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martes, 12 de febrero de 2019

OTRA BALSA EN EL AQUERONTE






EDUCACIÓN Y EXCREMENTOS

«En la escuela solían preguntarnos cuáles eran nuestros planes para el futuro. La respuesta correcta era la siguiente: «Seguir los preceptos del presidente Mao y ser un sucesor cualificado para la revolución». Todos asumíamos que eso de ser un «sucesor cualificado para la revolución» significaba ayudar a los pobres campesinos de las regiones más desérticas o montañosas. En 1975, el Partido Comunista promocionaba un modelo de estudiante que entregaba los exámenes en blanco, justificándose diciendo que estaba demasiado ocupado con la revolución como para haberlos preparado. Se instaba a toda la nación para que reformase el sistema educativo, que estaba muy alejado, según consideraba el Partido, de la vida de los trabajadores y campesinos. En la escuela se nos animaba a pasar menos tiempo estudiando ciencias y más haciendo trabajos físicos, como recoger los excrementos de los caballos en la calle o ayudar a los campesinos a arrancar las malas hierbas. Padre estaba sumamente preocupado con esa nueva tendencia política y, aunque no protestaba sobre lo que pasaba en la escuela, me obligaba a leer libros en casa para recuperar el tiempo perdido en las clases.
Este país está destrozado —le decía a Madre. Luego, al darse cuenta de que yo le había oído, añadía—: No le digas nada a tu profesora y sigue con tus estudios.»

Wenguang Huang.
El pequeño guardia rojo.
Libros del Asteroide