Mostrando entradas con la etiqueta Miller (Lee). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miller (Lee). Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de diciembre de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA






ÓMNIBUS CREACIONISTA

A Gerardo Diego



Al fondo de las aulas, mientras el sol se marcha,

silba un tren silencioso que no vemos pasar.

Tristemente en el mapa se derrama la escarcha,

la penumbra en los valles, la brisa en el pinar.



¿Es éste el paraíso y el pupitre de escuela

donde aprendimos, niños, el divino parlar?

El corazón se empaña igual que una gacela.

Mi libro, en la ribera se abre como un cantar.



La espuma, verde espuma, rota espuma vibrante,

contra peñasco y musgo sonando sin cesar,

tersamente derriba la tristeza distante,

limpia de golondrinas, siempre a medio pintar.



Leopoldo Panero.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA


 


TUVE UN AMIGO EN MONTE ALTO


Su lamento, tristeza cincelada por locos centauros de lupanar, casi el rumor de una icónica batalla que tiene olor a rendición, proyecta sobre los débiles muros de mi memoria aullidos de suicidas, semillas de pesadumbre o imágenes delirantes de un lugar,

de un tiempo lacio,

de unas gentes parcas

y de una vida detonada por las fauces metalizadas del paso del tiempo y por la espuma ronca del caótico amanecer que no hace tanto llamábamos, confundidos por los salados salitres de las hormonas o por la culta estupidez, amistad…


Baldomero Dreira.

jueves, 30 de julio de 2020

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






LA COCINERA O LA PRENSA


La astrología se basa en la creencia de que el hombre depende de las circunstancias cósmicas que lo rodean; Marx sostenía que es un producto de las circunstancias sociales. Creo que ambas proposiciones son válidas; de ahí surge la idea del horóscopo secular. Supongo que el motivo de que esta idea no se le haya ocurrido nunca a la gente es que, hasta la invención relativamente reciente de la prensa diaria, no poseían métodos exactos para descubrir qué sucedía en este mundo en el momento de su nacimiento; en cambio, poseían realmente los medios para saber con considerable exactitud lo que había sucedido en los cielos. Evidentemente, esto se debe a la inmensa confianza que inspiran los cuerpos celestes, comparados con los cuerpos humanos; uno puede calcular con una exactitud de una fracción de grado dónde se encontrará Sirio dentro de un millón de años, pero no puede predecir la posición espacial de su cocinera dentro de cinco minutos.

Arthur Koestler.
Memorias.
Editorial Lumen.