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domingo, 8 de enero de 2017

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



EN SACHION


“Terminada la travesía del desierto susodicho se llega la ciudad de Sachion, que está a la entrada de la gran provincia de Tanguth donde viven pocos cristianos nestorianos; otros habitantes guardan la ley del miserable Mahoma, y los restantes son idólatras. Los vecinos gentiles tienen su propia lengua. Todos los moradores de esta ciudad no se aplican a la contratación, sino que viven sólo de los frutos de la tierra. En Sachion hay muchos monasterios dedicados a diversos ídolos, a los que se hacen grandes sacrificios y a los que el pueblo muestra grandísima devoción. Cuando a un hombre le nace un hijo, inmediatamente lo consagra a algún ídolo, en cuyo honor tiene un carnero en su casa aquel año; cumplido el año desde el nacimiento de su hijo, en la primera fiesta de ese dios que se celebra después del curso del año, ofrece al ídolo el hijo y el carnero con suma devoción. Después cuece la carne del carnero y la ofrenda al ídolo, y la deja en su presencia hasta que terminan las oraciones que se profieren ante él según la costumbre de la ciudad. El padre le ruega suplicante que se digne conservar la vida de su hijo, y creen que entre tanto el dios come el caldo de la carne *** y conservan sus huesos con unción en un hermoso recipiente. Cuando muere alguien, aquéllos a cuyo cargo están los cuerpos de los muertos lo hacen quemar. En la incineración se sigue el siguiente ritual: *** debe ser ofrecido a la pira su cadáver; aquéllos les preguntan el mes, el día y la hora de su nacimiento, y una vez averiguada la constelación de su horóscopo indican el día en que se ha de quemar. Algunas veces hacen que se retenga el cadáver por siete días, otras por un mes, en ocasiones por seis meses; mientras tanto lo guardan en casa de la siguiente manera: tienen un ataúd de tablas muy gruesas y acopladas con tal maña que no puede exhalar hedor alguno, antes bien, está pintado por fuera primorosamente. Allí colocan el cadáver embalsamado con muchas especias y cubren el sarcófago con un hermoso paño. Todos los días, mientras permanece el cuerpo en casa, preparan a la hora de yantar una mesa junto a la caja con vino y delicados manjares, que queda puesta el tiempo que podría tardar un hombre vivo en comerlos, pues dicen que el alma del difunto prueba las viandas que están servidas en su nombre. También se consulta a los astrólogos susodichos por qué puerta se ha de sacar de casa el cuerpo del difunto, pues dicen que algunas veces esta o aquella puerta careció en su construcción de buenas obras, por lo cual no la consideran adecuada para sacar por ella los restos mortales, y así mandan que se lleve el cadáver a la pira por otra puerta o abriendo un nuevo orificio en la pared. Cuando es llevado a quemar fuera de la ciudad o de la villa, erigen por el camino cabañas de madera en muchos lugares, cubiertas de paños de seda y oro; cuando llega ante una de ellas, depositan la caja con el cadáver ante la choza y esparcen en tierra ante el ataúd vino y finos manjares, diciendo que aquel muerto va a ser recibido en la otra vida con tal festín. A la hora de las exequias preceden al sarcófago todos los instrumentos de los músicos de la ciudad, cuyo sonido produce gran deleite. Al llegar al lugar de la pira, tienen cortadas en hojas de papel figuras de hombres, mujeres, caballos, camellos y muchos dineros, todo lo cual arde juntamente con el cadáver, pues dicen que va a tener en la otra vida tantos siervos y criadas, animales y dineros como imágenes se quemaron con él, y que así vivirá con riquezas y honra. Esta superstición la observa por doquier en las partes de oriente la ceguera de los gentiles a la hora de incinerar los cadáveres humanos.”


Marco Polo. El libro de… Alianza Editorial.

lunes, 26 de marzo de 2012

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






Del palacio maravilloso que hay en Cambalú y de la asombrosa hermosura de aquel lugar.


“Durante tres meses, a saber, diciembre, enero y febrero, el rey Cublay reside sin interrupción en la ciudad regia, en la cual se alza el palacio real, que es de esta traza. En primer lugar su circunferencia abarca cuatro millas, de suerte que cada uno de sus cuatro lados mide una milla. La muralla del palacio es de gran grosor, y de diez pasos de altura; su fachada exterior está pintada por todas partes de blanco y rojo. En cada esquina de la muralla se levanta un palacio grande y hermoso; igualmente hay otro palacio en el centro de cada fachada de las murallas principales, de manera que hay en todo el contorno ocho palacios. En éstos se guarda el aparato y las armas de guerra, a saber, arcos, flechas, aljabas, espuelas, sillas, frenos, cuerdas de arco y demás pertrechos pertinentes al combate; en cada palacio se conservan sólo armas de una clase. La fachada del palacio que mira al mediodía tiene cinco puertas, de las cuales la central es mayor que las demás y no se abre jamás, salvo para la entrada o la salida del soberano, pues nadie puede cruzar por ella excepto el rey; pero tiene dos puertas menores laterales por las que pasan los que acompañan al monarca. Las tres restantes fachadas están provistas de una única puerta en su centro, por la que puede entrar libremente quienquiera. Detrás de los palacios susodichos situados en la fachada, corre a la distancia oportuna otro muro a la manera del anterior que contiene igualmente ocho palacios, en los que se guardan otros aprestos y enseres preciosos y joyas del gran rey. En el centro del espacio interior se encuentra el palacio real; carece de terraza, pero su pavimento sobresale diez palmos del suelo del exterior. Su techo es muy alto y está primorosamente pintado. Las paredes de las salas y de las habitaciones están todas recubiertas de oro y de plata y en ellas se encuentran hermosas pinturas y cuadros con historias de batallas. Gracias a estos adornos y pinturas el palacio resplandece sobremanera. En la sala mayor se sientan a la mesa al mismo tiempo alrededor de seis mil hombres. Detrás de las murallas susodichas y entre los mencionados palacios se extienden amenos jardines, cubiertos de praderas y arbustos silvestres de sabrosísimos frutos. Pueblan los vergeles muchos animales salvajes, a saber, ciervos blancos, los bichos en los que se encuentra el almizcle, de los cuales se ha hablado en el libro primero, cabras, gamos, veros y otros muchos animales a maravilla. En la parte de la sala que da al aquilón se extiende junto al palacio un estanque en el que se crían muchos y exquisitos peces, que se llevan allí de otras partes; de éstos puede elegir el rey según le plazca. Al estanque lo atraviesa un rió, a cuya entrada y salida están puestas rejas de hierro, para que los peces no puedan escapar. Fuera del palacio y a una legua se eleva un montecillo de cien pasos de altura y de una milla de circunferencia, sembrado de árboles cuya hoja siempre verdea. Dondequiera que sepa el rey que hay un árbol hermoso, hace que se le traslade allí con sus raíces a lomo de elefantes, incluso desde regiones remotas, y ordena que se plante en el jardín; por tanto, crecen en él árboles hermosos sobremanera. Todo el monte es ameno y cubierto de hierba verde; y como todas las cosas son allí verdes, por eso se llama Monte Verde. Remata su cumbre un palacio pintado de verde. En ese montecillo se recrea a menudo el Gran Kan en sus ratos de holganza. Junto al palacio susodicho construyó el rey Cublay otro palacio semejante a él en todo, en el que habita Themur, el que ha de reinar a su muerte, que dispone de una corte regia muy magnífica; y tiene bulas imperiales y sello imperial, pero no con tanta plenitud de poderes como el Gran Kan.”


Marco Polo. El libro de… Alianza Editorial.

lunes, 25 de abril de 2011

OBITER DICTUM







Del reino de Bosman.


“El reino Bosman tiene lengua propia. Los hombres son muy bestiales; dicen que están sometidos al Gran Kan, pero no le rinden tributo. Sin embargo, alguna vez le envían joyas de animales salvajes. Hay allí unicornios muy grandes, que son poco menores que elefantes. El unicornio tiene pelo de búfalo, pata parecida a la del elefante y cabeza como el jabalí, que siempre lleva inclinada hacia el suelo; hace su cubil con preferencia en lodazales y es animal muy sucio. En medio de su frente sobresale un único cuerno, muy grueso y negro; tiene la lengua espinosa, erizada de grandes y gruesas púas, con las que causa muchas heridas a hombres y animales. En este reino hay muchos monos de diversas clases: unos son pequeños y tienen la cara parecida a la humana e incluso en el resto de sus miembros se conforman mucho con el hombre. Los cazadores los atrapan y les quitan los pelos, dejando sólo los del mentón y los de otras partes a semejanza humana. Después, los depositan una vez muertos en una pequeña caja y los conservan en especias para que no se pudran; a continuación los secan y los venden a los mercaderes, que los llevan por diversas partes del mundo y hacen creer a muchos que hay hombres así de pequeños. También se hallan en este reino muchos azores negros como cuervos, que cazan las aves a maravilla.”

Marco Polo.