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lunes, 12 de enero de 2026

OBITER DICTUM

 



«Recorrí en automóvil y en compañía de Paredes y Beltrán toda la Costa Brava. Desde Tarragona hasta Torroella de Mongrí. La tranquilidad de los pueblos donde he estado, la bondad de sus habitantes, la belleza natural que los rodeaba, me hacen sentir más aferrado a este suelo. El mar, como allá en el Norte, tomó vida, Los acantilados me hablaron, sus arenas finas se me escapan entre los dedos. La lluvia, en algunos lugares, daba majestuosidad al horizonte. Los pueblitos parecían moradas de gnomos. Pienso en España.»


Francisco Tarazona.


martes, 23 de agosto de 2022

OBITER DICTUM






« Los gratos recuerdos son arrancados de cuajo de mi mente. Los muros de las casas, cortados por la hirviente metralla, desfilan humeantes a nuestro lento paso. Camas rotas y colchones desgarrados con sus entrañas muertas al aire; asas de cántaros, cacerolas y zapatos se mezclan en macabra democracia con la carne de sus amos. Pedazos de cuerpo se ven estampados por doquier. Otros, en los muros, resaltan como altorrelieves luzbelianos. La masa de lo que era el cuerpo de una anciana pende del marco de una puerta. Sus ojos reflejan aún el espanto. Más adelante, la pierna de un niño con su alpargata solitaria, descansa en el lomo descarnado de un marrano.»

Francisco Tarazona.

miércoles, 17 de julio de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





A FLOR DE PIEL


« Al traspasar las puertas de Simancas quedé horrorizado. Era la primera vez en mi vida que veía tanta sangre. Los pasillos en donde yacían los heridos estaban resbaladizos. Una superficie de excremento mezclado con sangre cubría los pequeños espacios que quedaban para pisar. Yo me sentía pálido. Me miraba las manos, y, de pronto, mi cabeza empezó a debilitarse. Llamé a una enfermera y me cogió del brazo. Me dio vergüenza. Mientras me buscaba una silla para sentarme tuve que dejarme caer sobre una rodilla y apoyé una mano en uno de aquellos cuerpos. Ya estaba frío. Pasó un médico y le pregunté por Eloy, No sabía nada de él, ni quién era.
—Es un piloto —le dije.
—Búsquelo; no tengo tiempo de acompañarle —me contestó.
Empecé a buscar a Eloy, La angustia había desaparecido. Ya me sentía mejor. La enfermera me señaló un cuerpo joven. Estaba desnudo. Unos pequeños agujeros se le notaban en la piel. Eran balazos. Estaba vuelto, con la cara hacia abajo. Me acerqué a él. Tenía miedo de que fuera Eloy. Le cogí del hombro y traté de volver el cuerpo. Se me resbaló, pero alcancé a verle algo de la cara. Mi corazón empezó a latir con rapidez. La enfermera me ayudó a sujetar al hombre. Entre los dos pudimos poner el cuerpo mirando hacia arriba. Los ojos de Eloy estaban abiertos. Su boca, entreabierta, dejaba ver los dientecillos medio salidos. En medio del pecho le había explotado una bala, y el corazón lo tenía a flor de piel.»

Francisco Tarazona.
Yo fui piloto de caza rojo.
Editorial San Martin.

jueves, 22 de febrero de 2018

OBITER DICTUM






«Los gratos recuerdos son arrancados de cuajo de mi mente. Los muros de las casas, cortados por la hirviente metralla, desfilan humeantes a nuestro lento paso. Camas rotas y colchones desgarrados con sus entrañas muertas al aire; asas de cántaros, cacerolas y zapatos se mezclan en macabra democracia con la carne de sus amos. Pedazos de cuerpo se ven estampados por doquier. Otros, en los muros, resaltan como altorrelieves luzbelianos. La masa de lo que era el cuerpo de una anciana pende del marco de una puerta. Sus ojos reflejan aún el espanto. Más adelante, la pierna de un niño con su alpargata solitaria, descansa en el lomo descarnado de un marrano.»

Francisco Tarazona.

domingo, 17 de julio de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





EL TUTEO DE LOS SAPOS


«Parece un miliciano de la tristemente célebre Columna de Hierro. Aquella que, después de haber saqueado a los maños, bajó de Teruel a Valencia a cerrar comercios. El tipo es idéntico a uno de aquellos facinerosos. Su aspecto físico es repugnante. Tiene los ojos como de pez de las grandes profundidades: salientes. Es de baja estatura, linfático. Cuando me da la mano siento como si tocara a un sapo; la tiene húmeda y blanda. Habla con pausas. Meticulosamente
¿Eres tú el piloto que viene a llevarse el «Mosca»?
Me molesta que me tutee.
Sí, yo soy.
¿Eres del Partido? —dice, muy serio.
¿A usted qué le importa?
Pregunto si es necesario que le cuente mi vida para llevarme de su feudo el avión. Insiste.
Es que no se lo voy a entregar a cualquier tipo que se presente aquí diciendo que es el que ha designado la Escuadra.
Mi paciencia se agota. Pienso en la pérdida de tiempo que hay que sufrir por culpa de mentecatos de esta clase, y me apeo de la burra. Con tono más mesurado, pero enérgico, le invito a que indague por teléfono.»

Francisco Tarazona.
Yo fui piloto de caza rojo.
Editorial San Martin.