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sábado, 3 de abril de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EL ÚLTIMO WALS DE VICTORIA


Por fin vamos a enterrar a la Reina Victoria. Por fin hoy es la víspera de este gran acontecimiento que, según dice la Prensa, «formará época en la historia de los más solemnes funerales”. Escribo en Paddington, momentos antes de tomar el tren para Windsor, donde pasaré una noche toledana.
El público asalta los trenes. Generalmente se cree que en Windsor podrá verse la ceremonia sin tanto riesgo como en Londres y sin gastar tanto. El más infecto ventanuco de Londres cuesta cincuenta duros.
Como hay gentes para todos los gustos, los hay dispuestos a morir mañana mismo por ver el paso del entierro. Oigo hablar tranquilamente de que se preparan angarillas para muertos y heridos... Todo el mundo está resuelto a que le apabullen y aplasten.
Aunque hace un frío inusitado, son muchos los vecinos de Londres que pasarán la noche a la intemperie de Hyde Park. A las nueve de la mañana no se podrá dar un paso en el parque más vasto de Europa. Y todo el mundo contento y orgulloso. La actitud del pueblo, decidido a morir por ver un ataúd, se presta a una triste psicología, que no debo analizar en el instante de salir para Windsor. Estamos en el siglo XX. Hay que recordarlo. Estamos en el siglo XX, y el pueblo inglés, que se juzga a sí mismo el más civilizado del mundo, va a que le despampanen por ver el nuevo uniforme del Emperador de Alemania, algunas testas coronadas, una caja mortuoria arrastrada en una cureña de cañón, y muchos soldados, muchas espadas, muchas bayonetas y muchas grupas de caballos que contendrán la infantil curiosidad de las masas suicidas.

Luis Bonafoux
Por el mundo arriba.
Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas.

martes, 16 de abril de 2013

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





AY DE LOS INDÍGENAS!



En verdad que Colón fue un tipo muy desgraciado. Yo no recuerdo haber llegado a ningún pueblo de los muchos que conozco, sin que inmediatamente me hayan dicho que no fue Colón, sino un vecino del pueblo, quien descubrió América. Muy mal lo pasaría hoy quien se permitiese decir en Dieppe que Cousin no descubrió el Continente americano, al descubrir el Marañón, cuatro años antes que Colón y nueve antes que Vasco de Gama.
Pero más desgraciados aún que Colón son, por supuesto, los indígenas de América, puesto que pasaron la vida sometidos al régimen del descubrimiento. Primero les descubrió el joven Cousin, mientras comían guayabas en un guayabal; en seguida don Cristóbal; después, el amigo Vasco de Gama; et sic de ceteris. Hay gentes que han venido al mundo a servir al deporte náutico del descubrimiento.
A los indígenas de América les han descubierto unas catorce veces, lo cual es un abuso. Que una vez le descubran á uno, aunque sea por casualidad, puede pasar; pero no tanto. Lo que hay es que cada nación europea quiere darse el pisto de un descubrimiento, con sus correspondientes salvajes, que estaban muy a gusto en sus guayabales sin europeizarse a lo Silvela.
Dios me libre de quitar méritos á Monsieur Cousin, de cuya vida y milagros acabo de enterarme por la módica suma de cinco céntimos que me costó un ilustrado semanario de la localidad.

Luis Bonafoux
Por el mundo arriba.
Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas.