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miércoles, 30 de noviembre de 2011

OBITER DICTUM







La Tierra misma no corre peligro. Ya ha conocido grandes deflagraciones, mucho más potentes que todas las que nuestras bombas pueden producir. Y se ha recobrado, aunque haya tardado millones de años. Pero para rostros, humanos, esta escala de tiempo no es pertinente. Nuestra temporalidad es la duración de nuestra vida, la de nuestros padres y nuestros hijos… ¿Qué es un milenio? Para un geólogo, el instante de un pestañeo, mas para la experiencia humana es un lapso gigantesco, casi inconcebible.”


Stephen Jay Gould.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA



COMO UN VIENTO

El silencio me cerca
como un viento que sin palabras
habla, pregunta, sostiene mi pena.
Es una dulce lluvia
que calma la sed de la tristeza.
Voz de un rezo recién nacido,
limpio, alto hondo,
que alcanza y defiende,
acompañándome.


     Rafael Coloma.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





UNA DE ROMANOS


       “Nuestro Estado es una dictadura democrática popular dirigida por la clase obrera y basada en la alianza obrero-campesina. ¿Para qué esta dictadura? Su primera función es reprimir dentro del país, a las clases y elementos reaccionarios, a los explotadores que oponen resistencia a la revolución socialista y a los que sabotean nuestra construcción socialista; es decir, resolver las contradicciones internas entre nosotros y el enemigo. Por ejemplo, entra en el radio de acción de nuestra dictadura arrestar y condenar a cierto número de elementos contrarrevolucionarios, y privar por un tiempo determinado de derechos electorales y libertad de expresión a los terratenientes y capitalistas burocráticos. Para mantener el orden público y defender los intereses de las masas populares, es necesario igualmente ejercer la dictadura sobre los ladrones, bandas de malhechores y otros elementos perniciosos que alteran seriamente el orden público. La segunda función de esta dictadura es defender a nuestro país de la subversión y posible agresión de los enemigos exteriores. En este caso, la dictadura toma sobre sí la tarea de resolver la contradicción externa entre nosotros y el enemigo. El objetivo de la dictadura es proteger a todo el pueblo para que pueda dedicarse al trabajo pacífico y transformar a China en un país socialista con una industria, una agricultura, una ciencia y una cultura modernas.”


Mao Zedong. Obras Completas.

martes, 22 de noviembre de 2011

OBITER DICTUM






«Me pregunto si con el tiempo me voy a encontrar con que aun la media taza que me tomo a la hora del almuerzo no me deja dormir. J. R. está tan afectado mentalmente con la situación de España que me tiene muy preocupada. Anoche, creyendo que yo dormía, se puso a hablarle a España como un triste enamorado. Una de estas noches me voy a incorporar y a contestarle. Si nos hubiéramos quedado en España se hubiera vuelto loco en tres meses. »

Zenobia Camprubí.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






                      DESPRENDIMIENTO


Dulzura de sentirse cada vez más lejano.
Más lejano y más vago...
Sin saber si es porque las cosas se van yendo
o es uno el que se va.
Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla...
Dulzura de sentirse limpio de toda cosa.
Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta,
alumbrando en silencio...
En silencio,
¡Dios mío!...


                                    Dulce María Loynaz

miércoles, 16 de noviembre de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EN PARIS


“El pobre recién venido, habituado a la quietud de las calles de sus ciudades americanas, anda aquí los primeros días con el Jesús en la boca, corriendo a cada paso riesgo de ser aplastado por uno de los mil carruajes que pasan como exhalaciones, por delante, por detrás, por los costados. Oye un ruido en pos de sí, y echa a correr, seguro de echarse sobre un ómnibus que le sale al encuentro; escapa de éste y se estrellará contra un fiacre si el cochero no lograra apenas detener sus apestados caballos por temor de pagar dos mil francos que vale cada individuo reventado en París. El parisiense marcha impasible en medio de este hervidero de carruajes que hacen el ruido de una cascada; mide las distancias con el oído, y tan certero es su tino, que se para instantáneamente a una pulgada del vuelo de la rueda que va a pasar, y continúa su marcha sin mirar nunca de costado, sin perder un segundo de tiempo.
Por primera vez en mi vida he gozado de aquella dicha inefable, de que sólo se ven muestras en la radiante y franca fisonomía de los niños. Je flâne,  yo ando como un espíritu, como un elemento, como un cuerpo sin alma en esta soledad de París. Ando lelo; paréceme que no camino, que no voy sino que me dejo ir, que floto sobre el asfalto de las aceras de los bulevares. Sólo aquí puede un hombre ingenuo pararse y abrir un palmo de boca contemplando la Casa Dorada, los Baños Chinescos, o el Café Cardinal. Sólo aquí puedo a mis anchas extasiarme ante las litografías, grabados, libros y monadas expuestas a la calle en un almacén; recorrerlas una a una, conocerlas desde lejos, irme, volver al otro día para saludar la otra estampita que acaba de aparecer. Conozco ya todos los talleres de artistas de bulevar; la casa de Aubert en la plaza de la Bolsa, donde hay exhibición permanente de caricaturas; todos los pasajes donde se venden esos petits riens que hacen la gloria de las artes parisienses. Y luego las estatuitas de Susse y bronces por doquier, y los almacenes de nouveautés, entre ellos uno que acaba de abrirse en la calle Vivienne, con doscientos  dependientes para el despacho, y dos mil picos de gas para la iluminación.
Por otra parte, es cosa tan santa y respetable  en París  el flâner; es ésta una función tan privilegiada, que nadie osa interrumpir a otro. El flâneur tiene derecho  de meter sus narices por todas partes. El propietario lo conoce en su mirar medio estúpido, en su sonrisa en la que se burla de él, y disculpa su propia temeridad al mismo tiempo. Si Ud. se para delante de una grieta de la muralla y la mira con atención no falta un aficionado  que se detiene a ver qué está usted mirando; sobreviene un tercero, y si hay ocho reunidos, todos los pasantes se detienen, hay obstrucción en la calle, atropamiento. ¿Este es, en efecto, el pueblo que ha hecho las revoluciones de 1789 y 1830? ¡Imposible! Y, sin embargo, ello es real: hago todas las tardes sucesivamente dos, tres grupos para asegurarme de que esto es constante, invariable, característico, maquinal en el parisiense.”

Domingo F. Sarmiento. Viaje a Francia. Ediciones Ayacucho 

sábado, 12 de noviembre de 2011

OBITER DICTUM






No logro recordar quién fue el primero que me habló del hundimiento del Titanic. Sin embargo nuestra institutriz lloró durante el desayuno, jamás la había visto llorar antes, y Edith, la criada, vino al cuarto de los niños, donde no la veíamos nunca, y lloró con ella. Me enteré de lo del iceberg, de lo espantoso de que se ahogaran tantas personas, pero lo que más me impresionó fue el que la orquesta siguiera tocando hasta que el barco se hundió. Quise saber qué habían tocado y me contestaron con una impertinencia. Entendí que había preguntado algo impropio, y me puse a llorar con ellas. Llorábamos los tres a la vez cuando mi madre llamó a Edith desde abajo; probablemente se acababa de enterar en aquel momento. Entonces bajamos la institutriz y yo y encontramos a mi madre y a Edith llorando juntas.

Elías Canetti.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

ALLÁ EN LAS INDIAS


CARTA DEL PADRE DEL AUTOR


Carta de Don Martín Guaman Mallqui de Ayala, hijo y nieto de los grandes señores y reyes que fueron antiguamente y Capitán General y señor del reino, y capacapo, que es príncipe y señor de la provincia de los Lucanas Andamarcas, y Circamarcas, y Soras, y de la ciudad de Guamanga y de su jurisdicción de Santa Catalina de Chupas, Príncipe de los Chinchaysuyos, y segunda persona del Inga de este reino del Perú a la Real Majestad del rey don Felipe nuestro señor el segundo, dice así:
Sacra Católica Real Majestad. Entre las cosas que esta gran provincia de estos reinos ha procedido útiles y provechosos al servicio de Dios y de Vuestra Majestad, me ha parecido hacer estima del ingenio y curiosidad por la gran habilidad del dicho mi hijo legítimo don Felipe Guaman Poma de Ayala, cápac, que es príncipe, y gobernador mayor de los indios, y demás caciques y principales y señor de ellos y administrador de toda islas dichas / comunidades y sapsi, y teniente general del corregidor de la dicha vuestra provincia de los Lucanas, reino del Perú, el cual habrá como veinte años poco o más o menos que ha escrito unas historias de nuestros antepasados abuelos, y mis padres y señores reyes que fueron antes del Inga, y después que fue desde Uariuiracocharuna, y de los caciques principales Capac Apoconas, Curacacona, Allicaccona, Camachicoccuna, Çinchicona, y todo el gobierno de los Ingas hasta su fin y acabamiento y dicha conquista de éstos vuestros reinos, y después como se alzaron contra vuestra Corona Real y de todas las dichas ciudades y villas, aldeas y provincias, y corregimientos y pueblos, y las dichas vuestras minas, y la vida de vuestros corregidores, y de los dichos padres y curas de las dichas doctrinas, y de vuestros encomenderos de los indios y de españoles y de los dichos tambos y puentes y caminos, y de los dichos mineros, y de los dichos caciques principales y de indios particulares y de sus ritos que usaban antiguamente, y de su cristiandad y policía y otras curiosidades de estos reinos por relaciones y testigos de vista que se tomó de las cuatro partes de estos reinos, de los dichos indios muy viejos, de edad de ciento y cincuenta años / y de cada parte cuatro indios testigos de vista, y que el estilo es fácil, y grave, y sustancial, y provechoso a la Santa Fe Católica, y la dicha historia es muy verdadera como conviene al sujeto y personas de quienes trata y que además del Servicio de Vuestra Majestad que resultará [de] imprimirse la dicha historia comenzándose a celebrar y hacer inmortal la memoria y nombre de los grandes señores antepasados, nuestros abuelos, como lo merecieron sus hazañas, deseando que todo esto se consiga; humildemente suplico a Vuestra Majestad sea servido favorecer y hacer merced al dicho mi hijo don Felipe de Ayala y para todos mis nietos, para que su pretensión vaya adelante que es lo que pretendo, de que a Vuestra Majestad Nuestro Señor guarde y prospere por muchos y muy felices años con acrecentamiento de más reinos y señoríos, como su menor y humilde vasallo deseo. De La Concepción de Guayllapampa de Apcara, provincia de los Lucanas y Soras, jurisdicción de la ciudad de Guamanga, a quince del mes de mayo de mil quinientos ochenta y siete años. Sacra Católica Real Majestad. Beso los reales pies y manos a Vuestra Majestad su humilde vasallo.

Don Martín de Ayala.


Felipe Guaman Poma de Ayala. Nueva Corónica y Buen Gobierno.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                     XVI

Pedicabo ego uos et irrumabo,
Aureli pathice et cinaede Furi,
qui me ex uersiculis meis putastis,
quod sunt molliculi, parum pudicum.
nam castum esse decet pium poetam 5
ipsum, uersiculos nihil necesse est;
qui tunc denique habent salem ac leporem,
si sunt molliculi ac parum pudici
et quod pruriat incitare possunt,
non dico pueris, sed his pilosis, 10
qui duros nequeunt mouere lumbos.
uos, quod milia multa basiorum
legistis, male me marem putatis?
pedicabo ego uos et irrumabo.


                                                      Catulo

viernes, 4 de noviembre de 2011

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





CATHOLICUS


            “Nada excita más nuestra repugnancia que el canibalismo; nada destruye con tanta seguridad una sociedad; nada, podríamos argüir, endurece y degrada tanto el espíritu de quienes lo practican. Sin embargo, nosotros mismos causamos parecida impresión en los budistas y los vegetarianos. Consumimos los cuerpos de criaturas que sienten iguales apetitos, iguales pasiones y poseen los mismos órganos que nosotros; comemos bebés que, sencillamente, no son los nuestros, y el matadero se llena cada día de gritos de sufrimiento y terror. Hacemos distingos, es cierto, pero la repugnancia que muchos pueblos experimentan cuando se trata de comer carne de perro, el animal con que mantenemos una relación más estrecha, demuestra sobre qué bases tan precarias descansa nuestro distingo. El cerdo es el elemento principal de la alimentación animal en las islas, y muchas veces, con la mente estimulada por el ambiente caníbal, he observado su carácter y el modo en que muere. Muchos isleños viven con sus puercos como nosotros con nuestros perros; unos y otros se acercan al hogar con la misma libertad; el cerdo de las islas es un ser activo, emprendedor y lleno de buen sentido. Él mismo quita la cáscara a los cocos y, según me han contado, los lanza a rodar bajo el sol para que se abran; es el terror de los pastores. La señora Stevenson atisbó cómo uno se escondía en el bosque con un cordero entre los dientes; yo vi a otro que, al creer erróneamente que nuestra goleta se hundía, atravesó un charco a nado tras dirigirse a la barandilla y escapar. Nos habían enseñado de niños que los cerdos no sabían nadar; vi a uno saltar por la borda, nadar quinientos metros hasta alcanzar la orilla y volver a la casa de su antiguo dueño. Una vez en Tautira, fui propietario de una piara. Al principio, en la porqueriza reinaba una paz completa; una cerdita que padecía de cólico había venido a nosotros en busca de socorro, lanzando lamentos infantiles; también teníamos un hermoso jabalí negro, al que bautizamos con el nombre de Catholicus, por ser un regalo especial que nos hicieron los católicos del pueblo, y que pronto dio pruebas de valor y afabilidad; no toleraba que ninguna otra bestia, perro o cerdo, se acercase a él a la hora de comer, pero demostraba hacia los hombres una gran parte de aquella ternura servil tan común en los animales inferiores, y que quizá le hacía acreedor al nombre que le habíamos dado. Un día, al visitar la pocilga, quedé estupefacto cuando Catholicus retrocedió con gritos de terror al ver que yo me aproximaba, y si mucho me sorprendió el cambio, no me sorprendió menos la causa, cuando de ella me enteré. Por la mañana habían matado a un gorrino; Catholicus había presenciado el sacrificio; había comprendido que vivía en un matadero, y a partir de aquel momento su confianza y su alegría de vivir desaparecieron para siempre. Lo conservamos mucho tiempo, pero ya no soportaba la presencia de ninguna criatura de dos piernas, y nosotros mismo, en tales circunstancias, ya no podíamos sostener su mirada sin sentirnos perplejos. Más tarde asistí, por lo menos con el oído, a ese acto de matanza; creo que, en realidad, hubiera logrado aguantar los gritos de sufrimiento de la victima, pero la ejecución se realizó mal, y su expresión de terror era contagiosa; aquel humilde corazón latía al mismo ritmo que el nuestro. Sobre estos “lamentables cimientos” descansa la vida de los europeos, y, sin embargo, la raza europea es una de las menos crueles. Lo que rodea a esta clase de crímenes, la brutalidades preparatorias de su ejecución permanecen disimuladas; una extrema sensibilidad reina en la superficie, y las damas se sentirían indispuestas si oyesen los chillidos de la décima parte de cuanto exigen diariamente de su carnicero. Sin duda, algunas me maldecirán por la falta de cortesía de este párrafo. Lo mismo ocurre con los caníbales de las islas. No son crueles; excepto por esta costumbre, constituyen una raza de una dulzura extrema; resulta menos cruel cortar la carne de un hombre después de muerto que oprimirle mientras vive; además, trataban a las futuras víctimas de su apetito con bondad y las ejecutaban rápidamente y sin inflingirles sufrimientos. En los medios refinados de las islas, sin duda se consideraba de mal gusto hablar de lo que era feo en la práctica.”


Robert L. Stevenson. En los mares del sur. Ediciones B.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

OBITER DICTUM






“Entre las numerosas manifestaciones que he recibido, figura una carta entusiasta hacia España emanada de todas las grandes concentraciones de fuerzas vivas de Shanghai. Esto ha hecho madurar en mí un proyecto ya muy antiguo, muy anterior al conflicto sino-japonés e independiente de las circunstancias hoy tan favorables para su desarrollo, y es el de mandar a China una Misión de gente bien documentada y conocedora de aquel terreno para crear una corriente comercial, tomando como base, en mi opinión indispensable, el establecimiento de un Banco hispanochino, que bien pudiera ser una hijuela del de Comercio Exterior. Si conseguimos crear esta corriente comercial, ello nos permitiría apoyar sobre ella una línea de vapores que reanudase nuestras relaciones con las Filipinas de tan alto interés moral. Ya ve Vd. cómo en estos asuntos siempre va entrelazada la razón moral con la material.”


Salvador de Madariaga.