Mostrando entradas con la etiqueta Bebo Valdés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bebo Valdés. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de abril de 2018

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







ADIÓS, BEBO



“Yo soy un hombre democrático totalmente. Mientras que tú no infrinjas la ley, haz lo que te dé la gana y lo que tú quieras. Ahora, no me obligues a mí a hacer lo que tú haces. Eso es todo.
Empezaron insinuando que trabajaba para los… (gángsteres), y en todos los casinos los había, pero si no te metías con ellos o les quitabas la chica no pasaba nada; luego que si tocaba piezas americanas, ¿y cómo no las iba a tocar si la mayor parte del público de Tropicana procedía de Estados Unidos o Canadá? Y, finalmente me hicieron la vida imposible.”

“Mandaron a Luis Yáñez, un comunista bravo que estaba a cargo del personal. Era compositor. (Yáñez había sido miembro del movimiento de feeling en los años cuarenta.) Es un hombre que era amigo mío, pero la represión tumba a los hombres y los hace chivatos y los hace mierdas. Era un protegido mío. Yo le hice muchos arreglos. Pero vino la revolución y las cosas cambiaron. A ése, que tan cercano era, lo pusieron de espía. Vivía hasta en el mismo lugar donde yo vivía. A ése mandaron a proponerme esto.”

“Yo no soy político, pero ese sistema… no me va. Como no quise integrarme, me botaron de todas partes. Entraron (a dirigir los centros donde se producía música) individuos que de música no sabían nada, y me tumbaban cada vez que ellos me decían:”Compañero, que hay que hacer esto así”, y yo decía que no. Pasé al Havana Hilton, y me tumbaron; al Habana Riviera, y me tumbaron; era director (musical) de El show de las 7 de Radio Progreso, y me tumbaron… Al gobierno le molestó que yo, siendo de Cuba, fuera un compositor que no pertenecía a una sociedad cubana, sino americana. Les dije: “Cuestión de negocios; yo soy músico, no político”. Pero nada. No aceptas lo que ellos te dicen y no te (admiten). Te quedas fuera y ya.”

“Cuando me fui, ya me habían amenazado con veinte años de cárcel, como hicieron con muchos amigos. Mira, aquí, damos paredón a cualquiera, eso era lo que te decían los que iban vestidos de paisano, que tenían mucho que ver. Un día fui a una transmisión a la radio, y al entrar me ponen la metralleta y me dicen: “Tú no puedes entrar”. Y digo: “Pero, mi orquesta toca a las siete…”. Y responden “Aquí la única persona que no está integrada eres tú”. Ésa era la palabra. Y tenías que ir (a donde) te mandara el miliciano, y hacer lo que te dijera. Yo estaba muy mal visto. Los mejores amigos, yo no los critico y los quiero, pero se quedaron. Así que paredón y veinte años de cárcel, y entonces llame a Reiter y lo preparé todo para irme. No se lo dije a nadie, ni a mi orquesta ni a mi hijo. No podía.”

“Un día vino a casa un capitán de la guardia revolucionaria. Quería que yo le acompañase a la plaza, donde Castro estaba dando un discurso. Le pregunté si habría música y me contestó que Castro era música. Me exigían que me afiliara al Partido. Mi libertad de movimiento se estaba disminuyendo.”

“Abandonar a tus hijos y abandonar tu casa con un contrato incierto y sabiendo que no podías volver más a tu tierra. Hice como Cortés en Veracruz (cuando) quemó las naves… Me dijeron bien: “O te vas o vas preso o te fusilamos. O estás con nosotros o no estás”. Yo tuve que escoger. Mi padre me dio un abrazo y me dijo que no le iba a ver más. No lo vi más. La última vez que habló conmigo, en 1977,  mi mamá dijo que aunque olvidara nunca olvidara lo que fue mi padre y lo que yo fui… Yo sabía que todo lo iba a perder (pero) si tuviera que (tomar) una decisión de nuevo (tomaría) la misma decisión y nada me remordería.”


Mats Lundahl. 
Bebo de Cuba. 
RBA Libros.

jueves, 3 de septiembre de 2015

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







EN MÉXICO


 “Dillon, que era director del programa que se llamaba Max Factor Hollywood, el mejor show de televisión que había en México, [vino a Los Globos] y me dijo: “Mire, Valdés, yo estaría muy contento si usted dirigiera cuatro semanas el show de Max Factor Hollywood. Necesitamos un individuo como usted, un director que baile, que tenga sus propios números, que dirija su propia orquesta, y creo que hemos encontrado en usted a la persona que necesitamos”. Firmé cuatro semanas e hice veintiséis.
El show de Max Factor Hollywood me salvó. Fue un programa que cambiaban cada dos o tres semanas […] pero yo estuve seis meses. Además escribí el tema que se llamaba Rojo y oro, que cantó un cantante que estuvo con la Sonora Matancera, Nelson Pinedo, un colombiano que estaba en el show en ese momento y acompañaba yo. Me lo pidió Dillon […] Yo tenía el número como instrumental, pero cuando Pinedo estuvo le pusimos letra.”

“En abril de 1961 empecé a tener problemas con los sindicatos mexicanos. […] No podía grabar. Tenía dos permisos para grabar, uno como músico y el otro como artista, y era miembro del sindicato de músicos, pero no me dejaron grabar. Fue después de Bahía de Cochinos. Después de la revolución hubo una invasión a Bahía de Cochinos en 1961, y yo estaba contra [Castro]. Un periodista me preguntó qué pensaba de los acontecimientos en Cuba, y yo dije que si Castro había llegado al poder por una revolución se le podría destituir por una revolución también. Nunca me ha gustado Castro y nunca me gustará. Entonces empezaron a atacar, no sólo a mí sino a todos los que opinaban lo mismo, y tuvimos que irnos. Yo tenía una tarjeta de miembro del sindicato de músicos que me permitía trabajar en México, pero los músicos no querían trabajar conmigo.”

“El último mes [en México] ni pude dirigir ni pude entrar en el estudio. […] Yo sabía que allí [en México] eran muy antiamericanos, y lo dije. Por eso me tuve que ir de México. Los sindicatos me hacían la vida imposible, y a Celia Cruz, y a otros tantos que no estábamos de acuerdo con la revolución. Me decían que no podían obligar a los músicos mexicanos a tocar conmigo, que yo no era mexicano. Y me fui.
[…] Déjame decir que uno de los mejores públicos que he tenido en mi vida ha sido el mexicano, y no tenía nada tampoco contra el Gobierno mexicano. Mi problema era con Venus Rey, el jefe del sindicato mexicano de músicos. Empezó cuando yo iba a hacer una grabación para Hispavox, que en México se llama Gamma. Los músicos no querían tocar conmigo y tuvimos que poner otros en la grabación. Como no pudieron de esa manera, buscaron la más mala. Tenían a veinticuatro músicos en la orquesta para el programa de Max Factor Hollywood, que era todos los viernes a las nueve de la noche en la televisión, y que era el mejor programa que había en México a esa hora. Reunieron a cinco mil músicos mexicanos y todos votaron que debería ser expulsado del país. Fue el sindicato de músicos el que organizó eso, con el señor Venus Rey a la cabeza.”

Mats Lundahl. Bebo de Cuba. RBA Libros.

sábado, 18 de mayo de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE







ADIÓS, BEBO



“Yo soy un hombre democrático totalmente. Mientras que tú no infrinjas la ley, haz lo que te dé la gana y lo que tú quieras. Ahora, no me obligues a mí a hacer lo que tú haces. Eso es todo.
Empezaron insinuando que trabajaba para los… (gángsteres), y en todos los casinos los había, pero si no te metías con ellos o les quitabas la chica no pasaba nada; luego que si tocaba piezas americanas, ¿y cómo no las iba a tocar si la mayor parte del público de Tropicana procedía de Estados Unidos o Canadá? Y, finalmente me hicieron la vida imposible.”

“Mandaron a Luis Yáñez, un comunista bravo que estaba a cargo del personal. Era compositor. (Yáñez había sido miembro del movimiento de feeling en los años cuarenta.) Es un hombre que era amigo mío, pero la represión tumba a los hombres y los hace chivatos y los hace mierdas. Era un protegido mío. Yo le hice muchos arreglos. Pero vino la revolución y las cosas cambiaron. A ése, que tan cercano era, lo pusieron de espía. Vivía hasta en el mismo lugar donde yo vivía. A ése mandaron a proponerme esto.”

“Yo no soy político, pero ese sistema… no me va. Como no quise integrarme, me botaron de todas partes. Entraron (a dirigir los centros donde se producía música) individuos que de música no sabían nada, y me tumbaban cada vez que ellos me decían:”Compañero, que hay que hacer esto así”, y yo decía que no. Pasé al Havana Hilton, y me tumbaron; al Habana Riviera, y me tumbaron; era director (musical) de El show de las 7 de Radio Progreso, y me tumbaron… Al gobierno le molestó que yo, siendo de Cuba, fuera un compositor que no pertenecía a una sociedad cubana, sino americana. Les dije: “Cuestión de negocios; yo soy músico, no político”. Pero nada. No aceptas lo que ellos te dicen y no te (admiten). Te quedas fuera y ya.”

“Cuando me fui, ya me habían amenazado con veinte años de cárcel, como hicieron con muchos amigos. Mira, aquí, damos paredón a cualquiera, eso era lo que te decían los que iban vestidos de paisano, que tenían mucho que ver. Un día fui a una transmisión a la radio, y al entrar me ponen la metralleta y me dicen: “Tú no puedes entrar”. Y digo: “Pero, mi orquesta toca a las siete…”. Y responden “Aquí la única persona que no está integrada eres tú”. Ésa era la palabra. Y tenías que ir (a donde) te mandara el miliciano, y hacer lo que te dijera. Yo estaba muy mal visto. Los mejores amigos, yo no los critico y los quiero, pero se quedaron. Así que paredón y veinte años de cárcel, y entonces llame a Reiter y lo preparé todo para irme. No se lo dije a nadie, ni a mi orquesta ni a mi hijo. No podía.”

“Un día vino a casa un capitán de la guardia revolucionaria. Quería que yo le acompañase a la plaza, donde Castro estaba dando un discurso. Le pregunté si habría música y me contestó que Castro era música. Me exigían que me afiliara al Partido. Mi libertad de movimiento se estaba disminuyendo.”

“Abandonar a tus hijos y abandonar tu casa con un contrato incierto y sabiendo que no podías volver más a tu tierra. Hice como Cortés en Veracruz (cuando) quemó las naves… Me dijeron bien: “O te vas o vas preso o te fusilamos. O estás con nosotros o no estás”. Yo tuve que escoger. Mi padre me dio un abrazo y me dijo que no le iba a ver más. No lo vi más. La última vez que habló conmigo, en 1977,  mi mamá dijo que aunque olvidara nunca olvidara lo que fue mi padre y lo que yo fui… Yo sabía que todo lo iba a perder (pero) si tuviera que (tomar) una decisión de nuevo (tomaría) la misma decisión y nada me remordería.”


Mats Lundahl. Bebo de Cuba. RBA Libros.