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jueves, 1 de febrero de 2024

OBITER DICTUM


 


«Recuerdo la última tarde en casa de Wright con King y Brigante. Wright, entonces con más de ochenta años, se lamentaba de su edad. Decía que se sentía como un estorbo y que a veces pensaba en el suicidio. Pero a pesar de su pesimismo pensaba que tenía la obligación de mantener el tipo. Mientras nos citábamos para otra visita dije:

¿Qué tal el jueves?

¿Sabes italiano, John?

No..., realmente, no.

Oh, entonces el jueves no puede ser. Los jueves sólo hablo en italiano.»


John Huston.


domingo, 20 de febrero de 2022

OBITER DICTUM






«Ahora, dieciséis años después, el lugar donde se hizo La noche de la iguana se ha convertido en un pueblo fantasma. Aparte del viejo hotel —que sirve de vivienda al guarda mexicano y su familia—, lo único que queda son las fachadas de las casas y montones de escombros. Algún que otro turista llega allí desde la playa de Mismaloya, pero en general es un lugar silencioso y desierto con sus ásperos límites piadosamente suavizados por la selva invasora. A nadie —salvo a un viejo que a veces pasa por allí yendo de Las Caletas a Vallarta— parece importarle un comino lo que le suceda al lugar. A él le gustaría que lo demolieran y se lo devolvieran a las iguanas. El viejo soy yo, por supuesto.»

John Huston.

sábado, 21 de agosto de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE


 


AFGANISTAN


«Afganistán es un país violento. En esa época tenía la tasa de homicidios más alta del mundo. Nunca pasabas por un cementerio sin ver las flameantes banderas de papel que indicaban que alguien había muerto recientemente de forma violenta. En caso de asesinato —y asesinato era cualquier cosa que quitara una vida, accidentalmente o de otro modo—, el acusado era llevado ante el gobernador local y la declaración se prestaba en lo que se llamaba un durbar , o lo que es mismo, un juicio. El gobernador sopesaba las pruebas y tomaba la decisión, que era definitiva. Si un hombre era considerado culpable en el durbar , se le entregaba a la familia del hombre asesinado, que entonces organizaba —normalmente de noche— lo que resultaba ser una subasta o venta del asesino. Los familiares de éste o sus amigos ofertaban por su vida camellos, cabras, ovejas, joyas o cualquier otra cosa de valor que tuvieran. Si la oferta era aceptable, el asesino era devuelto a su familia y todo el asunto quedaba olvidado. Si no era una persona decente y no tenía amigos o familia que se preocuparan por él, los subastadores simplemente lo mataban. Si el crimen era suficientemente horrible, no se aceptaba ninguna oferta, sin importar lo grande que fuera. Una vez fui testigo de una de estas «subastas». El asesino estaba tumbado en el suelo en cruz, y su familia se había congregado para ofertar por su vida. Pero la abuela del hombre asesinado no quería que se llevara a cabo la subasta o quizá se sintió insultada por la cuantía de la oferta, así que cogió un cuchillo y allí mismo le cortó al hombre la garganta.»


John Huston.

A libro abierto.

Espasa-Calpe.


viernes, 18 de junio de 2021

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LA MARIPOSA HUSTON



Walter y Bayonne representaron la pieza Spooks , entre otras, durante unos cinco años, componiendo y diciendo diálogos que mi padre describía como lindantes con la idiotez, pendientes de las reacciones del público, que era tan sofisticado que apenas alcanzaba una educación primaria. En una de estas pantomimas, mi padre interpretaba a un conserje. Él hizo su propia gorra, recortó las letras de una tela de color vivo y cosió la palabra CONSERJE sobre la visera. Luego se miró en el espejo y observó que las letras estaban al revés. Desconcertado, cogió unas tijeras, descosió las letras e intentó recomponerlas. Contando esta anécdota años más tarde, mi padre dijo:

—¡Como comprenderás, esto sólo puede hacerlo un imbécil!

Recordando este período de la vida de Walter, me sorprendo de la transformación que tuvo lugar en los siguientes veinte años. Me maravillo de que fuera el mismo hombre que después llegó a ser amigo íntimo de gente como Bernard Baruch, George C. Marshall, Arturo Toscanini y Franklin D. Roosevelt. Si alguna vez hubo un gusano que llegara a ser mariposa, ése fue mi viejo.

John Huston.
A libro abierto.
Espasa-Calpe.

sábado, 14 de diciembre de 2019

OBITER DICTUM






«Hay en el mundo, por tanto, por lo menos, tres clases de hombres: unos son los que se resignan, los que ponen al mal tiempo buena cara, y éstos son dignos de respeto; otros son los que luchan e intervienen, los que van contra viento y marea, y éstos son merecedores de admiración; otros, finalmente, son los que no se resignan, pero tampoco luchan, sino que se limitan a quejarse, y éstos son acreedores de piedad y misericordia.»


José Ferrater Mora.

domingo, 9 de septiembre de 2018

OBITER DICTUM






El hecho de que abandonara la película fue considerado noticia, así que al llegar a Roma di una breve conferencia de prensa en la cual no dije nada contra David, excepto que había habido «división de opiniones». Al decir estas palabras me acordé de una anécdota que me contó Hemingway una vez: un matador volvía a su hotel después de una tarde desastrosa. Le habían arrojado todas las almohadillas y botellas de la plaza. Al llegar al hotel con su picador, el director le preguntó: «¿Qué tal fue la corrida?» El matador respondió: «Hubo división de opiniones.» El picador dijo: «Sí, hubo división de opiniones. Unos querían cagarse en su padre y otros querían cagarse en su madre.»

John Huston.

jueves, 13 de julio de 2017

OBITER DICTUM






«Era una delicia trabajar con él. Algunas veces la escena que se estaba rodando era tan hilarante que él mismo no podía contenerse, y la estropeaba con sus carcajadas. Esto podía muy bien ser a propósito: simplemente quería contarla. Yo no apostaría nada.»

John Huston.

viernes, 12 de agosto de 2016

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE





LA ULTIMA MORDIDA



Empezamos a rodar el material preparatorio en Tampico. Eran planos con el doble de Bogie y varias vistas de Tampico para fondos. Llevábamos una semana rodando en Tampico cuando, al bajar las escaleras del hotel donde se alojaba el equipo, me los encontré a todos sentados. Habían llegado órdenes de las autoridades de la Ciudad de México de interrumpir el rodaje inmediatamente. Al parecer el periódico de Tampico había publicado un artículo afirmando que habíamos tomado fotos que constituían un descrédito para México. Continuaba diciendo que la población mexicana había reaccionado con justa indignación y nos había amenazado, llegando a arrojar piedras contra el equipo. No había una palabra de verdad en nada de esto. Por el contrario, la gente de Tampico había sido sumamente amable, y del alcalde para abajo todos nos habían prestado su colaboración. Todo había sido tan armonioso que, ingenuos de nosotros, no podíamos entender qué ocurría. Pronto descubrimos que cuando se deseaba hacer algo en Tampico, el procedimiento habitual era visitar al director del periódico y pagarle una mordida . Nosotros no lo habíamos hecho. Puede que se nos hubiera hecho alguna insinuación, pero a nuestros relaciones públicas se les habían pasado por alto o no las habían tenido en cuenta. Ya habíamos hecho una gran inversión en la película. Puesto que pensábamos rodarla entera en México, la Warner Brothers hizo gestiones inmediatas a través del Departamento de Estado. Mientras tanto recibí una llamada de un viejo amigo, Miguel Covarrubias, preguntándome qué pasaba. Le dije que no había un ápice de verdad en las afirmaciones del periódico.
—Estaba seguro de eso —dijo él—, pero quería que me lo confirmaras. Diego y yo iremos a ver al Presidente.
Así que él y Diego Rivera —que también era un viejo amigo mío— fueron a ver al presidente de México, quien envió a un representante. Éste llevó a cabo una investigación y luego nos dio permiso para reanudar el rodaje. Este fue el comienzo de algo que se convirtió en un procedimiento habitual por parte del Gobierno mexicano. Que haya un representante del Gobierno cuando un equipo cinematográfico extranjero rueda exteriores es ahora una práctica común en todo el mundo. El director del periódico que escribió aquellas historias falsas sobre nosotros fue asesinado dos o tres semanas más tarde. No por lo que nos había hecho a nosotros, sin embargo. Un marido celoso le encontró en una cama que no era la suya.

John Huston.
A libro abierto.
Espasa-Calpe.