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lunes, 28 de marzo de 2022

OBITER DICTUM






«—Sería indigno de la gran confianza depositada en mí si no hiciera todo lo que está en mis manos para mantener nuestra amada Libertonia en paz con el mundo. Me complacerá enormemente reunirme con el embajador Trentino y ofrecerle, en nombre de mi país, la mano derecha de la fraternidad. Y estoy seguro de que él aceptará este gesto con el espíritu con que es transmitido. Pero supongamos que no es así. Vaya. Yo le tiendo la mano y él la rechaza. Esto aumentará mi prestigio, ¿verdad? Yo, el jefe de un país, desairado por un embajador extranjero. ¿Quién se cree que es para venir aquí y aporrearme delante de toda mi gente? Pensémoslo. Le tiendo la mano. Y esa hiena se niega a aceptarla. ¡Vaya con el canalla ordinario y farolero! ¡No se saldrá con la suya, créanme! [Entra el embajador] Líder de Libertonia: Así que se niega a estrecharme la mano, ¿eh? [Abofetea al embajador] Embajador. ¡Señora Teasdale, esto ya es el colmo! ¡Ahora no hay vuelta atrás! ¡Es la guerra!»

Groucho Marx.

martes, 10 de diciembre de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL RAPTO DE LAS MARXIANAS


«Una noche en Ann Arbor, ciudadela sagrada de la universidad de Michigan, cerca de cuatrocientos estudiantes aguardaban a la puerta del teatro, decididos a raptar a las chicas que formaban parte de nuestro número. Vociferaban, chillaban y ojeaban la presa, ignorando todas nuestras súplicas para que se retirasen. El empresario del teatro salió muy nervioso y les rogó que se marcharan a sus casas, pero no estaban de humor para dejarse convencer con discursos. Estaban dispuestos a apoderarse de aquellas ocho jóvenes... o a hacer lo que fuera. Por lo visto, aquello no constituía ninguna nueva experiencia para el empresario. No, no llamó a la policía. No había suficientes guardias en Ann Arbor para hacer frente a cuatrocientos muchachos desatados y enloquecidos por el sexo. Nos dio una escolta mucho más eficaz. Llamó a los bomberos. Éstos sacaron rápidamente las mangueras de los coches, las enchufaron en los surtidores de agua más cercanos y empezaron a remojar a los estudiantes con incesantes chorros de agua a alta presión. La multitud fue retrocediendo poco a poco, nos montamos todos en los coches de bomberos y fuimos transportados sanos y salvos hasta nuestros alojamientos.»

Groucho Marx

Groucho y yo

sábado, 28 de abril de 2018

OBITER DICTUM




La molestia que supone escribir un libro sobre ti mismo es que no puedes andar haciéndote el estúpido. Si escribes sobre cualquier otra persona, puedes estirar la verdad desde aquí hasta Finlandia. Si escribes sobre ti mismo, la más pequeña desviación te hace advertir en seguida que puede haber honor entre los ladrones, pero que tú no eres más que un cochino mentiroso.


Groucho Marx

martes, 15 de agosto de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL BIGOTE Y LAS CACHIPORRAS


Tan pronto como llegué a mi camerino, Quinn, el empresario, entró apresuradamente echando chispas.

        —Oye, muchacho —dijo—. La semana pasada actuaste en el Palace, ¿no es verdad?
        Siempre actor, respondí:
        —Sí, y he de confesar que tuvimos un gran éxito. De hecho, nos preguntaron cuándo podríamos volver. Y bien, ¿qué se le ofrece?
        —¿Qué se me ofrece? —repitió—. ¡Ya te diré yo lo que se me ofrece! Te estoy pagando a ti y a tus compinches el mismo salario que cobrabais en el Palace, ¿no es verdad? Bueno, pues, quiero que lleves el mismo bigote que llevabas en el Palace. ¿De acuerdo?
        Yo dije:
        —Oiga usted, huno invernal, ¿qué diferencia hay en la clase de bigote que lleve? El público se ha reído esta noche de un modo exactamente tan ruidoso como lo hicieron la semana pasada los espectadores del Palace. Eso es todo lo que usted puede exigir. Ahora, pues, ¡lárguese!
        Estuve especialmente valiente aquella noche, algo fuera de lo normal. ¿Por qué razón? Mis tres hermanos permanecían de pie junto a mí, balanceando como por azar sus cachiporras, como un anuncio de que alguien iba a ser mutilado.

Groucho Marx.

Groucho y yo.

miércoles, 14 de octubre de 2015

OBITER DICTUM




GROUCHO: ¿Ha llegado el correo esta mañana?
MIS DIMPLE: Sí, hay una carta de la empresa de máquinas de escribir. Dicen que no ha pagado todavía la máquina de escribir.
GROUCHO: ¿Y por qué iba yo a pagar la máquina de escribir? Usted es quien la usa.
MIS DIMPLE: Pero Mr. Flywheel, yo…
GROUCHO: No importa. Mande una carta a esos miserables oportunistas. Veamos… Caballeros… Yo nunca pedí esa máquina de escribir. (Pausa.) Si lo hice, ustedes no la mandaron… Si la mandaron, yo no la recibí… Si la recibí, la pagué… Y si no le hice, no lo haré. Con mis mejores deseos…
MIS DIMPLE: ¿Algo más, Mr. Flywheel?
GROUCHO: Sí… Amor y besos. Pero no se los mande. Son para usted… Y, ahora… una carta a la Peerless Building Supply Company. (Pomposamente.) Caballeros, no aceptaré ni un centavo menos de cincuenta dólares por la instalación eléctrica de mi oficina. En caso de no tener noticias suyas, daré por hecho que no desean pagar más de doce dólares… Por tanto, y a fin de no perder más el tiempo, aceptaré los doce dólares.
MIS DIMPLE: ¡Pero Mr. Flywheel! ¡No puede puede usted vender la instalación de eléctrica! ¡Es propiedad del casero!
GROUCHO: Bueno, debería estar contento. Vendo su instalación eléctrica para poder pagarle su alquiler… Oiga, dígale a Ravelli que empaquete la araña del techo.
MIS DIMPLE:¿A Mr. Ravelli? No ha llegado todavía.
GROUCHO: Bueno, pues cuando venga, será mejor que le diga que se haga otro seguro de incendio. Le voy a bajar los humos


Groucho Marx.