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sábado, 3 de noviembre de 2018

OBITER DICTUM






"A pesar del importante papel que la guerra jugó en la construcción de los estados europeos, los viejos estados nacionales de Europa casi nunca experimentaron la gran desproporción entre la organización militar y el resto de formas de organización que parecen destinados a soportar los estados satélite por todo el mundo contemporáneo. Hace un siglo, los europeos deberían haberse felicitado por la propagación de los gobiernos civiles por todo el mundo. En la actualidad, la analogía entre la guerra y la construcción del estado, por un lado, y el crimen organizado, por otro, se está convirtiendo en una trágica tendencia.”


Charles Tilly

martes, 20 de febrero de 2018

ALLÁ EN LAS INDIAS






EL DERECHO DE LOS CAUTIVOS


«El año de mil é quinientos é veynte y tres yo fui á España, é yendo donde Sevilla á la corte passé por Nuestra Señora de Guadalupe, donde hallé al licençiado Ayllon que venia para esta su empressa, despachado é favoresçido, é con el hábito de Sanctiago quel Emperador poco antes le avia dado; é cómo éramos amigos, comunicóme su viage, é çierto me pessó oyrle decir adonde yba: é díxome la confiança grande que tenia de aquel esclavo, é que le avia fecho chripstiano, é que era muy buena persona é de muy gentil juiçio. Llevaba yo estonces una perla grande que tuve, de la qual se higo mención en el libro XIX, capítulo VIII de la primera parte, que pessaba veynte é seys quilates y era perfetta é redonda, é quise que la viesse, porque él me decia que aquel indio le decia que las avia exçelentes é grandes en su tierra: é dixo el licençiado que era muy pequeña á respecto de las que le prometía aquel su adalid, é tanto más se me repressento é tuve por çierto su engaño; é creí que aquel indio mentía en quanto le avia dicho, é quel desseo de volver á su patria le hacia decir todo aquello, de que conosgia quel licençiado se holgaba, é que como astuto acomulaba novelas que no se le debían creer; é assi se lo dixe al licençiado. Él me respondió quel indio era ya muy ladino é muy buen chripstiano, é tenia tanto amor al licençiado como si fuera su hijo, ó quél le tractaba como si le engendrara; é assi á este propóssito me le loó tanto, que conoscí que le creía como si fuera evangelista; pero lo que sacó de su crédito la historia lo dirá.
[…]
Claro está quel esclavo no meresçe ser creydo, porque el dolor intrínseco que en su ánimo padesçe, viéndose presso, le estimula é acuerda que procure ser exento. E aun de aquí se coligo la justa intençion de la ley, que dispensa que los contractos que otorgan los que están pressos, no los obligan á guardarlos, ni deben aver efetto. No sé yo cómo el licençiado, seyendo tan buen jurista, ignoró aquesto, dando crédito á su prissionero ó esclavo, pues como captivo tenia licencia de mentir ó decir todo aquello que le paresciesse que era abrirle el camino para tornar á su tierra, á su muger é hijos, si los tenia, ó á holgarse con sus padres é amigos en su patria, cobrando su libertad é restaurando su persona sin captiverio.


Gonzalo Fernández de Oviedo. 
Historia general y natural de las Indias.

jueves, 17 de julio de 2014

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






EN PAISAJE DE ELEFANTES


Hay novelas que nos aplastan
contra el pavimento calcinado.

Aplastan el aire que nos rodea.
Avanzan como elefantes
taciturnos por el secarral
mortecino de la gramática.

Arde la ciudad sin remedio ni razón.
Aguardan los verdugos el conocimiento.
Nos aplastan los capítulos en llamas.
Patalea irritado el humo de los prólogos.

Avanzan los elefantes escasos de aguardiente.

Y en el río,
que agoniza bajo un sol
de plomo atómico, pacen
algunas páginas aburridas y agarrotadas
en la estantería repetida del mediodía.

                                                                              Adelina Aller