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lunes, 1 de agosto de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





    EL AÑO QUE VIENE



En un verano que no es verano,
porque la vieja tierra perdió la memoria,
y no recuerda cómo era el verano,
siempre se encuentra el miedo o madres tejiendo,
quietud o pasos de ladrones despertando ancianos,
odio o gatos en las faldas.
Y las aves siguen comiendo en el patio,
se saluda con las mismas palabras mañana tras mañana,
nadie sabe por qué va a darle avena a los conejos,
las cucharas siguen haciendo igual ruido a la hora del                    [almuerzo, 
y se habla sobre el mal tiempo,
y lo corta que es la vida.

Jorge Teillier.

lunes, 10 de mayo de 2021

Y EL OBOLO BAJO LA LENGUA





    MOLINO DE MADERA



Era un puerto donde desembocaba el trigo.
Terminaba su viaje en el molino
la espiga, transformada en bella harina.

Había una bodega enorme, donde los fuertes sacos
plenos de maduros cereales
pugnaban por trepar hasta las vigas.

En el verano el sol iluminaba los patios,
la madera nueva.
Los portones se abrían y entraban las carretas.
El molinero tenía hasta las pestañas blancas
y su cantar aceitaba las máquinas.

Ahora, el cielo se pone más gris cuando lo mira.
Desde una ventana hecha pedazos
se ve correr a sus pies
al río vencedor, retumbando, royendo la madera.
La gente lo rehuye. Quizás albergue al Diablo.
Y entre la humedad y el moho,
abriendo puertas oxidadas, riendo ante las máquinas,
se pasean los duendes blancos
nacidos de la antigua harina.

Jorge Teillier.

jueves, 28 de marzo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





        EL LENGUAJE DEL CIELO



El cielo habla un lenguaje gris,
y callan la grave voz del vino,
la leve voz del té.
Los espejos se fatigan
de repetir el nombre de las cosas.
No dicen nada. No dicen: “un visitante”,
“las moscas”, “el libro sobre la mesa”.
No dicen nada los espejos.

Canción cantada para que nadie la oiga
es la esperanza de que esto cambie.
Niños que se acercan al ataúd del amigo muerto,
paso de ratas frente a la estufa en silencio,
el halo de humo pobre que hace rey al tejado,
o todo lo que desaparece de pronto
como el plateado salto del salmón sobre el río.

Una ráfaga apaga los ciruelos,
dispersa las cenizas de sus follajes,
arruga la vacía faz de las glicinas.
Todo lo que está aquí
parece estar verdaderamente en otro lugar.
Los jóvenes no pueden volver a casa
porque ningún padre los espera
y el amor no tiene lecho donde yacer.
El reloj murmura que es preciso dormir,
olvidar la luz de este día
que no era sino la noche sonámbula,
las manos de los pobres
a quienes no dimos nada.
“Hay que dormir”, murmura el reloj.
Y el sueño es la paletada de tierra que lo acalla.

Jorge Teillier.

viernes, 25 de mayo de 2018

OBITER DICTUM






   BAJO UN VIEJO TECHO


Esta noche duermo bajo un viejo techo,
los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo,
y el niño enterrado en mí renace en mi sueño,
aspira de nuevo el olor de los muebles de roble,
y mira lleno de miedo hacia la ventana,
pues sabe que ninguna estrella resucita.

Esa noche oí caer las nueces desde el nogal,
escuché los consejos del anciano reloj,
supe que el viento vuelca una copa del cielo,
que las sombras se extienden,
y la tierra las bebe sin amarlas,
pero el árbol de mi suelo sólo daba hojas verdes
que maduraban en la mañana con el canto del gallo.

Esta noche duermo bajo un viejo techo,
los ratones corren sobre él, como hace mucho tiempo,
pero sé que no hay mañanas, y no hay cantos de gallos;
no quiero escuchar las palabras del reloj enfermo,
abro los ojos, para no ver reseco el árbol de los sueños,
y bajo él, la muerte que me tiende la mano.

Jorge Teillier.