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viernes, 8 de marzo de 2019

OBITER DICTUM






«Miss Stein era muy voluminosa, pero no alta, de arquitectura maciza como una labriega. Tenía unos ojos hermosos y unas facciones rudas, que eran de judía alemana, pero hubieran podido muy bien ser friulanas, y yo tenía la impresión de ver a una campesina del norte de Italia cuando la miraba con sus ropas y su cara expresiva y su fascinador, copioso y vivido cabello de inmigrante, peinado en un moño alto que seguramente no había cambiado desde que era una muchacha. Miss Stein hablaba sin parar y al principio de nuestra amistad no hablaba más que de personas y de lugares.»

Ernest Hemingway.

domingo, 9 de septiembre de 2018

OBITER DICTUM






El hecho de que abandonara la película fue considerado noticia, así que al llegar a Roma di una breve conferencia de prensa en la cual no dije nada contra David, excepto que había habido «división de opiniones». Al decir estas palabras me acordé de una anécdota que me contó Hemingway una vez: un matador volvía a su hotel después de una tarde desastrosa. Le habían arrojado todas las almohadillas y botellas de la plaza. Al llegar al hotel con su picador, el director le preguntó: «¿Qué tal fue la corrida?» El matador respondió: «Hubo división de opiniones.» El picador dijo: «Sí, hubo división de opiniones. Unos querían cagarse en su padre y otros querían cagarse en su madre.»

John Huston.

martes, 7 de marzo de 2017

OBITER DICTUM






«El paseo nos había puesto hambrientos, y para nosotros comer en un sitio caro como Michaud era una aventura llena de alegría. Allí estaba Joyce cenando con su familia. Él y su esposa se sentaban de espaldas a la pared, y Joyce examinaba la carta a través de sus gruesos lentes, acercándosela a la cara; a su lado se sentaba Nora, que comía con apetito, pero sólo platos finos; Giorgio era delgado, cuidaba mucho su aspecto, y su nuca se veía muy bien peinada; Lucía tenía una gran belleza rizada, y era una muchacha no del todo desarrollada todavía. Hablaban en italiano.»

Ernest Hemingway.

domingo, 7 de septiembre de 2014

OBITER DICTUM






«En las mañanas de primavera, yo me ponía a trabajar temprano, mientras mi mujer dormía todavía. Las ventanas estaban abiertas de par en par, y el empedrado de la calle iba secándose tras la lluvia. El sol arrancaba la humedad a las fachadas de enfrente. Las tiendas estaban todavía encerradas en sus postigos. El cabrero subía por la calle al son de su flauta, y la mujer que vivía en el piso encima del nuestro bajaba a la calle con un gran jarro. El cabrero escogía una de sus cabras negras, de ubres pesadas, y la ordeñaba en el jarro, mientras el perro arrimaba las demás cabras a la acera. Las cabras miraban a su alrededor, torciendo el cuello como turistas en un panorama nuevo. El cabrero cobraba y daba las gracias a la mujer, y subía calle arriba tocando la flauta, y el perro guiaba a las cabras que meneaban los cuernos a cabezadas.»

Ernest Hemingway.

martes, 3 de diciembre de 2013

OBITER DICTUM






«Pero París era una muy vieja ciudad y nosotros éramos jóvenes, y allí nada era sencillo, ni siquiera el ser pobre, ni el dinero ganado de pronto, ni la luz de la luna, ni el bien ni el mal, ni la respiración de una persona tendida a mi lado bajo la luz de la luna.»

Ernest Hemingway.