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jueves, 11 de julio de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE









DRESDE 1883


        "Mi preciosa amada:
        En el sosiego de hoy puedo al fin contarte más cosas acerca de Dresde, pues nada te he dicho sobre la impresión más grata que allí tuve. Cerca del castillo descubrimos una catedral maravillosa, más allá un teatro y finalmente, una espacioso edificio cuadrado, con un amplio patio y una torre en cada una de sus esquinas, construido al estilo de nuestro Belvedere— y Philipp se empeñó en que tenía que ser el castillo dada la belleza de sus líneas. Se trataba, sin embargo, del llamado Zwinger, que alberga todos los museos y tesoros artísticos de Dresde. Hallamos, no sin esfuerzo, la galería pictórica donde estuvimos aproximadamente una hora, los viejos para descansar y yo para traerme conmigo unas cuantas impresiones rápidas de estas famosas obras de arte. Opino que extraje de aquella visita un beneficio que habrá de perdurar, pues ahora había sospechado siempre que quienes visitaban los museos y se extasiaban ante las grandes obras de arte tenían contraído el mutuo compromiso tácito de no delatar su respectiva incomprensión pictórica. Allí me despojé de este vandálico concepto y comencé a admirar sinceramente la obra de los grandes maestros. En el Zwinger hay cosas magníficas. Reconocí algunas fotografías y reproducciones que había visto anteriormente…"


Sigmund Freud. 
Epistolario. 
Plaza y Janés.

sábado, 28 de marzo de 2015

OBITER DICTUM

 




«Según Freud, los diferentes tipos de neurosis estaban relacionados con la imposibilidad del paciente de superar las primeras etapas del desarrollo sexual debido a las fijaciones en la etapa «oral», «anal» o «fálica», que impedían avanzar hacia la «genitalidad», que es como denominaba Freud a la etapa de madurez sexual. Freud creía que la vida mental se guiaba en su origen por el «principio del placer»; es decir, por la necesidad de evitar el dolor y obtener placer. También creía que el sistema nervioso y, por tanto, la estructura mental al completo, tenía como función reducir el nivel de intensidad de los impulsos instintivos que llegaban a él para hallar el modo de expresarlos y, por consiguiente, de descargarlos. La idea de salud y felicidad mental se vinculó a la existencia, o consecución, de la satisfacción sexual.»


Anthony Storr.


sábado, 15 de marzo de 2014

OBITER DICTUM






«Así es como la frase de Freud a Jung, de cuya boca la conozco, cuando, invitados los dos en la Clark University, tuvieron a la vista el puerto de Nueva York y la célebre estatua que alumbra al universo: “No saben que les traemos la peste”, le es enviada de rebote como sanción de una hybris cuyo turbio resplandor no apagan la antífrasis y su negrura. La Némesis, para agarrar en la trampa a su autor, sólo tuvo que tomarle la palabra. Podríamos temer que hubiese añadido un billete de regreso en primera clase.»


Jacques Lacan

lunes, 12 de diciembre de 2011

OBITER DICTUM







“Otro rasgo de la actitud del hombre primitivo con respecto a sus soberanos, recuerda un proceso muy frecuente en la neurosis y que aparece particularmente acentuado en la llamada «manía persecutoria». Este rasgo consiste en exagerar con exceso la importancia de una persona determinada y atribuirla un poder increíblemente ilimitado, con el fin de poder echar sobre ella, con cierta justificación, la responsabilidad de todo lo desagradable y penoso que al enfermo sucede. A decir verdad, no proceden de otro modo los salvajes con respecto a  su rey, cuando habiéndole atribuido el poder de provocar o hacer cesar la lluvia, regular el brillo del sol, la dirección del viento, etcétera, le destrona o le matan porque la naturaleza ha defraudado su esperanza de una caza abundante o una buena cosecha. El cuadro que el paranoico reproduce en su manía de persecución, es el de las relaciones entre el niño y padre. El hijo, atribuye, en efecto a su padre una parecida omnipotencia, y puede comprobarse que su ulterior desconfianza con respecto a él se halla en proporción directa con el grado de poder que antes le ha atribuido. Cuando un paranoico reconoce a su perseguidor en una de las personas que le rodean, la promueve, con este hecho, a la categoría de padre, esto es, la sitúa en condiciones que le permiten hacerle responsable de todas las desgracias imaginarias de que es víctima.”

Sigmund Freud