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domingo, 8 de agosto de 2021

ALLÁ EN LAS INDIAS




ERA BURLA


Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se fabló desta empresa todos a una dixeron que era burla. Agora cada uno se da por autor y dize maravillas, y fasta los sastres suplican por descubrir y se les otorga, que cobran con tanto perjuicio de mi honra y tanto daño del negocio. Bueno es de dar a Dios lo suyo y a César lo que le perteneze. Esta es justa sentencia, y de justo.
Toda la costa de la tierra de Paria e islas de la comarca, que son tantas, han sido robadas y muerto gran número de gente. En días que bivan los bivos, no serán amigos nuestros. Ricos son y no de tener en poca estima oro y perlas, especería con braxil, e mucho se tiene entre cristianos y moros y toda gente.
Las tierras que acá obedezen a vuestras altezas son más que todas las otras de cristianos y ricas. Después que yo, por voluntad divina, las ove puestas debaxo de su real y alto señorío y en hilo por haver grandísima renta, de improviso, esperando navíos para venir a su alto conspecto con vitoria y grandes nuevas del oro, muy seguro y alegre, contra su real mandado, fui preso y echado con dos hermanos en un navío, cargados de fierros, desnudo en cuerpo, con muy mal tratamiento, sin aver desobedezido ni ser llamado ni vencido por justicia. Previlegios, cartas, promesas ni asientos no me aprovechó cosa.

Cristobal Colón.
Cuarto viaje.

miércoles, 27 de febrero de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS




LA MALA MÚSICA

"El día siguiente vino de hazia el Oriente una gran canoa con veinte y cuatro hombres, todos mancebos e muy ataviados de armas, arcos y frechas y tablachinas, y ellos, como dixe, todos mancebos de muy linda disposición y no negros, salvo más blancos que otros que aya visto en las Indias, y de muy lindo gesto y fermosos cuerpos, y los cabellos llanos y largos, cortados a la guisa de Castilla. Traían la cabeza atada con un pañuelo de algodón texido a labores y colores, los cuales creía yo que era almaiçares, y otro destos pañuelos traían ceñido y se cobijavan con él en lugar de pañetes. Cuando llegó esta canoa, habló de muy lexos, e yo ni otro ninguno no les entendimos, salvo que yo le mandé fazer señas que se allegasen, y en esto se pasó más de dos oras y, si se llegavan un poco, luego se desviavan. Yo les fazía mostrar bacines y otras cosas que relucían, por enamorarlos por que viniesen, y a cabo de un rato se allegaron más que fasta entonces no avían.
E yo deseava mucho aver lengua y no tenía ya cosa que me pareciese que era de mostrarles para que viniesen, salvo que hize subir un tamborino en el castillo de popa que tañesen e unos mancebos que danzasen, creyendo que se allegarían a ver la fiesta. Y, luego que vieron tañer y danzar, todos dexaron los remos y echaron mano a los arcos y los encordaron, y embrazaron su tablachina y començaron a tirarnos flechas. Cesó luego el tañer y danzar y mandé sacar unas ballestas, y ellos dexáronme y fueron a más andar a otra caravela, y de golpe se fueron debaxo la popa de ella, y el piloto entró con ellos y dio un sayo y un bonete a un hombre principal que le pareció de ellos, y quedó concertado que le iría a hablar en la playa, adonde ellos luego fueron con la canoa esperándole. Y él, como no quiso ir sin mi licencia, y como ellos le vieron venir a la nao con la barca, tornaron a entrar en la canoa y se fueron, y nunca más los vide ni a otros en esta isla."

Cristobal Colón. 
Tercer viaje.

domingo, 15 de julio de 2018

ALLÁ EN LA INDIAS




EL ORO


«A seis de febrero, lloviendo, embié setenta hombres la tierra adentro y a las cinco leguas fallaron muchas minas. Los indios que iban con ellos, los llevaron en un cerro muy alto y de allí les mostraron hazia toda parte cuanto los ojos alcançavan, diziendo que en todo cabo avía minas de oro y que hazia el Poniente hazían veinte jornadas, y anombravan las villas y lugares y a donde avía de ello más o menos. Después supe yo que el Quivía, que avía dado estos indios, les avía mandado que fueren a mostrar las minas lexos y de otro Quivía, su contrario, y que adentro de su pueblo coxían, cuando él quería, un hombre en diez días una almozada de oro. Los indios, sus criados y testigos desto traigo conmigo. A donde él tiene el pueblo, llegan las barcas. El vulgo es que el oro se engendra en tierras estériles y a donde el sol tenga fuerza. En la Española y en Veragua se ha hallado la mayor cantidad en el monte, adonde son los árboles gordos como toneles y espesos, nacidos desque Dios crió el primer hombre. Y adonde el sol no llega a la tierra, por la sombra, allí se ha fallado grano en la Española de setenta marcos, como vuestras altezas bien saben.»


Cristobal Colón. 
Segundo viaje.

martes, 16 de abril de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





AY DE LOS INDÍGENAS!



En verdad que Colón fue un tipo muy desgraciado. Yo no recuerdo haber llegado a ningún pueblo de los muchos que conozco, sin que inmediatamente me hayan dicho que no fue Colón, sino un vecino del pueblo, quien descubrió América. Muy mal lo pasaría hoy quien se permitiese decir en Dieppe que Cousin no descubrió el Continente americano, al descubrir el Marañón, cuatro años antes que Colón y nueve antes que Vasco de Gama.
Pero más desgraciados aún que Colón son, por supuesto, los indígenas de América, puesto que pasaron la vida sometidos al régimen del descubrimiento. Primero les descubrió el joven Cousin, mientras comían guayabas en un guayabal; en seguida don Cristóbal; después, el amigo Vasco de Gama; et sic de ceteris. Hay gentes que han venido al mundo a servir al deporte náutico del descubrimiento.
A los indígenas de América les han descubierto unas catorce veces, lo cual es un abuso. Que una vez le descubran á uno, aunque sea por casualidad, puede pasar; pero no tanto. Lo que hay es que cada nación europea quiere darse el pisto de un descubrimiento, con sus correspondientes salvajes, que estaban muy a gusto en sus guayabales sin europeizarse a lo Silvela.
Dios me libre de quitar méritos á Monsieur Cousin, de cuya vida y milagros acabo de enterarme por la módica suma de cinco céntimos que me costó un ilustrado semanario de la localidad.

Luis Bonafoux
Por el mundo arriba.
Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas.

jueves, 26 de abril de 2012

ALLÁ EN LAS INDIAS







LENGUA, ALMAS Y CANÍBALES


Ítem: Diréis a sus altezas que a causa que acá no ay lengua por medio de la cual a esta gente se pueda dar a entender nuestra santa fe, como sus altezas desean e aun los que acá estamos, comoquier que se trabajará cuanto pudieren, se embía de presente con estos navíos así de los caníbales, ombres e mujeres e niños e niñas, los cuales sus altezas pueden mandar poner en poder de personas con quien puedan mejor aprender la lengua, exercitándoles en cosas de ser vicio e poco a poco mandando poner en ellos algún más cuidado que en otros esclavos, para que deprendan unos apartados de otros, que no se fablen ni se vean sino muy tarde, que más perfectamente deprenderán allá que no acá e serán mucho mejores intérpretes, comoquier que acá no se dexará de fazer lo que se pueda. Es verdad que como esta gente platican poco los de la una isla con los de la otra, en las lenguas ay alguna diferencia entre ellos, según como están más cercano o más lexos. Y porque entre las otras islas las de los caníbales son mucho grandes e harto bien pobladas, parecerá acá que tomar de  ellos e de ellas e embiarlos allá en Castilla no sería sino bien, porque quitarse ían una vez de aquella inhumana costumbre que tienen de comer ombres, e allá en Castilla, entendiendo la lengua, muy más presto recibirán el bautismo e farán el provecho de sus ánimas. E aun entre estos pueblos que no son destas costumbres se ganaría gran crédito por nosotros, viendo que  aquellos prendiésemos e cautivásemos de quien ellos suelen recibir daños e tienen tamaño miedo que del nombre sólo se espantan.
Certificando a sus altezas que la venida e vista desta flota acá en esta tierra, así junta e fermosa, ha dado muy grande autoridad a esto e muy grande seguridad para las cosas venideras, para que toda esta gente desta grande isla e de las otras, viendo el buen tratamiento que a los buenos se fará e el castigo que a los malos se dará, verná a obediencia prestamente para poderlos mandar como vasallos de sus altezas. Comoquier que ellos agora, donde quier que ombres se falle, no sólo fazen de grado lo que ombre quier que fagan, mas ellos de su voluntad se ponen a todo lo que entienden que nos puede plazer. E también pueden ser ciertos sus altezas que no menos allá, entre los cristianos príncipes aver dado gran reputación la venida desta armada po  muchos respetos, así presentes como venideros, los cuales sus altezas podrán mejor pensar e entender que no sabría dezir.
Ítem: Diréis a sus altezas que el provecho de las almas de los dichos caníbales  e aun destos de acá ha traído en pensamiento que  cuantos más allá se llevasen sería mejor, e en ello sus altezas podrían ser servidos de esta manera: que, visto cuánto son acá menester los ganados e bestias de trabajo para el sostenimiento de la gente que acá ha de estar e bien de todas estas islas. Sus altezas podrán dar licencia e permiso a un número de caravelas suficiente que vengan acá cada año e trayan de los dichos ganados e otros mantenimientos e cosas de poblar el campo e aprovechar la tierra, y esto en precios razonables a sus costas de los que les truxieren, las cuales cosas se les podrían  pagar en esclavos destos caníbales, gente tan fiera e dispuesta e bien proporcionada e de muy buen entendimiento, los cuales, quitados de aquella inhumanidad creemos que serán mejores que otros ningunos esclavos, la cual luego perderán que sean fuera de su tierra. Y de estos podrán aver muchos con las fustas de remos que  acá se entienden de fazer, fecho empero presupuesto que cada una de las caravelas que viniesen de sus altezas pusiesen una persona fiable, la cual defendiese las dichas caravelas que no descendiesen a ninguna parte ni isla salvo aquí, donde ha de estar la carga e descarga de toda la mercaduría. E aun destos esclavos que se llevaren, sus altezas podrían aver sus derechos allá. Y desto traeréis o embiaréis respuesta, porque acá se fagan los aparejos que son menester con más confianza, si a sus altezas pareciere bien.


Cristobal Colón. Segundo viaje.

lunes, 7 de febrero de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS





EN AQUEL DÍA


“Jueves, 11 de Otubre


Navegó al Güesudueste. Tuvieron mucha mar, más que en todo el viaje avían tenido. Vieron pardelas y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la caravela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro, y un pedaço de caña y otra yerva que nace en tierra y una tablilla. Los de la caravela Niña también vieron otras señales de tierra y un palillo cargado d'escaramojos. Con estas señales respiraron y alegráronse todos. Anduvieron en este día, hasta puesto el sol, 27 leguas. Después del sol puesto, navegó a su primer camino al Güeste. Andarían doze millas cada ora, y hasta dos oras después de media noche andarían 90 millas, que son 22 leguas y media. Y porque la caravela Pinta era más velera e iva delante del Almirante, halló tierra y hizo las señas qu'el Almirante avía mandado. Esta tierra vido primero un marinero que se dezía Rodrigo de Triana puesto que el Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vid lumbre; aunque fue cosa tan çerrada que no quiso affirmar que fuese tierra, pero llamó a Pero Gutiérrez repostero d'estrados del Rey e díxole que pareçía lumbre, que mirasse él, y así lo hizo, y vídola. Díxolo también a Rodrigo Sánchez de Segovia, qu'el Rey y la Reina embiavan en el armada por veedor, el cual no vido nada porque no estava en lugar do la pudiese ver. Después qu'el Almirante lo dixo, se vido una vez una vez o dos, y era como una candelilla de cera que se alçava y levantava, lo cual a pocos pareçiera ser indiçio de tierra; pero el Almirante tuvo por çierto estar junto a la tierra. Por lo cual, cuando dixeron la Salve, que la acostumbran dezir e cantar a su manera todos los marineros y se hallan todos, rogó y amonestólos el Almirante que hiziesen buena guarda al castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que al que le dixese primero que vía tierra le daría luego un jubón de seda, sin las otras mercedes que los Reyes avían prometido, que eran diez mill maravedís de juro a quien primero le viese. A las dos oras después de media noche pareçió la tierra, de la cual estarían dos leguas. Amainaron todas las velas, y quedaron con el treo que es la vela grande, sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes que llegaron a una isleta de los lucayos, que se llamava en lengua de indios Guanahaní.

Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso Pinçón y Viceinte Anes, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la vandera real y los capitanes con dos vanderas de la Cruz Verde, que llevava el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una I, ençima de cada letra su corona, una de un cabo de la + y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo d'Escobedo, escrivano de toda el armada, y a Rodrigo Sánches de Segovia, y dixo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomava, como de hecho tomó, possessión de la dicha isla por el Rey e por la Reina sus señores, haziendo las protestaçiones que se requirían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hizieron por escripto. Luego se ayuntó allí mucha gente de la isla. Esto que se sigue son palabras formales del Almirante en su libro de su primera navegaçión y descubrimiento d'estas Indias. «Yo», dize él, «porque nos tuviesen mucha amistad, porque cognosçí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra sancta fe con amor que no por fuerça, les di a algunos d'ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescueço, y otras cosas muchas de poco valor, con que ovieron mucho plazer y quedaron tant nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estávamos, nadando, y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocavan por otras cosas que nos les dávamos, como cuentezillas de vidrio y cascaveles. En fin, todo tomavan y daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mugeres, aunque no vide más de una farto moça, y todos los que yo vi eran todos mançebos, que ninguno vide de edad de más de XXX años, muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruessos cuasi como sedas de cola de cavallo e cortos. Los cabellos traen por ençima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. d'ellos se pintan de prieto, y [d']ellos son de la color de los canarios, ni negros ni blancos, y d'ellos se pintan de blanco y d'ellos de colorado y d'ellos de lo que fallan; y d'ellos se pintan las caras, y d'ellos todo el cuerpo, y d'ellos solos los ojos, y d'ellos solo el nariz. Ellos no traen armas ni las cognosçen, porque les amostré espadas y las tomavan por el filo y se cortavan con ignorançia. No tienen algún fierro; sus azagayas son unas varas sin fierro y algunas d'ellas tienen al cabo un diente de peçe, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vide algunos que tenían señales de feridas en sus cuerpos, y les hize señas qué era aquello, y ellos me amostraron cómo allí venían gente de otras islas que estavan açerca y les querían tomar y se defendían. Y yo creí e creo que aquí vienen de tierra firme a tomados por captivos. Ellos deven ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dizen todo lo que les dezía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareçió que ninguna secta tenían. Yo plaziendo a Nuestro Señor llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que deprendan fablar. Ninguna bestia de ninguna manera vide, salvo papagayos en esta isla.”

Todas son palabras del Almirante.


Cristobal Colón. 

Primer viaje.