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jueves, 11 de noviembre de 2021

ALLÁ EN LAS INDIAS






COBRAR HAY QUE COBRAR

"Salí del puerto en seguimiento de los esclavos, que iban en una buena barca y llevaban por bandera una sábana. Llegando cerca, les dije que se rindiesen y con poca vergüenza me dijeron que llegase; eran veintitrés y llevaban tres arcos con cantidad de flechas y dos alfanjes y más de treinta asadores; tornéles a decir que mirasen los había de echar a fondo, que se rindiesen, que no los harían mal, que obligados estaban a buscar la libertad. No quisieron, diciendo querían morir pues les había quitado la libertad; di fuego a la moyana y perniquebré a cuatro de ellos y abordando me dieron una carga de flechazos que me mataron a un marinero e hirieron dos. Entré dentro y maniatados los metí en la fragata, y la barca que truje de remolco; acerté a estropear uno de ellos, y era el cabo, y se iba muriendo de las heridas, y antes que acabase lo ahorqué de un pie y colgado de él entré en el puerto, donde estaba toda la gente de la ciudad en las murallas y el Gran Maestre que había venido al sentir la artillería. Llevaban más de doce mil ducados de plata y joyas de sus dueños que, aunque huían del horno, no había más que cuatro de él, que los demás eran de particulares; valióme lo que yo me sé. Salté en tierra, besé la mano al Gran Maestre y estimó el servicio y mandó que se me diese doscientos escudos. Pero si yo no me hubiera pagado de mi mano, no tocara ni un real, porque cargaron aquellos señores dueños de los esclavos, que eran todos consejeros, y aún me puso pleito uno por el que ahorqué a que se le pagase. No tuvo efecto, que se quedó ahorcado y la quiraca satisfecha de no haber ido a la fiesta, porque gozó todo lo que hurté en la barca, de que hoy día tiene una casa harto buena, labrada a mi costa."

Alonso de Contreras.
Vida de este capitán.
Reino de Redonda.

domingo, 19 de enero de 2020

ALLÁ EN LAS INDIAS





SOBRE LA MONTAÑA DE SOMA

«Y estando allí quieto, una mañana, martes 16 de diciembre, amaneció un gran penacho de humo sobre la montaña de Soma, que otros llaman el Vesubio, y entrando el día comenzó a oscurecerse el sol, y a tronar, y llover ceniza; advierto que Nola está debajo casi del monte, cuatro millas y menos. La gente comenzó a temer, viendo el día noche y llover ceniza, con lo cual comenzaron a huirse de la tierra. Y esa noche fue tan horrenda que me parece no puede haber otra semejante el día del juicio, porque, demás de la ceniza, llovía tierra y piedras de fuego como las escorias que sacan los herreros de las fraguas, y tan grandes como una mano, y mayores y menores; y tras todo esto había un temblor de tierra continuo, que esa noche se cayeron treinta y siete casas, y se sentía desgajar los cipreses y naranjos como si los partiesen con un hacha de hierro. Todos gritaban «¡Misericordia!», que era terror oírlo. El miércoles no hubo día casi, que era menester tener luz encendida. Yo salté en campaña con una escuadra de soldados y traje siete cargas de harina y mandé cocer pan, con lo cual se remediaron muchos de los que estaban fuera de la tierra por no estar debajo de techado. Había en este lugar dos conventos de monjas, las cuales no quisieron salir fuera aunque el Vicario les dio licencia para ello antes que se fuera; los cuales conventos se cayeron y no hizo mal a nadie, porque estaban en el cuerpo de la iglesia rogando a Dios.»

Alonso de Contreras
Vida de este capitán

Reino de Redonda

lunes, 2 de enero de 2012

ALLÁ EN LAS INDIAS


SIN CABEZA POR DIEZ ESCUDOS


A otro día tuve noticia que andaba un caballero haciendo mil bellaquerías en campaña y en conventos de monjas, hincando la que más bien le parecía. Yo, como me había resuelto ya de ir a campaña contra el presider, ¡pardiez!, que…me encaminé la vuelta de un lugarejo donde él dormía y le parecía que estaba como el Rey en Madrid, y le di una alborada hallándole en la cama, aunque se arrojó por una ventana a un huerto; pero hubo otros tan buenos saltadores que le pescaron. Atáronle y traje a la ciudad del Águila, que se quedaron espantados de que hubiese quien se atreviera a prenderle. Metilo en el castillo e la causa, y hecha, le di dos días de término en los cuales se trató de hacer un tablado en medio la plaza y hacer los cuchillos para el sacrificio. La gente se burlaba de ver el tablado y de oír que era para cortarle la cabeza, pero más se admiraron cuando le vieron al quinto día, a las tres de la tarde, sin cabeza, que se la cortó un mal verdugo al cual le di un vestido mío y diez escudos. El pobre no era práctico, pero fue como los médicos que se enseñan en los hospitales a costa de inocentes, aunque este caballero no era sino grandísimo bellaco. Llamábase Jacomo Ribera, que cualquier brucés le conocerá aunque sea por el nombre, natural de la ciudad del Águila.

Alonso de Contreras.
Vida de este capitán.

Reino de Redonda.