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jueves, 17 de diciembre de 2015

OBITER DICTUM





El lobishome –incluso el predestinado—puede a veces volver a sus cabales. Hay varios procedimientos. Uno estriba en cazar al poseído y sangrarlo mientras se musitan jaculatorias. En las Azores también se deshace así el imbunche, pero cabe evitarlo en salud dándole al niño (o cachorro) el nombre de Bento. En casos de fada o ligadura, ésta suele durar cierto tiempo y luego resolverse por sí sola o porque alguien, voluntaria o involuntariamente, la quiebra. Exorcistas más drásticos aconsejan quemar la piel (a menudo imaginaria) en que el energúmeno se envuelve o, simplemente, sorprenderlo cuando ululando se revuelca por el polvo, tembloroso ya de mutaciones y afilándose para la fechoría.


Fernando Sánchez Dragó

domingo, 8 de septiembre de 2013

OBITER DICTUM




Los secretos de la momificación ya eran letra muerta cuando los españoles desembarcaron en las islas, pero se sabe que los antiguos guanches utilizaban tabonas de piedra en sustitución de la famosa laja etíope de los egipcios. Ambas lancetas, la canaria y la africana se tallaban en basaltos volcánicos de telúrica dureza. Y aunque el arte de mirlar se perdió, las tabonas siguieron empleándose hasta muchos años después de la conquista. El padre José de Sosa, en su Topografía de la isla de la Gran Canaria, refiere en 1677, durante la terrible epidemia de tabardillo que devastó Lanzarote, se curaba a los enfermos sangrándolos con tabonas o pedernales. La flebotomía también se practicaba en la fiesta de San Antonio, como precaución frente a los calores del verano, y se repetía la noche de San Juan en ceremonia que llamaban de emparejadura.


Fernando Sánchez Dragó