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martes, 18 de abril de 2023

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




EL TAMPÓN


«Entonces surgió un nuevo problema: el sellado de nuestros papeles. Del bolsillo de su casaca sacó un pequeño paquete envuelto en periódico y de él extrajo un tampón. Pero eso era todo lo que tenía, no tenía almohadilla de tinta. Sin embargo, al parecer nunca había tenido almohadilla, porque su técnica era de cuidadoso diseño. De otro bolsillo de su casaca sacó un lápiz; tras chupar el tampón de caucho, frotó el lápiz contra el caucho y lo probó en nuestros papeles. No pasó absolutamente nada. El tampón de caucho ni siquiera hizo una sugerencia de estampación. Para ayudarle, sacamos nuestras plumas goteando y mojamos nuestros dedos con la tinta y frotamos su tampón de caucho con ellos. Y al fin tuvimos una bonita impronta. Envolvió su tampón en su periódico y volvió a meterlo en el bolsillo, nos dio un caluroso apretón de manos y bajó del avión. Volvimos a hacer nuestras maletas y las apilamos en uno de los asientos.»


John Steinbeck.

Diario de Rusia

Editorial Capitan Swing


martes, 4 de octubre de 2022

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






 

UNA DE PELMENI, CAMARADA!


«Dado que todo en la Unión Soviética, toda transacción, se hace bajo el Estado, o bajo monopolios concedidos por el Estado, el sistema de contabilidad es enorme. De este modo, cuando toma nota, el camarero lo escribe muy cuidadosamente en un libro. Pero después no va a pedir la comida. Va al contable, que anota otra entrada acerca de la comida que ha sido pedida y emite un recibo que va a la cocina. Allí se anota otra entrada, y se solicita la comida. Cuando al fin se expide la comida, también se emite un recibo con la entrada de la comida, que se entrega al camarero. Pero este no lleva la comida a la mesa. Lleva su recibo al contable, que anota otra entrada en la que dice que la comida que fue solicitada ha sido expedida y da otro recibo al camarero, que entonces vuelve a la cocina y lleva la comida a la mesa, anotando en su libro que la comida que fue solicitada, registrada y emitida, ya está por fin en la mesa. Esta contabilidad lleva mucho tiempo. De hecho, mucho más que cualquier cosa que se haga con la comida. Y no hace ningún bien impacientarse por conseguir la comida, porque no hay nada en el mundo que se pueda hacer. El proceso es invariable


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.

lunes, 4 de octubre de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUEROTE




DE ALCOHÓLICOS, MUJERES Y ALGO DE JAZZ


«Y nosotros somos especímenes bastante normales. Nos encanta un tobillo bien torneado o incluso unas pulgadas por encima del tobillo, vestido, si es posible, con unas medias de nailon bien ajustadas. Somos aficionados a los trucos, y a las mentiras, y a las falsedades que usan las mujeres para engañar y atrapar a los inocentes y estúpidos hombres. Nos gustan mucho esas cosas: bonitos peinados, y los perfumes, y la ropa bonita, y el esmalte de uñas, y el carmín, y la sombra de ojos, y las pestañas postizas. Teníamos un ansia definitiva de ser engañados y mentidos. Nos gustan las intrincadas salsas francesas, y los vinos de cosecha, y el champán Pierre-Jouet, aproximadamente de 1934. Nos gusta que el jabón de baño huela dulce, y nos gustan las camisas blancas suaves. Nos gusta la música cíngara tocada por todo un batallón endiablado de violines. Nos gusta el son enloquecido de la trompeta de Louis Armstrong, y la risa histérica del clarinete de Pee Wee Russell. Y ahora llevábamos una vida de prístina virtud. Nos mostrábamos circunspectos a conciencia. Los ataques más comunes contra los extranjeros en la Unión Soviética se basan en la embriaguez y la lascivia. Y a pesar de que solo somos razonablemente alcohólicos, y no más lascivos que la mayoría de la gente, aunque esto es algo variable, estábamos decididos a vivir una vida de santos.»


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.


sábado, 3 de julio de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



LAS COSTUMBRES DURANTE EL GULAG


«A un visitante que va a cualquier localidad en Estados Unidos se le lleva a ver la Cámara de Comercio, el aeropuerto, los nuevos juzgados, la piscina y la fábrica de armas. Y a un visitante en Rusia se le lleva a ver el museo y el parque de cultura y descanso. En todas las localidades hay un parque de cultura y descanso, y ya nos estábamos acostumbrando a ellos: los bancos, los grandes parterres con flores, las estatuas de Stalin y de Lenin, las conmemoraciones en piedra de las batallas que tuvieron lugar en la localidad en tiempos de la Revolución. Rehusar ver el parque local de cultura y descanso sería de tan mala educación como negarse a visitar un nuevo desarrollo urbanístico en cualquier ciudad americana. Cansados como estábamos de haber sido sacudidos hasta la muerte en el jeep, quemados por el sol como estábamos, porque no llevábamos sombrero, tuvimos que ir al parque de cultura y descanso en Gori.»


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.


jueves, 19 de marzo de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EN EL PATIO DEL PADRECITO


«Por donde quiera que fuéramos en Rusia —en Moscú, en Ucrania, en Stalingrado—, el nombre mágico de Georgia surgía constantemente. Gente que nunca había estado allí, y que posiblemente nunca podría ir, hablaba de Georgia con una especie de nostalgia y gran admiración. Hablaban de los georgianos como superhombres, como grandes bebedores, grandes bailarines, grandes músicos, grandes trabajadores y amantes. Y hablaban del país del Cáucaso y de las orillas del Mar Negro como una especie de segundo cielo. De hecho, empezamos a creer que la mayoría de los rusos esperan que si llevan una vida muy buena y virtuosa, cuando mueran no irán al cielo, sino a Georgia. Es un país privilegiado por el clima, de suelo muy rico, y tiene su pequeño océano. Los grandes servicios al Estado se premian con un viaje a Georgia. Es un lugar de recuperación para la gente que ha estado enferma durante mucho tiempo. E incluso en la Guerra fue un lugar privilegiado, porque los alemanes nunca llegaron allí, ni con aviones ni con tropas. Es uno de los lugares que no sufrieron ningún daño. »


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.




sábado, 2 de marzo de 2019

OBITER DICTUM






«Quizá en este punto debamos tratar un asunto que molesta a la mayoría de los americanos. Nada en la Unión Soviética escapa a la mirada de escayola, bronce, óleo o bordado del ojo de Stalin. Su retrato no solo está expuesto en todos los museos, sino que también se exhibe en todas las salas de todos los museos. Su estatua se levanta al frente de todos los edificios públicos. Su busto está delante de todos los aeropuertos, estaciones de ferrocarril, estaciones de autobús, en todas las aulas, y a menudo su retrato está detrás de su busto. En los parques está sentado en un banco de yeso, discutiendo problemas con Lenin. Los estudiantes en los colegios bordan su retrato con aguja e hilo. Las tiendas venden millones y millones de caras suyas, y todas las casas tienen al menos un retrato. Seguramente el pintado, el modelado, el fundido, el forjado y el bordado de Stalin es una de las grandes industrias de la Unión Soviética. Está en todas partes, lo ve todo.»

John Steinbeck.

jueves, 2 de marzo de 2017

OBITER DICTUM






«Volvimos a nuestra habitación verde con su demente mural, y nos dimos cuenta de que estábamos deprimidos. No nos podíamos imaginar exactamente por qué, y entonces caímos en la cuenta: hay muy poca risa en las calles, y raramente alguien sonríe. La gente camina, o más bien se va escabullendo, con la cabeza gacha, y no sonríen. Quizá es que trabajan demasiado, que tienen que viajar demasiado lejos para llegar al trabajo que hacen. Parece haber una gran seriedad en las calles, y quizá esto siempre era así, no lo sabemos. »

John Steinbeck.

martes, 27 de octubre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 



LOS C-47


«Durante los dos meses siguientes volamos mucho en aviones de transporte rusos, y hay varias similitudes entre todos ellos, de modo que este avión bien podría describirse como representativo de todos ellos. Todos eran C-47, con pintura marrón de guerra, restos de un préstamo. Había aviones de transporte más nuevos en los campos, una especie de C-47 ruso con tren de aterrizaje de tres ruedas, pero en esos nosotros no viajamos. Los C-47 están un poco abandonados en lo que respecta a tapicería y alfombrado, pero sus motores se mantienen a punto y los pilotos parecen ser bastante buenos. Llevan una tripulación más numerosa que nuestros aviones, pero ya que no accedimos a la cabina de control no sabemos qué hacían. Cuando se abría la puerta, parecía que allí había seis o siete personas todo el tiempo, entre ellas una azafata. Tampoco sabemos qué hacía la azafata. Parecía no tener relación con los pasajeros. El avión no lleva comida para los pasajeros, pero estos lo compensan llevando grandes cantidades de vitualla por su cuenta.»


John Steinbeck.

Diario de Rusia.

Editorial Capitan Swing.


miércoles, 4 de septiembre de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





FORASTEROS


“Me resulta difícil escribir sobre mi tierra natal, la California septentrional. Debería ser lo más fácil, porque conocía esa franja orientada hacia el Pacífico mejor que ningún otro lugar del mundo. Pero me parecía no una cosa sino muchas…, una impresa encima de la otra hasta que todo se emborrona. El recuerdo de lo que era y de lo que me pasó a mí allí lo deforma todo hasta que llega un momento en que es casi imposible la objetividad. Esta carretera de hormigón de cuatro carriles acuchillada por coches veloces la recuerdo como una pista de montaña tortuosa y estrecha por la que se desplazaban los carros cargados de madera, arrastrados por fuertes mulas. Indicaban su llegada con el dulce y agudo repiqueteo de las campanillas del collar. Esto era una población muy pequeña, un almacén general bajo un árbol y una fragua y un banco enfrente para sentarse y escuchar el estruendo del martillo y el yunque. Ahora se extienden durante kilómetro y medio en todas direcciones casitas, que son todas iguales, sobre todo porque intentan ser diferentes. Eso era una colina boscosa con el verde oscuro intenso de los robles contra la hierba agostada donde cantaban los coyotes las noches de luna. Han cortado la cima y arremete en ella contra el cielo una estación repetidora de televisión que proporciona una imagen nerviosa a miles de casitas amontonadas como afídidos junto a las carreteras.
         ¿Y no es ésta la queja típica? Nunca me he opuesto al cambio, ni siquiera cuando se le ha llamado progreso, y sin embargo sentía hostilidad hacia los desconocidos que inundaban lo que yo consideraba mi tierra con ruido y estruendo y los inevitables anillos de basura. Y por supuesto aquella gente nueva sentirá hostilidad hacia la gente más nueva aún. Me acuerdo que cuando era niño reaccionábamos con una hostilidad espontánea hacia el forastero. Nosotros que habíamos nacido allí, y nuestros padres también, teníamos un sentimiento extraño de superioridad respecto a los recién llegados, los bárbaros, los forastieri, y ellos, los forasteros, sentían hostilidad hacia nosotros y hasta nos hicieron un tosco poema:

                            En el cuarenta y nueve  vino el minero.
                            En el cincuenta y uno vinieron las putas.
                            Y cuando se juntaron.
                            Hicieron un nativo.

         Y nosotros éramos un ultraje para los hispano mejicanos y ellos a su vez para los indios. ¿Podría ser por eso por lo que las secoyas ponen nerviosa a la gente? Aquellos nativos eran árboles adultos cuando se produjo una ejecución política en el Gólgota. Habían avanzado mucho ya hacia la madurez cuando César destruyó la República romana pretendiendo salvarla. Para las secoyas todos son forasteros y bárbaros.
         A veces la visión del cambio queda deformada por un cambio que se ha producido en uno mismo. El espacio que parecía tan grande se ha encogido, la montaña se ha convertido en un cerro. Pero eso no es ninguna ilusión en este caso. Recuerdo Salinas, el pueblo en que nací, cuando proclamaba con orgullo una población de cuatro mil ciudadanos. Ahora tiene ochenta mil y sigue creciendo desordenadamente en una progresión matemática: cien mil en tres años y tal vez doscientos mil en diez, sin límite a la vista. Hasta aquellos que disfrutan con los números y a los que les impresiona lo grande están empezando a preocuparse, dándose cuenta poco a poco de que tiene que haber un punto de saturación y que el progreso puede ser una progresión hacia el estrangulamiento. Y no se ha encontrado ninguna solución. No puedes prohibir a la gente que nazca…, al menos aún no.


John Steinbeck. 
Viajes con Charley. 
Ediciones Península.

jueves, 12 de abril de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






VAGABUNDO


"Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz. Cuatro ásperos pitidos de la sirena de un barco aún me erizan el pelo de la nuca y ponen mis pies en movimiento. El sonido de un reactor, un motor calentándose, hasta el toc-toc de unos cascos herrados en el pavimento producen el viejo estremecimiento, la boca seca y la mirada perdida, las palmas ardientes y una agitación del estomago bajo la caja torácica. En otras palabras, no mejoro; en otras palabras más, el que ha sido vagabundo alguna vez, lo será siempre. Me temo que se trata de una cosa incurable. Expongo esto no para instruir a otros sino para informarme yo mismo.
Cuando el virus del desasosiego empieza a tomar posesión de un hombre rebelde, y el camino que lleva lejos de aquí parece ancho y recto y agradable, la víctima debe hallar en primer lugar en sí misma una razón buena y suficiente para irse. Esto al vagabundo efectivo no le es difícil. Tiene incorporado un huerto de razones donde elegir. Luego debe planear su viaje en el tiempo y en el espacio, elegir una dirección y un destino. Y debe por último realizar el viaje. Cómo ir, qué llevar, cuánto tiempo estar. Esta parte del proceso es invariable e inmortal. La explico sólo para que los recién llegados al vagabundeo no crean, como adolescentes con un pecado recién urdido, que lo inventaron ellos.
Después de trazar el plan, disponer el equipo e iniciar un viaje, interviene y se hace cargo un factor. Cada viaje, safari, o explotación, es una propiedad, temperamento, individualidad, carácter único. Un viaje es una persona en sí; no hay dos iguales. Y los planes, las salvaguardas, el control y la coerción son todos infructuosos. Descubrimos tras años de lucha que no hacemos un viaje: es el viaje el que nos hace a nosotros. Guías, programas, reservas, cosas obligadas e inevitables, naufragan y se hunden ante la personalidad del viaje. Sólo cuando admite esto puede el vagabundo de pura cepa relajarse y asumirlo. Sólo entonces se disipan las frustraciones. En esto un viaje es como el matrimonio. La forma segura de equivocarse es pensar que lo controlas. Me siento mejor ahora, después de haber dicho esto, aunque sólo los que lo han experimentado lo entenderán."

John Steinbeck. 
Viajes con Charley. 
Ediciones Península.

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