Mostrando entradas con la etiqueta Rosalía de Castro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rosalía de Castro. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de marzo de 2017

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






            Os manantiales sécanse,
         ós robres cáenlle as follas;
pero a túa ialma é plena primadera;
         non veu máis que unha aurora.

            E en vano oies do mundo,
         en vano oies da vida...
N`apagará a túa sede o que outros beben
         nas auguas maldecidas.

    Mais cando chegue a tarde do teu día
     e chegue o teu outono,
ven hastra a miña tomba paseniño,
e deposita nela os teus remorsos.


                                         Rosalía de Castro.


domingo, 13 de julio de 2014

OBITER DICTUM






"Santiago, 16 de diciembre de 1861.

Mi querido Manolo: Hemos llegado a ésta ayer domingo, a las ocho de la noche, sin novedad particular, aunque llenas de aburrimiento y cansancio.
Ahora vamos a otra cosa. En Santiago hace un frío espantoso y apareció a mis ojos tal cual lo he descrito en Mauro. Jamás he visto tanta soledad, tanta tristeza, un cielo más pálido. En cambio, La Coruña estaba hermosísima. Una temperatura de primavera y un sol brillante. Estaba por quedarme ya en ella. Si aquí me fuese mal, allá me iba, pues ya tenía un sitio muy bueno, y bien amueblado, donde por tres duros al mes me ponían servicio, habitación y planchado. Lo demás está tan caro en Santiago como en La Coruña.
         Por ahora me encuentro aquí en extremo descontenta. Santiago no es ciudad; es un sepulcro. No vayas a creer, sin embargo, que ya tengo melancolía, que voy a enfermar. Nada de eso. Sólo tengo una pequeña indisposición al vientre efecto del viaje. Por lo demás, estoy bien. Mamá y la niña también están buenas, gracias a Dios.”


Rosalía de Castro.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





LXXXII


En la altura los cuervos graznaban,
los deudos gemían en torno del muerto,
y las ondas airadas mezclaban
sus bramidos al triste concierto.

Algo había de irónico y rudo
en los ecos de tal sinfonía;
acabaron gemidos y llantos
y dejaron al muerto en su fosa.

Tan sólo a los lejos, rasgando la bruma,
del negro estandarte las orlas flotaron,
como flota en el aire la pluma
que al ave nocturna los vientos robaron.


Rosalía de Castro