Mostrando entradas con la etiqueta Tagüeña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tagüeña. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de enero de 2023

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE

 




SOBRE LA INDIGNIDAD


«Estuvieron presente también los de la Academia Voroshilov. Para asegurar una información fidedigna al Secretario General, ya que de repente, sin una explicación previa, se empezó a llamar así a Dolores Ibárruri, asistieron Ignacio Gallego, Modesto y Líster, estos dos últimos muy serios y preocupados. Los tres representaban al Comité Central, es decir, venían en calidad de fiscales, no a hacerse la autocrítica, sino a exigímosla a nosotros. Gallego tuvo una actitud discreta, no así los generales, que ante un auditorio que les había oído muchas veces atacar e insultar a La  Pasionaria y a Francisco Antón y elogiar a Jesús Hernández, no tuvieron inconveniente en pedirnos que denunciáramos cualquier pequeño detalle que contribuyera a desenmascarar a los expulsados y a otros posibles traidores que hubieran colaborado con ellos en su labor contra el Partido, contra Dolores y contra la Unión Soviética. Como estaban comprometidos y asustados daban golpes a diestro y siniestro para salvarse, sin importarles a quien pudieran hundir.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.


domingo, 17 de abril de 2022

OBITER DICTUM

 




«En el otoño, vino a Tashkent el comisario del batallón español del NKVD, Francisco Ortega, que tenía el grado de mayor. Presumía de campesino y hasta se ofendió cuando le dije que un abuelo mío también lo había sido, y que gran parte de la población urbana de España y del mundo entero procedía, precisamente, del campo. Él se creía con derecho a la exclusividad. Por lo demás, era un funcionario medio, típico del Partido; de maneras suaves, que nunca le miraba a uno a la cara y con quien no podía pensarse en hablar francamente, porque su principal misión era encontrar desviaciones políticas en las palabras o en las actitudes de sus subordinados. En una palabra, tenía la actitud del sacerdote fanático de cualquier religión.»


Manuel Tagüeña.


viernes, 4 de junio de 2021

OBITER DICTUM


 


«La única explicación posible era que ningún escalón de mando, por muy preocupado que estuviera, se atrevía a tomar medidas si la decisión no venía del propio Stalin, que evidentemente no creyó llegado el momento. La autosuficiencia del dictador (genial e infalible según la propaganda) puso a la Unión Soviética en peligro y le causó pérdidas incalculables en vidas y bienes materiales. Al error de dejar a los alemanes el privilegio de escoger el día, la hora y el terreno de combate, se sumó el de que las tropas soviéticas no estuvieran listas para recibir al enemigo. Claro está que entonces, aunque vi esto claramente no se me pasó por la cabeza culpar a Stalin y achacamos la derrota a la burocrática incapacidad de sus subordinados.»


Manuel Tagüeña.


sábado, 19 de diciembre de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



 




EL RESPONSABLE


«Me interesó mucho la situación de la emigración española dentro de la URSS. Quitando los funcionarios, altos y bajos, de los distintos organismos de la Komintern y los seleccionados para las academias militares y la Escuela Política, todos los españoles habían sido destinados a fábricas, donde la inmensa mayoría lo estaba pasando muy mal. Mal preparados para competir en el trabajo a destajo, los sueldos eran ínfimos y el Socorro Rojo Internacional (MOPR) tenía, que completarle hasta los trescientos rublos, considerados, indispensables para sobrevivir. Todo eran quejas, problemas y luchas internas, en los colectivos españoles de las fábricas. La palabra «responsable» comenzaba a sonar con desprecio y a veces hasta con odio. El «responsable» era la persona nombrada por el Partido para dirigir los colectivos. En general, actuaba como un pequeño dictador; pero aun aquellos que trataban de ayudar, tropezaban con las dificultades y la escasez reinante.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.


sábado, 30 de noviembre de 2019

OBITER DICTUM

 




«Los viajes a la capital nos enseñaron nuevos aspectos de la vida soviética. La suntuosidad de las estaciones del Metro, que recuerdan templos o palacios orientales, contrastaba con el pobre aspecto de la gente. Sólo los militares iban bien vestidos e indirectamente el ejército proporcionaba ropa a la mayoría de la población masculina, pues eran muchos los civiles que usaban prendas de las que los militares daban de baja periódicamente y luego revendían en los mercados. La proximidad del verano había arrinconado los deformes abrigos guateados y ya podía distinguirse a los hombres de las mujeres. Estas, sin embargo, no habían ganado gran cosa. Sin el menor arreglo usaban vestidos de telas baratas mal teñidas y peor cortadas y llevaban zapatos usados y sucios. Nada como el aspecto de las mujeres reflejaba las dificultades y privaciones con que tropezaba la población.»


Manuel Tagüeña.


jueves, 20 de diciembre de 2018

OBITER DICTUM


 


«Los empleados rusos estaban extrañadísimos de que no supiéramos apreciar lo que nos daban, y un incidente vino a abrirnos los ojos sobre la realidad soviética. El director de la Casa nos advirtió un día que disolviéramos bien el azúcar en el café o que la metiéramos directamente en la boca, porque las mujeres que lavaban la vajilla habían protestado de que aparecieran restos en el fondo de las tazas, malgastándose así un producto de primera necesidad que con dificultad conseguían ellas para sus hijos.»


Manuel Tagüeña.


jueves, 4 de mayo de 2017

OBITER DICTUM

 



«Aquella primera visión del país nos dejó a todos aterrados, aunque nadie se atreviera a manifestarlo. Yo estaba muy nervioso, mientras mi cerebro trabajaba a toda velocidad, tratando de encontrar respuestas antes que surgieran las inevitables preguntas.»


Manuel Tagüeña.


jueves, 14 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE



MODESTO


«Modesto me puso al corriente de los detalles de organización y me dio toda una serie de indicaciones que me fueron muy valiosas. Con muchos defectos y muchas cualidades, Modesto, el antiguo carpintero, era un jefe militar de verdad, y no una figura decorativa prefabricada por los servicios de propaganda. Contaba además, con el apoyo de la dirección del Partido Comunista, que, por su disciplina, lo consideraba el cuadro militar de más confianza, por esto lo habían incorporado al Comité Central. Es cierto que los comunistas llegaron a tener tanta fuerza en nuestra guerra, que podían anular a cualquier jefe militar si lo consideraban conveniente, pero no podían crear un mando militar que respondiera de verdad, en los combates frente al enemigo, si el elegido no poseía cualidades para ello. Sin embargo, Modesto no era hombre que supiera atraerse a los que tenían que colaborar con él. Era sarcástico, poco franco, despótico y, a veces, brutal. Contaba, naturalmente, con el grupo de incondicionales que inevitablemente siempre rodean a un jefe civil o militar; pero este grupo fue siempre reducido. Nunca simpatizamos, pero durante el tiempo que estuve bajo su mando, su trato conmigo fue siempre correcto, aparte de sus inevitables ironías.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.


viernes, 17 de julio de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 

LLEGÓ LA HORA


«Desde luego, muchos miles de personas poco o nada hicieron entonces para evitar este desarrollo sangriento de los acontecimientos. Unos, por miedo comprensible, ante el frenesí de las minorías armadas que no iban a tolerar ninguna oposición, ni que se hablase de humanidad, de piedad y de compasión. Otros, que en ambos campos considerábamos con fatalismo este período como algo que no se podía impedir, como una etapa terrible pero necesaria, a través de la cual había que pasar, para llegar al triunfo de los ideales que defendíamos, incluso como algo imprescindible para que la lucha en el frente no estuviera amenazada desde la retaguardia, por lo que luego se llamó «quinta columna». Es decir, admitíamos la necesidad de los verdugos y lo único que hacíamos era dejar que fueran otros los que ejercieran esa función. Esto no nos quita responsabilidad por lo sucedido. Por fortuna, había otra misión que cumplir, que no sólo no despertaba escrúpulos de conciencia, sino que, al contrario, representaba para muchos de nosotros, realizar un deseo acariciado largo tiempo, el enfrentamiento directo con el enemigo, buscando con las armas la solución de nuestras diferencias. Era un gran alivio de la tensión concentrada en el último período de angustia permanente, donde el único destino a la vista era asesinar o ser asesinado.»


Manuel Tagüeña.

Testimonio de dos guerras.

Editorial Planeta.


viernes, 2 de mayo de 2014

OBITER DICTUM



«La venta de la revista de las JONS había dado motivo al primer incidente serio, delante de la Universidad en la calle de San Bernardo. Un grupo de nuestra gente se enfrentó a los vendedores, y cuando pensábamos en el clásico cambio de puñetazos, uno de los jonsistas, antiguo pistolero de la FAI, comenzó a disparar para proteger la rápida huida de sus camaradas. José Tuñón, hermano de Mateo y yo que íbamos armados, contestamos con unos cuantos disparos y en cuestión de segundos quedó la calle limpia de gente, sin que por fortuna hubiera ninguna víctima. Había empezado en la Universidad «la dialéctica de las pistolas.»


Manuel Tagüeña.


jueves, 30 de mayo de 2013

OBITER DICTUM

 




«Muchas veces me he preguntado por qué me incliné al comunismo. En primer lugar me atrajo su fórmula simplista para resolver el problema social. Al desaparecer los capitalistas y la propiedad privada sobre los medios de producción, las clases sociales perderían su razón de ser y la sociedad entraría en una etapa ininterrumpida de progreso moral y material. Un Estado basado en estos principios, tenía necesariamente que gobernar en beneficio de todo el pueblo. Lo que toda esta utopía resultaba en realidad, lo supe mucho más tarde.»


Manuel Tagüeña.


jueves, 6 de septiembre de 2012

OBITER DICTUM


 


«Alcalá Zamora encargó a Martínez Barrio la formación de un nuevo gobierno, con el decreto de disolución del Parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones. Durante la tramitación de esta crisis, se presentó Jesús Hernández, del buró político del Partido Comunista, en una reunión, en la calle de la Estrella, para anunciar que se preparaba un golpe de Estado con Azaña y los socialistas, apoyados por los guardias de asalto. Nos comunicó la consigna del Partido: ni con Azaña, ni con Lerroux: organizar los soviets. Quedamos todos tan estupefactos como el policía que asistía al acto, y al que no permitimos intervenir. Estaba allí con Claudín y nos pusimos enseguida en movimiento en busca de enlaces que nos permitieran tomar parte activa en los inminentes acontecimientos, pero, naturalmente, nada sucedió.»

Manuel Tagüeña.


miércoles, 13 de julio de 2011

OBITER DICTUM



«Desgraciadamente para España, había otras circunstancias desfavorables en 1931. La lucha política desarrollada en el país exclusivamente sobre la forma de gobierno, monárquica o republicana, creó la falsa ilusión de que la llegada del nuevo régimen iba a resolver por sí sola todos los problemas, no sólo políticos, sino económicos. La realidad es que hacía años que la libertad política había dejado de estar identificada con la forma republicana, ya que existían monarquías donde se respetaban todos los derechos humanos y, en cambio, no pocas repúblicas brutalmente dictatoriales. Sólo el aislamiento y atraso de nuestro país podía explicar que se planteara ese dilema anacrónico. Antes de 1931, habían sucedido ya muchas transformaciones en el mundo. Ya no era la libertad política la única premisa necesaria para el desarrollo de los pueblos. »


Manuel Tagüeña.