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domingo, 21 de enero de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





     EL PROGRESO DE LA HUMANIDAD


       “La campaña alemana de represalias no fue excepto en casos individuales, una respuesta espontánea a las provocaciones belgas. Había sido preparada de antemano, con aquella conocida meticulosidad alemana, ya había sido prevista para intimidar a los belgas y salvar de esta forma tiempo y hombres. La velocidad era un factor vital. Era necesario entrar en Francia con todos los batallones que tuvieran a su disposición. La resistencia belga que exigía dejar tropas en la retaguardia, era un obstáculo para el plan. Las proclamas ya habían sido impresas con antelación. Tan pronto como los alemanes entraban en un pueblo, las paredes quedaban blancas a causa del gran número de bandos que prevenían a la población contra todo acto de hostilidad. El castigo para los ciudadanos que dispararan contra los soldados era la pena de muerte, así como también para una gran cantidad de actos menores: «Todo aquel que se acerque a menos de doscientos metros de un aeroplano o un globo será fusilado en el lugar». Y también serían fusilados los propietarios de casas en las cuales fueran halladas armas. Los dueños de las casas en donde se ocultaran soldados belgas serían enviados a trabajos forzados a perpetuidad en Alemania. Los pueblos en los que se cometieran actos hostiles contras los soldados alemanes, serán incendiados. En el caso de que estos actos se realizaran en la carretera entre dos pueblos, se aplicará el mismo castigo a ambos.
       En resumen, concluían las proclamas: «Por todos los actos de hostilidad serán aplicados los siguientes principios: todos los castigos serán ejecutados, los rehenes serán apresados». La práctica del principio según el cual toda la comunidad sería considerada responsable, responsabilidad colectiva que había sido expresamente prohibida por la Convención de La Haya, dejo atónito al mundo del año 1914, que había creído en el progreso de la humanidad.”


Barbara W. Tuchman. 
Los cañones de agosto. 
Ediciones Peninsula.

jueves, 5 de enero de 2017

OBITER DICTUM




«La orden fue dada a la una de la tarde y la hora de partida eran las seis. La policía transmitía la orden a los taxistas en la calle y estos, entusiasmados, hacían bajar a sus pasajeros explicando orgullosos que tenían que ir al combate. Después de llenar sus depósitos en sus garajes, se alinearon seiscientos taxis en perfecta formación en el lugar fijado. Gallieni, que los inspeccionó, estaba encantado: “Eh bien, voilà au moins qui n`est pas banal!”.»


Barbara Tuchman.

martes, 4 de febrero de 2014

OBITER DICTUM






“Sola entre todos los beligerantes, Gran Bretaña había ido a la guerra sin un plan concreto, sin las ordenes de movilización en los bolsillos de los que habían de ser incorporados a filas. Con la excepción del Ejército regular, todo había sido improvisado y, durante las primeras semanas, antes despacho desde Amiens, casi en un ambiente de vacaciones. Hasta aquel momento, la verdad del avance alemán había sido ocultada, por emplear la exquisita frase del señor Asquith, «por razones de reserva patriótica».


Barbara W. Tuchman