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lunes, 25 de mayo de 2020

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





CROQUIS SEVILLANO

     El sol pone una ojera violácea en el alero de las casas, apergamina la epidermis de las camisas ahorcadas en medio de la calle.

     ¡Ventanas con aliento y labios de mujer!

     Pasan perros con caderas de bailarín. Chulos con los pantalones lustrados al betún. Jamelgos que el domingo se arrancarán las tripas en la plaza de toros.

     ¡Los patios fabrican azahares y noviazgos!

     Hay una capa prendida a una reja con crispaciones de murciélago. Un cura de Zurbarán, que vende a un anticuario una casulla robada en la sacristía. Unos ojos excesivos, que sacan llagas al mirar.
     Las mujeres tienen los poros abiertos como ventositas y una temperatura siete décimos más elevada que la normal.


                                                          Oliverio Girondo.

martes, 8 de mayo de 2018

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA



APUNTE CALLEJERO


       En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.

       Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar... Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda...

       Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.


Oliverio Girondo

miércoles, 1 de octubre de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






PEDESTRE


         En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal olor de la ciudad.

         Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se acuestan para fornicar en la vereda.

         Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.

         Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan bajo las capotas de las victorias.

         Junto al cordón de la vereda un kiosco acaba de tragarse una mujer.

         Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar. (1)

De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al rozarse.

BUENOS AIRES, AGOSTO 1920.





(1) Los perros fracasados han perdido a su dueño por levantar la pata como una mandolina, el pellejo les ha quedado demasiado grande, tienen una voz afónica de alcoholista y son capaces de estirarse en un umbral, para que los barran junto con la basura.



            OLIVERIO GIRONDO