Mostrando entradas con la etiqueta Chambi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chambi. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de octubre de 2019

ALLÁ EN LAS INDIAS





DESDE LA CUNA


«Los hijos criaban extrañamente, así los Incas como la gente común, ricos y pobres, sin distinción alguna, con el menos regalo que les podían dar. Luego que nacía la criatura la bañaban con agua fría para envolverla en sus mantillas, y cada mañana que lo envolvían la habían de llevar con agua fría, y las más veces puesta al sereno. Y cuando la madre le hacía mucho regalo, tomaba el agua en la boca y le lavaba todo el cuerpo, salvo la cabeza, particularmente la mollera, que nunca le llegaban a ella. Decían que hacían esto por acostumbrarlos al frío y al trabajo, y también porque los miembros se fortaleciesen. No les soltaban los brazos de las envolturas por más de tres meses porque decían, que soltándoselos antes, los hacían flojos de brazos. Teníanlos siempre echados en sus cunas, que era un banquillo mal aliñado de cuatro pies, y el un pie era más corto que los otros para que se pudiese mecer. El asiento o lecho donde echaban al niño era de una red gruesa, porque no fuese tan dura si fuese de tabla, y con la misma red lo abrazaban por un lado y otro de la cuna y lo liaban, por que no se cayese de ella. Al darles la leche ni en otro tiempo alguno no los tomaban en el regazo ni en brazos, porque decían que haciéndose a ellos se hacían llorones y no querían estar en la cuna, sino siempre en brazos. La madre se recostaba sobre el niño y le daba el pecho, y el dárselo era tres veces al día: por la mañana y al mediodía y a la tarde. Y fuera de estas horas no les daban leche, aunque llorasen, porque decían que se habituaban a mamar todo el día y se criaban sucios con vómitos y cámaras, y que cuando hombres eran comilones y glotones: decían que los animales no estaban dando leche a sus hijos todo el día ni toda la noche, sino a ciertas horas. La madre propia criaba su hijo; no se permitía darlo a criar, por gran señora que fuese, si no era por enfermedad. Mientras criaban se abstenían del coito, porque decían que era malo para la leche y encanijaba la criatura.»

Inca Garcilaso de la Vega.

Comentarios Reales.

martes, 28 de mayo de 2019

Y EL ÓBOLO BAJO LA LENGUA





                 PACTO



Pactemos, mi mar.
Corrobórame íntegro el pacto.


Cuando me vaya a la selva de casas
y de acuciantes urgencias anónimas,
has de acudir, tal y como te veo,
apenas mi corazón desmaye,
levantándome ante mí, arcangélico azul inmenso,
bañándome el duro mundo de mi contorno humano.


Y por las noches de ti, apenas callen
sus extensos rumores pinar y viento,
has de evocarme tú, has de escucharme,
diciéndote:
¡quisiera yo ser eterna, sólo por verte!


                                         Carmen Conde.



martes, 23 de abril de 2013

ALLÁ EN LAS INDIAS






AL PRINCIPIO FUE CUZCO


        “De este género, por la valentía y saber de algunos excelentes hombres, resultó el otro gobierno más poderoso y próvido de reino y monarquía, que hallamos en Méjico y en el Perú, porque los Ingas sujetaron toda aquella tierra, y pusieron sus leyes y gobiernos. El tiempo que se halla por sus memorias haber gobernado, no llega a cuatrocientos años, y pasa de trescientos; aunque su señorío por gran tiempo no se extendió más de cinco o seis leguas al derredor del Cuzco.
        Su principio y origen fue el valle del Cuzco, y poco a poco fueron conquistando la tierra que llamamos Perú, pasado Quito hasta el río de Pasto hacia el norte y llegaron a chile hacia el sur, que serán cuasi mil leguas en largo; por lo ancho hasta la mar del sur al poniente, hasta los grandes campos de la otra parte de la cordillera de los Andes, donde se hoy en día, y se nombra el Pucará del Inga, que es una fuerza que edificó para defensa hacia el oriente. No pasaron de allí los Ingas por la inmensidad de las aguas, de pantanos, y lagunas y ríos que de allí corren: lo ancho de su reino no llegará a cien leguas.
        Hicieron estos Ingas ventaja a todas las otras naciones de la América en policía y gobierno, y mucho más en armas y valentía, aunque los Cañaris, que fueron sus mortales enemigos, y favorecieron a los españoles, jamás quisieron conocerles ventaja; y hoy en día, moviéndose esta plática, si les soplan un poco, se matarán millares sobre quién es más valiente, como ha acaecido en el Cuzco.”


José de Acosta. Historia natural y moral de las Indias.