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viernes, 30 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM





Empero, una obra relativa a la poesía nueva de Francia en la cual no se habla ni de Alberto Samain, ni del conde Montesquiou-Fezensac, ni de François de Curel, debe de parecer ridícula a mis excelentes amigos del El Cojo Ilustrado y de Cosmópolis, por lo cual me decido hoy a escribir algunas notas sobre los tres artistas jóvenes que más llaman actualmente la atención del París intelectual.


Enrique Gómez Carrillo

jueves, 29 de diciembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE




EL MODUS


       “Habréis notado que al redactar estos apuntes he tenido que referirme a menudo al tema de la muerte pero siempre con una especie de prisa que tiene mucho de conjuro de lo que se puede deducir que para mí se trata de una tecla sensible por no decir dolorosa es inútil buscar compromisos racionales ésa es precisamente la principal incógnita la gran pupa uno podría incluso conseguir resignarse a su fatalidad lo que asusta de veras es el modus la manera en que se producirá el hecho aunque después las alternativas sean menos numerosas de lo que se imagina por más vueltas que le demos se trata de elegir entre el cáncer y el infarto con sus respectivos matices e desempate concluyente lo representa la tercer solución que es el accidente traumático instintivamente tendemos a excluirlo si bien en resumidas cuentas podría resultar incluso la salida más deseable por lo que a mí respecta en ciertos momentos pienso que en determinadas circunstancias extremas podría consentir que me matara dulcemente alguna persona de confianza es más siendo el planificador meticuloso que soy os confieso que he preparado una lista de escenarios plausibles para un encargo de este tipo y he recibido no diré que compromisos explícitos sino algún signo de adhesión virtual entre mis potenciales homicidas considero que son numerosos sin embargo Carmen que por su naturaleza tal vez utilizaría medios expeditivos estoy casi seguro de que acabaría por estrangularme como la gobernanta del El Padre de Strindberg otro nombre papable es Vanna Polverosi quién sabe puede que incluso Paola si la pilas en un momento de gran afecto y lucidez o mi sobrina Giovanna que como es médico dispondría de los instrumentos más adecuados y ofrecería las mejores garantías desde el punto de vista de la anestesia.”


Vittorio Gassman. Un gran futuro a mis espaldas. Acantilado.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






TORMENTA SOBRE TEMPELHOF


«Vi, pues, muy claramente los racimos silbantes descender desde siete u ocho mil metros sobre Tempelhof y sobre las nuevas pistas del campo. Vi temblar la llanura bajo aquel machaqueo titánico. Vi abrirse la tierra, volatilizarse las casas, las reservas de carburante del campo de aviación extender sus llamas que abrasaron la tierra en centenares de metros. Vi una barriada de ciento cincuenta mil habitantes desaparecer en una cortina impenetrable de humo. Vi, con los ojos involuntariamente abiertos sobre el seísmo, árboles en grupos de diez elevarse del suelo como plumas tras una explosión espantosa. Oí los aviones en perdición aullar con toda la potencia de sus motores antes de ser destruidos. Vi sus cabriolas, sus explosiones, sus caídas. Vi, entre otros, un Focke Wulf soltar su depósito auxiliar, que cayó a cinco o seis metros de nuestro refugio, rociándonos de gasolina antes de estrellarse en la autopista. Sentí en el rostro el soplo ardiente de las explosiones. Vi también el terror en los ojos de Paula, que se había arrimado a mí. Restos incandescentes surcaban el aire como pájaros de muerte y nos obligaron a hacernos diminutos en el fondo de nuestro agujero.»


Guy Sajer.

El soldado olvidado.

Books4pocket.


lunes, 26 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM






«Paso a considerar algunos destinos de un solo texto homérico. Interrogo los hechos comunicados por Ulises al espectro de Aquiles, en la ciudad de los cimerios, en la noche incesante (Odisea XI). Se trata de Neoptolemo, el hijo de Aquiles. La versión literal de Buckley es así: Pero cuando hubimos saqueado la alta ciudad de Príamo, teniendo su porción y premio excelente, incólume se embarcó en una nave, ni maltrecho por el bronce filoso ni herido al combatir cuerpo a cuerpo, como es tan común en la guerra; porque Marte confusamente delira. La de los también literales pero arcaizantes Butcher y Lang: Pero la escarpada ciudad de Príamo una vez saqueada, se embarcó ileso con su parte del despojo y con un noble premio; no fue destruido por las lanzas agudas ni tuvo heridas en el apretado combate: y muchos tales riesgos hay en la guerra, porque Ares se enloquece confusamente. La de Cowper, de 1791: Al fin, luego que saqueamos la levantada villa de Príamo, cargado de abundantes despojos seguro se embarcó, ni de lanza o venablo en nada ofendido, ni en la refriega por el filo de los alfanjes, como en la guerra suele acontecer, donde son repartidas las heridas promiscuamente, según la voluntad del fogoso Marte. La que en 1725 dirigió Pope: Cuando los dioses coronaron de conquista las armas, cuando los soberbios muros de Troya humearon por tierra, Grecia, para recompensar las gallardas fatigas de su soldado, colmó su armada de incontables despojos. Así, grande de gloria, volvió seguro del estruendo marcial, sin una cicatriz hostil, y aunque las lanzas arreciaron en torno en tormentas de hierro, su vano juego fue inocente de heridas. La de George Chapman, de 1614: Despoblada Troya la alta, ascendió a su hermoso navío, con grande acopio de presa y de tesoro, seguro y sin llevar ni un rastro de lanza que se arroja de lejos o de apretada espada, cuyas heridas son favores que concede la guerra, que él (aunque solicitado) no halló. En las apretadas batallas, Marte no suele contender: se enloquece. La de Butler, que es de 1900: Una vez ocupada la ciudad, él pudo cobrar y embarcar su parte de los beneficios habidos, que era una fuerte suma. Salió sin un rasguño de toda esa peligrosa campaña. Ya se sabe: todo está en tener suerte.»



Jorge Luis Borges.


sábado, 24 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






    AL POEMA CONFÍO


Al poema confío la pena de perderte.
He de lavar mis ojos de los azules tuyos,
faros que prolongaron mi naufragio.

He de coger mi vida deshecha entre tus manos,
leve jirón de niebla
que el viento entre sus alas efímeras dispersa.
Vuelva la noche a mí, muda y eterna,
del diálogo privada de soñarte,
indiferente a un día
que ha de hallarnos ajenos y distantes.


                                                   Salvador Novo

jueves, 22 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM






No soy buen naturalista según dicen, y desconozco por qué suerte de mecanismo el miedo obra en nosotros. Es el miedo una pasión extraña y los médicos afirman que ninguna una otra hay más propicia a trastornar nuestro juicio. En, efecto, he visto muchas gentes a quienes el miedo ha llevado a la insensatez, y hasta en los más seguros de cabeza, mientras tal pasión domina, engendra terribles alucinaciones.


Michel de Montaigne

miércoles, 21 de diciembre de 2016

ALLÁ EN LAS INDIAS




UN ZIPIZAPE


       «Que los indios eran muy disolutos en beber y emborracharse, de lo cual les seguían muchos males como matarse unos a otros, violar las camas pensando las pobres mujeres recibir a sus maridos, también con padres y madres como en casa de sus enemigos y pegar fuego a sus casas: y que con todo eso se perdían por emborracharse. Y cuando la borrachera era general y de sacrificios, contribuían todos para ello, porque cuando era particular hacía el gasto el que la hacía con ayuda de sus parientes. Y que hacen el vino de miel y agua y cierta raíz de un árbol que para esto criaban, con lo cual se hacía el vino fuerte y muy hediondo; y que con bailes y regocijos comían sentados de dos en dos o de cuatro en cuatro, y que después de comido, los escanciadores, que no se solían emborrachar, traían unos grandes artesones de beber hasta que se vacía un zipizape; y las mujeres tenían mucha cuenta de volver borrachos a casa sus maridos.
       Que muchas veces gastan en un banquete lo que en muchos días, mercadeando y trampeando, ganaban; que tienen dos maneras de hacer estas fiestas. La primera que es de los señores y gente principal, obliga a cada uno de los convidados a que hagan otro tal convite y que den a cada uno de los convidados una ave asada, pan y bebida de cacao en abundancia y al fin del convite suelen dar a cada uno una manta para cubrirse y un banquillo y el vaso más galano que pueden, y si muere alguno de ellos es obligada la casa o sus parientes a pagar el convite. La otra manera es entre parentelas cuando casan a sus hijos o hacen memoria de las cosas de sus antepasados; y ésta no obliga a restitución, salvo que si cuando han convidado a un indio a una fiesta así, él convida a todos cuando hace fiesta o casa a sus hijos. Y sienten mucho la amistad y la conservan (aunque estén) lejos unos de otros, con estos convites; y que en estas fiestas les daban de beber mujeres hermosas las cuales, después de dado el vaso, volvían las espaldas al que lo tomaba hasta vaciado el vaso.
       Que los indios tienen recreaciones muy donosas y principalmente farsantes que representan con mucho donaire; tanto, que de estos alquilan los españoles para que viendo los chistes de los españoles que pasan con sus mozas, maridos o ellos propios, sobre el buen o mal servir, lo representan después con tanto artificio como curiosidad. Tienen atabales pequeños que tañen con la mano, y otro atabal de palo hueco, de sonido pesado y triste, que tañen con un palo larguillo con leche de un árbol puesta al cabo; y tienen trompetas largas y delgadas, de palos huecos, y al cabo unas largas y tuertas calabazas; y tienen otro instrumento (que hacen) de la tortuga entera con sus conchas, y sacada la carne táñenlo con la palma de la mano y es su sonido lúgubre y triste.»


Diego de Landa. 
Relación de cosas del Yucatán.

martes, 20 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




           POÉTICA


Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.


                             Herberto Padilla

domingo, 18 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM






“Los olivos son unos árboles asombrosos; casi parecen sauces… “


Johann W. Goethe

sábado, 17 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM





Aquella misma noche, bajo el furioso aguacero que encharcaba las calles, fui a casa de Manuel Paso; allí estaban su hermano Antonio, su hermana y su madre, Gracia Álvarez y Dicenta, que batallaba por sobreponerse al dolor y a la idea obsesionante de la muerte escribiendo las primeras escenas de su drama Aurora. Joaquín y yo penetramos en la alcoba del enfermo; un dormitorio cuadrangular donde ya comenzaba a respirarse el aire denso y pestilente de los ataúdes. En un hueco de la almohada yacía inerte la cabeza de Manuel; una cabeza de Greco, enjuta y larga, con la frente bruñida y el mentón afilado por la muerte apoyado sobre el embozo de las mantas.

       —Eso —murmuró Dicenta— ya no es un hombre.


Eduardo Zamacois

miércoles, 14 de diciembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





UN HOMBRE SOLO


“Un hombre solo es un ser solitario, una piedra, un hueso, un palo, un receptáculo para la ginebra Gilbey, una figura encorvada sentada en el borde de la cama de un hotel, lanzando suspiros ruidosos como el viento otoñal. ¿Sería Hammer uno de esos hombres que, habiendo formado una pareja poco feliz, carecería de la vitalidad y la inteligencia para romperla? No tiene más vida afectiva que inventar rubias. Su única vida sexual es meneársela. Viaja con sus rubias en barco y en avión; les muestra las magnificencias de París, Roma y Leningrado; pide comidas de cuatro platos en los restaurantes; observa con detenimiento la carta de vinos; las lleva a pasear; les extiende cheques; les compra joyas; se queda dormido con las caderas rodeadas de montes de Venus. Jamás deja de cepillarse los dientes y afeitarse antes de hacer el amor. La señora Hammer diría:”Eres un felpudo, un felpudo calzonazos, y no me eches a mí la culpa. Eres de los que creen que un buen día se enamorará de ellos una rubia esbelta, culta, hermosa, rica e inteligente. Como si lo viera. Es repugnante. Tiene pelo lacio, piernas largas, veintiocho años, divorciada pero sin hijos. Seguro que es actriz o cantante de cabaré. Hasta ahí llega tu imaginación. ¿Qué haces con ella, amigo, qué haces aparte de llevártela a la piltra? ¿Qué puede hacer un felpudo calzonazos? ¿La llevas al teatro o a cenar? ¿Le compras joyas? ¿Viajáis? Seguro que sí. Es lo que tú llamas ser distinguido. Catorce días en el Cristoforo Colombo, polvos mañana, tarde y noche, y a las siete vais al bar de primera clase vestidos de etiqueta. ¡Qué pareja más soberbia! ¡Qué mierda! Pero no, elegirías el Flandre para alardear de que sabes francés. Y la llevas a pasear por todo París, mostrándole tus viejas guaridas. Siento pena por ella; de verás. Pero escucha bien, amigo, presta atención: si apareciera esa rubia, no tendrías agallas para llevártela a la cama. La mirarías con ojos de carnero degollado, la achucharías detrás de la puerta de la cocina, pero al final no me serías infiel. Si aparece la rubia, cosa que no va a ocurrir. ¿oyes lo que te digo? No va aparecer ninguna rubia. Esa rubia no existe. Estás viejo, tienes cinco dientes postizos, mal aliento, pelos en la panza y serás un solitario el resto de tu vida. Estarás solo durante el resto de tu vida.
         Bueno, a ver, contesta. ¿Qué te pasa, se te ha comido la lengua el gato? ¿No respondes a las ofensas? Ya sé, te haces el santo. La otra mejilla, ¿eh? Bueno, si hay algo que puede empujar a una buena mujer a la bebida y la fornicación es la convivencia con un hijo de puta que se cree un santo. Una copa es lo que voy a tomarme en cuanto llegue a casa.”


John Cheever. Diarios. Emecé Editores.

domingo, 11 de diciembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 


EL CAMALEÓN


«En la corte de Bonaparte se sentía como pez en el agua, y el general revolucionario aprendía de él los grandes nombres y las costumbres aristocráticas del Antiguo Régimen con el fin de hacerlos revivir y de darle, en la medida de lo posible, un aire de antigüedad a su nueva dinastía. Puesto que había adquirido la habilidad de tratar con gente poderosa, monsieur de Talleyrand era el hombre que podía serle más útil a Bonaparte. El rostro imperturbable, un silencio de hierro, la insolencia bien combinada con una cortesía imponente, todo estaba perfectamente calculado para someter a los que hacían más de la mitad del trabajo. El origen ilustre de monsieur de Talleyrand y sus nobles modales persuadían a los embajadores de que trataban con un gobierno decente, y el espíritu revolucionario, así revestido bajo las formas más civilizadas, conservaba todo su temible poder. Estos miramientos dejaron de ser necesarios cuando la fuerza lo conquistó todo, pero Bonaparte continuó tendiendo sus garras con cierta dulzura.»


Madame de Staël.

Diez años de destierro.

Penguin Clásicos.


sábado, 10 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






CRUCIGRAMAS CUBISTAS

Tus dedos copulando
entre mis dedos.
Tus ojos húmedos
sobre mi cuerpo frío.
Tus versos en el aire
de los ausentes.

Hace ya tanto que todo
dejó de respirar a veinticuatro
imágenes por segundo
que para reptar
entre los fogonazos
lluviosos de aquel
ferrocarril de promesas
que nadie pilotaba,
ahora que ya no sobrevive
ni la quimera de tus labios,
en el polvo de plata de tu rastro,
releo en tu lengua impasible,
uno de los crucigramas cubistas
de aquella luna marina y mediterránea.

Silvano Lago

I

miércoles, 7 de diciembre de 2016

OBITER DICTUM






“Lo que distingue a los caracteres poéticos, aunque constituye también un peligro para ellos, es esa imaginación suya que agota las cosas de antemano: una imaginación que anticipa lo que ha de suceder o lo que puede suceder, que goza o sufre previamente por ello y que, cuando llega al momento de actuar, se encuentra ya cansada. Lord Byron, que sabía mucho de esto, escribió en un diario: “Si alguna vez tengo un hijo, le haré algo prosaico: abogado o pirata.”

Friedrich Nietzsche

domingo, 4 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





       DE VISITA


Cuando llegue la hora, no hagas ruido.
La casa bulliciosa
olvidará tu paso al poco de irte
como se olvida un sueño desabrido.

No te valdrá el amor ni la paciente
entrega a su cuidado.
Márchate silenciosa,
suavemente.

Entre sus moradores, alguien crece
para quien defendiste la techumbre,
los muros y los altos ventanales
donde la luz cernida comparece
cada nueva mañana.

Es la costumbre:
Permanecer no entraba en el contrato
y es preciso partir
(de todos modos,
no pensabas quedarte mucho rato).


                           Jon Juaristi

viernes, 2 de diciembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                   LAS PIEDRAS DEL CAMINO


          Las piedras del camino se llenan de ternura
          y de musgos; los cielos contemplan con dulzura
          los senos azulosos del agua que se estanca.

          Clareando entre los charcos de solo todos deshechos,
          se hinchan de luz las agrias venas de los helechos
          tendidos sobre el fresco terror de la barranca.


          Concha Urquiza

lunes, 28 de noviembre de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





PRIMERA PARTE

CAPÍTULO XLVII


            “Cuando don Quijote se vio de aquella manera enjaulado y encima del carro, dijo:
         --Muchas veces y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes; pero jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los lleven desta manera, y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos animales; porque siempre los suelen llevar por los aires, con extraña ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro de fuego, o ya sobre algún hipogrifo o otra bestia semejante; pero que me lleven a mí agora sobre un carro de bueyes, ¡vive Dios que me pone en confusión! Pero quizá la caballería y los encantos destos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos. Y también podría ser que, como yo soy nuevo caballero en el mundo, y el primero que ha resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballería aventurera, también nuevamente se hayan inventado otros géneros de encantamentos, y otros modos de llevar a los encantados. ¿Qué te parece desto, Sancho hijo?
         --No sé yo lo que me parece –respondió Sancho--, por no ser tan leído como vuestra merced en las escrituras andantes; pero, con todo eso, osaría afirmar y jurar que estas visiones que por aquí andan, que no son del todo católicas.
         --¿Católicas? ¡Mi padre! –respondió don Quijote--. ¡Cómo han de ser católicas, si son todos demonios, que han tomado cuerpos fantásticos para venir a hacer esto y a ponerme en este estado? Y si quieres ver esta verdad, tócalos y pálpalos, y verás como no tienen cuerpo sino de aire, y como no consiste más de en la apariencia.
         --Par Dios, señor –replicó Sancho--, ya yo los he tocado; y este diablo que aquí anda tan solícito es rollizo de carnes, y tiene otra propiedad muy diferente de la que yo he oído decir que tienen los demonios; porque, según se dice, todos huelen a piedra azufre y a otros malos olores; pero éste huele a ámbar de media legua.
         Decía esto Sancho por don Fernando, que, como tan señor, debía de oler a lo que Sancho decía.
         --No te maravilles deso, Sancho amigo –respondió don Quijote--; porque te hago saber que los diablos saben mucho, y puesto que traigan olores consigo, dellos no huelen nada, porque son espíritus, y si huelen, no pueden oler cosas buenas, sino malas y hediondas. Y la razón es que como ellos, dondequiera que están, traen el infierno consigo, y no pueden recebir género de alivio alguno en sus tormentos, y el buen olor sea cosa que deleita y contenta, no es posible que ellos huelan cosa buena; y si a ti te parece que ese demonio que dices huele a ámbar, o tú te engañas, o él quiere engañarte con hacer que no le tengas por demonio.”



Miguel de Cervantes Saavedra. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LENGUA



      LA POSTERIDAD


Con frecuencia, oigo hablar a poetas
de la posteridad.
“Tenemos que intentar –dicen con énfasis–
que las generaciones venideras…”
Y yo digo que sí –siempre me incluyen–. Pero mi corazón
sonríe
al tiempo virgen para sus latidos.

Yo quiero vivir al día,
lo mismo que las aves.
Ser pan de todos, sí
de los que conmigo muerden la agonía.
Y ya no aspiro a más.
Sólo a pudrirme –cuando llegue la hora–
junto a mis letras húmedas y doloridas.


                                                                         María Elvira Lacaci

jueves, 24 de noviembre de 2016

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA




SON IMPORTANTES TANTAS COSAS...


Son importantes tantas cosas
-madre-. El olor
de naftalina, los baúles
en los que vamos destripando
sueños, años pasados
bajo la misma sombra. Sin embargo,
preparo con prisa mis maletas, vacío
los cajones rencorosa
de una alegría que no pudiste
darme, y es todo tuyo
-madre-. Las maderas
que rechinan vengativas, los cuadros
de dudosa
firma, las bandejas de plata que transportaron
turrones navidades
pasadas y nunca perseguidas.
Hago el inventario
-cruel siempre- que me anuncia
tu presente
concepción de silencios. Hago
y olvido, varias
docenas
de bordadas enaguas y colchas
con mi nombre. Las mantas
-madre- quedan con su olor a naftalina
enmohecida, quedan
dos pares de zapatos viejos, mi primer
par de medias, el bolso
que estrené una mañana, cuando tuve
que esconder mi pañuelo
demasiado grande para una sola
lágrima. Mi estatura
se parte -frente a ti- y sólo
queda un murmullo
de alas vencidas por la vida. Me olvido
de las cosas importantes. Del vaso
de mis fiebres, de las horas
pasadas sobre mí como en la muerte. Me llevo
todo -madre-. Hasta esa lágrima
dormida entre mis ojos. Dejo
a cambio el inventario -firmado y rubricado-
de mis sueños. Abres la puerta, salgo,
cierras. Vuelves
por el largo pasillo de la casa. Enderezas
ese cuadro
torcido, que yo moví al pasar y quizá
pienses en pintar las paredes
de mi cuarto, en cambiar las cortinas,
en recoger pisadas que aún
nos viven,
que nos pueblan de adioses
presurosos, como alargados trenes
que no paran. Que no te importe
nada, madre, madre. Que no te importe
la sangre -madre mía- que en río
de silencios nos separa. Que no te importen
las llaves que perdiste
para impedir mi marcha.


Paloma Palao