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domingo, 17 de mayo de 2020

OBITER DICTUM





A la mañana siguiente, descansado ya, vuelvo a bajar por la Quinta Avenida, y aprovechando la excepción de que por esta arteria circulan autobuses, me instalo en la imperial de uno de esos vehículos. Calles Treinta y ocho y Treinta y siete; Allen, con medias en un escaparate lleno de piernas cortadas; los grandes almacenes Altman, y luego la importantísima calle Treinta y cuatro, por la cual, siguiendo después la Cuarenta y dos, se llega más fácilmente a Broadway. En la esquina, ese enorme edificio rojo oscuro, de estilo anticuado, es el hotel Waldorf-Astoria, bastantes parecido a nuestro Continental o a nuestro Gran Hotel.


Paul Morand.

viernes, 3 de mayo de 2019

OBITER DICTUM









"A ninguna ciudad le gusta tanto el teatro como Nueva York; posee  más de dos mil salas de espectáculos. Es el centro dramático de los Estados Unidos (aunque en estos últimos meses los mejores actores se hayan marchado a Los Angeles, atraídos por el cine sonoro). Casi siempre las comedias de menos de ocho o diez personas terminan en un espectáculo; la mayoría de los cabarés de noche presentan verdaderas revistas. Desde hace un año o dos han empezado a dar, en muchos sitios y con el mayor éxito, a partir de medianoche, una segunda representación que dura hasta las tres de la madrugada."


                                                                    Paul Morand

lunes, 14 de marzo de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





ANTES DEL AMANECER


        “Bajo una escalera de caracol, empujo una puerta y me encuentro proyectado en la galería de máquinas, sordamente iluminada en azul por unos tubos de mercurio, como una funeraria. Todas estas máquinas engrasadas, más calientes que una locomotora después de una noche de viaje, hacen solas mil cosas distintas, moviéndose unas de arriba abajo; otras, de derecha a izquierda; ésta, en redondo; aquélla, horizontalmente; un río de papel, impreso al mismo tiempo, brotaba del suelo a un ritmo de cincuenta mil hojas por hora. La bobina se desenrollaba por fuera de una trampilla, virgen de renglones tipográficos, y volvía a salir por el otro extremo cargada con todos los sucesos de nuestro planeta. Ésta era la verdadera potencia de la Prensa y no el genio de un gran publicista ni un reportaje sensacional, ni el anuncio fulminante de una muerte. Es esta ola que nada puede contener; esta marea, libre de pensamiento, fuera de estas esclusas abiertas, es este negro estanque, estas cuatro toneladas diarias de tinta en el fondo de las cuales duermen aún las palabras anónimas. No se puede hacer nada contra un diario americano, aunque fuese uno Dios; no hay más que esperar, que esperar, a mediodía… El periódico, afortunadamente, se olvida a mediodía. Sobre este río de escritura no se pasea ninguna idea. Hace cien años, nos dice Ludwig, cuando las gacetas no aparecían más que una o dos veces por semana, Goethe anunciaba que preveía días terribles en que aparecerían tres veces al día… A eso hemos llegado. En medio de un estrépito infernal, unos operarios, con gorros de papel, accionaban los plegadores que vomitaban a continuación en altos cestos de guillotina las diferentes secciones del periódico, hasta estar todo preparado para cargarlo en los camiones. Más afortunados, los correctores de imprenta, una vez concluido su trabajo, se dirigían hacia el baño y la cena que les esperaba en los pisos superiores. En otra sala, adonde vienen a converger las noticias de redacción, los artículos editoriales y la publicidad, las últimas páginas del diario, aún fluidas, se solidifican antes del amanecer en matrices donde corría el metal caliente, en camino hacia la fundición de las linotipias.”


Paul Morand. Nueva York. Espasa Calpe.

viernes, 30 de octubre de 2015

OBITER DICTUM






        “Con frecuencia, desde que he descubierto América, me he dedicado a ser injusto con la vieja Inglaterra. Hoy me arrepiento y escojo, por decirlo así, Washington Square. Si he conseguido penetrar y comprender pronto a Nueva York, ha sido porque tenía sobre mis hombros diez años de allende la Mancha. Todas las bromas que circulan sobre los Estados Unidos e Inglaterra, dos países separados por la lengua y por el Atlántico, etc., etc., han acabado por hacernos olvidar que son madre e hija. La más joven reniega de la mayor como reniega una generación de otra; es decir, en vano.”


Paul Morand.

miércoles, 8 de octubre de 2014

OBITER DICTUM





“Un sábado por la noche, en verano, durante uno de esos crepúsculos de julio, es cuando hay que ver a los negros, de cabeza pequeña, reluciente y ensortijada como una mora, tomando el fresco a la puerta de sus casas, en Lennox Avenue, discutiendo, disputando, jugando a los dados, su juego favorito; coqueteando con frases complicadas y ojos sencillos…”


Paul Morand.

viernes, 9 de septiembre de 2011

OBITER DICTUM





Un ímpetu deportivo hace desear a todos los alumnos de las clases de Historia ser españoles del siglo XVI, ingleses del siglo XVIII, franceses de Austerlizt; ese mismo entusiasmo nos hace desear ahora, al menos por unos instantes, ser americanos. ¿Quién no adora la victoria? Y sin embargo…


Paul Morand