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lunes, 28 de marzo de 2011

OTRA BALSA EN EL QUERONTE






EL OPIO EN ROMA


       Acostumbrados a la situación contemporánea, tendemos a considerar normal que la adulteración acompañe a ciertos fármacos, y a encolerizarnos cuando acompaña a otros (los legales), como sucede a menudo hoy con aguardientes y vinos comprados a granel que luego se introducen en botellas para parecer productos selectos. Pero al opio le acontecía en Roma precisamente esto segundo, pues siendo perfectamente legal --«indiferente» para el derecho, en los términos de la Lex Cornelia—su demanda excedía con mucho la oferta. A la pluralidad de puntos de venta y al gran número de usuarios se añadía, además, el hecho de ser una mercancía de precio controlado, con la cual los emperadores no permitían especular. Esto se debía probablemente a razones humanitarias, ya que una brusca subida de los precios dejaría a parte considerable de los ciudadanos sin recursos para adquirir un bien considerado de primera necesidad, como la harina o la lana. La política de control pudo deberse también al propósito de evitar una seria fuga de capitales hacia Asia Menor, donde se encontraban las mayores plantaciones y el producto más estimado.
       Sin embargo, gran parte de Asia Menor era romana, y la legalidad del producto permitía un saneado impuesto sobre las ventas. A mediados del siglo I Plinio el Viejo, que suele mencionar los precios de todas las drogas caras, no hace ninguna referencia a tal cosa en relación con el opio. Al iniciarse el IV, concretamente en el año 301, el edicto de Diocleciano sobre precios fija el del modius castrense de opio –con capacidad para 17,5 litros—en 150 denarios, cuantía que sigue siendo extremadamente módica si se compara con los 80 denarios que cuesta entonces el kilo de hachís.


Antonio Escohotado. 
Historia de las drogas. 
Alianza Editorial.

sábado, 26 de marzo de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL PESO DE LAS ALIANZAS

LIBRO I
VIII. Entre tanto, con la legión que tenía consigo y con los soldados que llegaban de la provincia desde el lago Lemán, que se ceba del Ródano hasta el Jura, que separa los secuanos de los helvecios, tira un vallado a manera de muro de diecinueve millas en largo, dieciséis pies en alto, y su foso correspondiente; pone guardias de trecho en trecho, y guarnece los cubos para rechazar más fácilmente a los enemigos, caso que por fuerza intentasen el tránsito. Llegado el plazo señalado a los embajadores, y presentados éstos, responde: «que, según costumbre y práctica del Pueblo Romano, él a nadie puede permitir el paso por la provincia; que si ellos presumen abrírselo por sí, protesta oponerse». Los helvecios, viendo frustrada su pretensión, parte en barcas y muchas balsas que formaron, parte tentando vadear el Ródano por donde corría más somero, unas veces de día y las más de noche, forcejando por romper adelante, siempre rebatidos por la fortificación y vigorosa resistencia de la tropa, hubieron de cejar al cabo.
IX. Quedábales sólo el camino por los secuanos; mas sin el consentimiento de éstos era imposible atravesarlo, siendo tan angosto. Como no pudiesen ganarlos por sí, envían legados al eduo Dumnórige para recabar por su intercesión el beneplácito de los secuanos, con quienes podía él mucho y los tenía obligados con sus liberalidades; y era también afecto a los helvecios, por estar casado con mujer de su país, hija de Orgetórige; y al paso que por la ambición de reinar intentaba novedades, procuraba con beneficios granjearse las voluntades de cuantos pueblos podía. Toma, pues, a su cargo el negocio y logra que los secuanos dejen el paso libre a los helvecios por sus tierras, dando y recibiendo rehenes en seguridad de que los secuanos no embarazarán la marcha, y de que los helvecios la ejecutarán sin causar daño ni mal alguno.
X. Avisan a Cesar que los helvecios están resueltos a marchar por el país de los secuanos y eduos hacia el de los santones, poco distantes de los tolosanos, que caen dentro de nuestra jurisdicción. Si tal sucediese, echaba de ver el gran riesgo de la provincia con la vecindad de hombres tan feroces y enemigos del Pueblo Romano en aquellas regiones abiertas y sumamente fértiles. Por estos motivos, dejando el gobierno de las fortificaciones hechas a su legado Tito Labieno, él mismo en persona a grandes jornadas vuelve a Italia, donde alista dos legiones; saca de los cuarteles otras tres que invernaban en los contornos de Auileia, y con todas cinco, atravesando los Alpes por el camino más corto, marcha en diligencia hacia la Galia Ulterior. Opónense al paso del ejercito los centrotes, gravocelos y caturiges, ocupando las alturas; rebatidos todos en varios reencuentros, desde Ocelo, último lugar de la Galia Cisalpina, en siete días se puso en los voconcios, territorio de la Transalpina; desde allí conduce su ejército a los alóbroges; de los alóbroges a los segusianos, que son los primeros del Ródano para allá fuera de la provincia.
XI. Ya los helvecios, transportadas sus tropas por los desfiladeros y confines de los secuanos, habían penetrado por el país de los eduos, y le corrían. Los eduos, no pudiendo defenderse de la violencia, envían a pedir socorro a César, representándole:
«haber sido siempre tan leales al Pueblo Romano, que no debiera sufrirse que a la vista de nuestro ejército sus labranzas fuesen destruidas, cautivados sus hijos y sus pueblos asolados». Al mismo tiempo que los eduos, sus aliados y parientes los ambarros dan parte a César cómo arrasadas ya sus heredades, a duras penas defienden los lugares del furor enemigo; igualmente los alóbroges, que tenían haciendas y granjas al otro lado del Ródano, van a ampararse de César diciendo que nada les queda de los suyo sino el suelo desnudo de sus campos y heredades. César, en vista de tantos desafueros, no quiso aguardar a que los helvecios, después de una desolación general de los países aliados, llegasen sin contraste a los santones.”


Julio César. La guerra de las Galias. Ediciones Orbis.

miércoles, 23 de marzo de 2011

OBITER DICTUM





“La construcción de ferrocarriles es en apariencia una empresa simple, natural, democrática, cultural, civilizadora: se presenta como tal ante los ojos de los profesores burgueses, pagados para embellecer la esclavitud capitalista, y ante los ojos de los filisteos pequeñoburgueses. En realidad, los múltiples lazos capitalistas, por medio de los cuales esas empresas se hallan ligadas a la propiedad privada sobre los medios de producción en general, han transformado esa construcción en un medio para oprimir a mil millones de seres (en las colonias y en las semicolonias), es decir, a más de la mitad de la población de la tierra en los países dependientes y a los esclavos asalariados del capital en los países "civilizados".
La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño patrono, la libre concurrencia, la democracia, todas esas consignas por medio de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". Este "botín" se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo.”


Vladímir I Lenin.

viernes, 18 de marzo de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






UN DÍA

Este cielo nublado
de tempestad oculta
y lluvia presentida
me pesa;
este aire denso y quieto,
que ni siquiera mueve
la hoja leve
del jazmín florecido,
me ahoga;
esta espera
de algo que no llega
me cansa.
Quisiera estar lejos,
donde nadie
me conociera:
nueva
como la yerba fresca,
ligera,
sin el peso
de los días muertos
y libre
ir por caminos ignorados
hacia un cielo abierto.

Alaíde Foppa

jueves, 17 de marzo de 2011

OBITER DICTUM







“Se acepta casi de forma universal que una obra de arte es la expresión de la personalidad o de las emociones del artista. Esta creencia ha rebajado y casi destruido el arte.”

Karl Popper.

lunes, 14 de marzo de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LA MIRADA DE FABIÁN VIDAL


“Fabián Vidal publicó en el número del día 12 de este mes de noviembre de este diario mismo un artículo titulado “Mirando a Oriente. El bolchevismo y el bloqueo”, artículo que empezaba por estas palabras: “No, amigo y maestro Unamuno. Se sabe lo que sucede en Rusia”. Y el artículo tiende a demostrar que él, Fabián Vidal, es uno de los que saben lo que sucede en Rusia. Y luego nos lo cuenta. Y nos cuenta lo que yo ya he leído en publicaciones españolas y extranjeras, en semanarios ingleses sobre todo. A pesar de lo cual sigo no estando muy seguro de todo ello. Lo que se debe acaso a mi hipercriticismo, a que tengo un espíritu mucho más escéptico –en ambos sentidos—que el de Fabián Vidal, a que no me dejo convencer tan pronto.
Fabián Vidal, en el artículo que me dedicaba, nos cuenta una vez más la lucha del sovietismo contra la democracia. Y me dice así:
“¿Quiere usted enterarse de una vez, ilustre amigo Unamuno, de lo que es el sovietismo? Pues bien: el sovietismo es el zarismo, más tiránico, más intransigente, más perseguidor y sanguinario todavía. Lenin y Trotsky, que desprecian profundamente los occidentalismos, que se ríen de estas palabras astrales –democracia, libertad, individualismo, derecho, etc.--, inventaron el reóforo extraño de la dictadura del proletariado. Hoy el proletariado es más esclavo en Rusia que bajo el yugo de Nicolás Romanoff. La Okhrana o policía secreta subsiste bajo un nuevo nombre. Hay un tchin, es decir, una organización burocrática escalonada, regulada, unida como los eslabones de una cadena flexible y estranguladora como los anillos de una culebra. Y a ella pertenecen –no se asombre demasiado—infinitos empleados del viejo régimen”.
¿Es ello así o no? Yo no contesto sino lo que dijo Manzoni en su oda al “Cinco de Mayo” (de 1821) –el día de la muerte de Napoleón, el Único.., y fue:
¿Fu vera la gloria? Ai posteri l`ardua sentenza.
¿Es todo eso así? Ya lo dirán los que vengan después y lo vean a distancia.
Pero al final de su artículo dice Fabián Vidal:
“La historia nos cuenta lo que fueron los paraguayos bajo Gaspar Francia y los argentinos bajo Juan Manuel Rosas. Rusia es un inmenso Paraguay, que tal vez tiene en su seno un “Solano López”.

Miguel de Unamuno. Americanidad. Biblioteca Ayacucho.

jueves, 10 de marzo de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS






EN COZUMEL


“Cuando tuvo noticia cierta el español questaba en poder de indios que habíamos vuelto a Cozumel con los navíos se alegró en gran manera y dio gracias a Dios, y mucha priesa en se venir y los dos indios que le llevaron a las cartas y rescate a se embarcar en una canoa; y como la pagó bien, en cuentas verdes del rescate que le enviamos, luego la halló alquilada con seis indios remeros con ella; y dan tal priesa en remar, que en espacio de poco tiempo pasaron el golfete que hay de una tierra a la otra, que serían cuatro leguas, sin tener contraste de la mar. Y llegados a la costa de Cozumel, ya que estaban desembarcando, dijeron a Cortés unos soldados que iban a cazar, porque había en aquella isla puercos de la tierra, que había venido una canoa grande allí, junto al pueblo, y que venía de la punta de Cotoche. Y mandó Cortés a Andrés de Tapia y a otros dos soldados que fuesen a ver qué cosa nueva era venir allí junto a nosotros indios sin temor ninguno, con canoas grandes. Y luego fueron y desque los indios que venían en la canoa que traía el Aguilar vieron los españoles, tuvieron temor y queríanse tornar a embarcar e hacer a lo largo con la canoa; y Aguilar les dijo en su lengua que no tuviesen miedo, que eran sus hermanos. Y el Andrés de Tapia, como los vio que eran indios, porque Aguilar ni más ni menos era que indio envió a decir que Cortés con un español que siete indios de Cozumel son los que allí llegaron en la canoa. Y después que hobieron saltado en tierra, el español, mal mascado y peor pronunciado, dijo: «Dios y Santamaría e Sevilla.» Y luego le fue a abrazar el Tapia; y otro soldado de los que habían ido con el Tapia a ver qué cosa era fue a mucha priesa a demandar albricias a Cortés cómo era español el que venía en la canoa, de que todos nos alegramos. Y luego se vino el Tapia con el español adonde estaba Cortés, y antes que llegasen ciertos soldados preguntaban al Tapia: «¿Qués del español?», e aunque iban junto con él, porque le tenían por indio propio, porque de suyo era moreno y tresquilado a manera de indio esclavo, y traía un remo al hombro, una cotara vieja calzada y la otra atada en la cintura, y una manta vieja muy ruin, e un braguero peor, con que cubría sus vergüenzas, y traía atada en la manta un bulto que eran Horas muy viejas. Pues desque Cortés los vio de aquella manera también picó, como los demás soldados, que preguntó al Tapia que qué era del español; y el español como le entendió, se puso en cuclillas, como hacen los indios, e dijo: «Yo soy.» Y luego le mandó dar de vestir camisa y jubón y zaragüelles y caperuza y alparagatos, que otros vestidos no había, y le pregunto de su vida, y cómo se llamaba, y cuando vino aquella tierra.”


Bernal Díaz del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

martes, 8 de marzo de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




SENSATION



Par les soirs bleus d'été, j'irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l'herbe menue :
Rêveur, j'en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien :
Mais l'amour infini me montera dans l'âme,
Et j'irai loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la Nature, - heureux comme avec une femme.


Arthur Rimbaud.

sábado, 5 de marzo de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




GLACIAL


       «En la época de su elección, Joseph Fouché tiene treinta y dos años. No tiene presencia agradable, ni mucho menos: cuerpo seco, casi espectralmente esmirriado; cara de huesos finos y líneas aguzadas; afilada la nariz; afilada y estrecha también la boca, siempre cerrada; ojos fríos de pez, bajo párpados pesados, casi adormecidos, con las pupila de un gris felino, como de cristal. Todo en esta cara, todo en este hombre, está, por decirlo así, provisto de una menguada y fina materia vital. Parece un personaje visto con luz de gas, pálido y verdoso: sin brillo en los ojos, sin sensualidad en el gesto, sin metal en la voz, lacio y revuelto el pelo, rojizas y apenas visibles las cejas, de una palidez grisácea las mejillas. Jamás se colorea ese rostro con un rubor; este hombre tenaz, inauditamente duro para el trabajo, produce siempre el efecto de una persona cansada, enferma, convaleciente. Todos los que lo ven reciben la impresión de un hombre sin sangre ardiente, roja, pulsante. Y, efectivamente, también en lo psíquico pertenece a la raza de los flemáticos, de los temperamentos fríos. No conoce pasiones recias, avasalladoras; no lo tientan las mujeres, ni el juego; no bebe vino, no se deja llevar por el despilfarro, no mueve sus músculos, no vive más que en su estudio, entre documentos y papeles. Nunca se enoja de manera evidente, nunca vibra un nervio en su cara. Sólo para una leve sonrisa, cortés, mordaz, se contraen estos labios afilados, anémicos; bajo esa máscara  gris, terrosa, aparentemente desmadejada, nunca se observa una verdadera tensión; bajo los párpados pesados los ojos nunca delatan su intención; ni revela sus pensamientos un solo gesto. Esta sangre fría, imperturbable, constituye la verdadera fuerza de Fouché. Los nervios no lo dominan, los sentidos no lo seducen, toda su pasión se carga y se descarga detrás de su frente impenetrable. Deja jugar las fuerzas y acecha despierto las faltas de los demás. Espera pacientemente que se agote la pasión de los otros o que aparezca en ellos un momento de flaqueza para dar, entonces, el golpe inexorable. Esta superioridad de su paciencia sin nervios es terrible: el que puede esperar así y ocultarse, bien puede engañar hasta al más sagaz. Obedecerá tranquilamente, sin pestañear. Sonriente y helado, soportará las ofensas más duras, las más viles humillaciones: ninguna amenaza, ningún gesto de rabia conmoverá a este monstruo de la frialdad. Tanto Robespierre como Napoleón se estrellarán contra esta calma pétrea, como el agua contra la roca. Tres generaciones, toda una época, fluyen y refluyen en mareas apasionadas mientras él persiste insensible y glacial.»


Stefan Zweig. Fouché, el genio tenebroso. Editorial Juventud.

jueves, 3 de marzo de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






Cuando me tiro de noche
en el ataúd del lecho
que es menos duro que el otro
porque ya sabe mis huesos,
me pongo a mirar arriba
los astros de mis recuerdos.

Aquél que se abrió de pronto
cuando todo era misterio.
El otro que se apagó
antes de sentirse abierto.

A veces grito iracundo:
aquí me falta un lucero,
aquí me sobra una estrella.
¿Quién hizo este firmamento?

Una voz piadosa dice
que no es cielo sino techo.
—Por mi vida, grito yo,
dejadme saber mi sueño.
Donde yo pongo los ojos
todo es cielo—.

Pedro Garfias.

martes, 1 de marzo de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






ION, SÓCRATES Y PLATÓN I


        “Eso es lo que quiero examinar, y quiero exponerte mi pensamiento. Ese talento, que tienes, de hablar bien sobre Homero, no es en ti un efecto del arte, como decía antes, sino que es no sé qué virtud divina que te trasporta, virtud semejante a la piedra que Eurípides ha llamado magnética, y que los más llaman piedra de Heraclea. Esta piedra, no sólo atrae los anillos de hierro, sino que les comunica la virtud de producir el mismo efecto y de atraer otros anillos, de suerte que se ve algunas veces una larga cadena de trozos de hierro y de anillos suspendidos los unos de los otros, y todos estos anillos sacan su virtud de esta piedra. En igual forma, la musa inspira a los poetas, éstos comunican a otros su entusiasmo, y se forma una cadena de inspirados. No es mediante el arte, sino por el entusiasmo y la inspiración, que los buenos poetas épicos componen sus bellos poemas. Lo mismo sucede con los poetas líricos. Semejantes a los coribantes, que no danzan sino cuando están fuera de sí mismos, los poetas no están con la sangre fría cuando componen sus preciosas odas, sino que desde el momento en que toman el tono de la armonía y el ritmo, entran en furor, y se ven arrastrados por un entusiasmo igual al de las bacantes, que en sus movimientos y embriaguez sacan de los ríos leche y miel, y cesan de sacarlas en el momento en que cesa su delirio. Así es, que el alma de los poetas líricos hace realmente lo que estos se alaban de practicar. Nos dicen que, semejantes a las abejas, vuelan aquí y allá por los jardines y vergeles de las musas, y que recogen y extraen de las fuentes de miel los versos que nos cantan. En esto dicen la verdad, porque el poeta es un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de producir mientras el entusiasmo no le arrastra y le hace salir de sí mismo.

Socrates

Platón