas a resistir la demasiada frialdad del aire, que los penetraba y helaba. Y era grande la frialdad de la tierra, que cuando dende a cinco meses don Diego volvió al Cuzco halló en muchas partes algunos de los que murieron a la ida en pié arrimados a algunas peñas, helados, con los caballos de rienda también helados, y tan frescos y sin corrupción como si entonces acabaran de morir; y así, fue gran parte de la sustentación de la gente que venía los caballos que topaban helados en el camino y los comían. Y en todos estos despoblados donde no había nieve, era grande la falta de agua, la cual suplieron con llevar cueros de ovejas llenos de agua; de tal manera, que cada oveja viva llevaba a cuestas el cuero de otra muerta, con agua; porque, entre otras propiedades que tienen estas ovejas del Perú, es una de llevar dos y tres arrobas de carga, como camellos, con quien tienen mucha semejanza en el talle, si no les faltase la jiba de los camellos; y también las han impuesto los españoles en que lleven una persona cabalgando cuatro o cinco leguas en un día y cuando se sienten cansadas y se echan en el suelo ningún medio basta para levantarlas, aunque las hieran y ayuden, sino es quitándoles la carga; y cuando llevan alguno cabalgando, si se cansan y las apremian a andar, vuelven la cabeza al que va encima y le rucian con una cosa de muy mal olor, que paresce ser de lo que traen en el buche. Es animal de gran fruto y provecho porque tiene finísima lana, especialmente las que llaman pacos, que tienen las vedijas largas; son de poco mantenimiento, especialmente las que trabajan, y comen maíz, que se pasan cuatro y cinco días sin beber. La carne dellas es tan sabrosa y sana como los carneros muy gordos de Castilla. Y destas hay ya por toda la tierra carnicerías públicas, porque a los principios no eran menester, sino que, como cada español tenía ganado propio, en matando una oveja enviaban los vecinos por lo que habían menester a su casa, y así se proveían a veces. En cierta parte de Chili, en unos campos rasos, hay avestruces que para las matar se ponían los de caballo en postas, corriendo tras ellas los unos hasta donde estaban los otros, porque de otra manera no las podía alcanzar un caballo, según vuelan a pié, saltando a trancos, casi sin levantar del suelo. También hay por aquella costa muchos ríos que corren de día, y de noche no traen gota de agua; lo cual causa gran admiración a los que no entienden que aquello procede de que se derrite de día la nieve de las sierras con el calor del sol, y entonces corre el agua, lo cual de noche, con la frialdad, se reprime y no corre.



Agustín de Zárate. 
Historia del descubrimiento y conquista del Perú.